Sin título

  1. #1
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    Sin título

    Esta es una historia (intento de historia más bien) que comencé en verano de 2008 y que por falta de inspiración no pude retomar. Son cinco capítulos, y se llama "Sin título" por dos razones. Una es evidente xD, no sabía como ponerle. Y la otra es porque como nunca llegué a acabarla, no pensé en ningún título que pudiera hacerle justicia. Espero que guste! =)

    __________________________________________________ _

    No podía ser real. Aquello no podía haber sucedido.

    Sentado en un vagón de tren, esperando a que este realizara su salida, Christian contemplaba la estación con la mirada perdida. Sus ojos azules
    denotaban haber perdido aquel brillo frío que les caracterizaba, puesto que todo su mundo se había ido con él, hacía tan solo tres días.

    - Chico, ¿quieres unos auriculares?

    Una de las azafatas se había acercado amablemente, pero al ver la expresión tan fría e inhumana de Christian, se había alejado sin decir ni una palabra. Y es que todavía recordaba esa llamada de teléfono...

    Christian volvía a su casa como todos los sábados, después de haber estado en la playa con sus amigos por la mañana. Ese día era muy importante, porque cumplía nada menos que 16 años, y para celebrarlo, toda su familia iba a acudir a su casa para hacerle una fiesta sorpresa. Aunque de sorpresa tenía poco, puesto que el ya lo sabía desde hacia tiempo.

    Realmente nunca le había hecho demasiada ilusión reunirse con su familia, ya que era muy numerosa, y no contaba apenas con primos de su edad. Lo cierto es que se aburría en aquellas estúpidas reuniones, no entendía por qué tenían que fingir cada Nochebuena, por ejemplo. Él prefería reunirse con aquellos que de verdad le entendían, como su tío o su abuela materna. Pero aquella vez era diferente, todos se habían acordado de su cumpleaños e iban a estar allí para celebrarlo. Estaba dispuesto a olvidar todas sus diferencias y pasárselo en grande.

    No le sorprendió llegar a su casa y no ver a nadie. Al fin y al cabo, solo eran la una del mediodía, y a esa hora había muchos atascos en la ciudad de Málaga. "Llegarán pronto", pensó, mientras entraba en el cuarto de baño para darse una buena ducha.

    10 minutos después, con el pelo a medio secar, escuchó sonar el teléfono en el salón. Suponía que debía de ser su madre para ver si había llegado y sacarlo de la casa, o su hermana, que quizás hubiese olvidado algo. Pero al descolgar escuchó una voz grave que no había escuchado nunca, acompañada de un incesante ruido de sirenas y gritos.

    - ¿Christian Rodríguez? - preguntó la voz, con aire temeroso.
    - Sí, soy yo - contestó, extrañado por la situación.
    El tono de voz del hombre le provocó un extraño escalofrío.
    - Ehh...bueno, lo primero será presentarme. Soy el agente Giménez, de la policía local. Debo pedirte por favor que mantengas la calma y no hagas ninguna locura. Repito, es muy importante, así que escucha con atención.
    Christian, que siempre había tenido una lógica y una capacidad de deducción grandes, empezó a pensar que algo no iba bien. Intentó parecer calmado, sin embargo.
    - Muy bien... ¿Puede decirme que ha sucedido? - Su voz sonaba segura, algo que impresionó al policía. - No esperaba una llamada como esta, la verdad.
    - Eso imagino, muchacho. - el agente Giménez parecía al borde de las lagrimas, lo que terminó de asustar a Christian.
    - ¿Oiga, ha pasado algo malo? - preguntó -. ¿Algo que deba saber?
    - ...Verás, no sé si soy el más apropiado para contarte esto, pero...ha ocurrido un accidente y...- Giménez no pudo acabar la frase.
    Entonces lo vio todo mucho más claro. Si le habían llamado era porque algo había ocurrido con su familia, estaba seguro. Ya no pudo contenerse más.
    - ¡Por favor, dígame que ocurre! ¿Ha pasado algo con mi familia? ¿Algún accidente, tal vez?
    - Mira chico, tus padres...bueno, tu familia, en realidad...ha habido un ac-accidente y...- el agente no vio la necesidad de seguir hablando.

    Christian no podía pensar. Aquella información era algo imposible de creer. Por un momento llegó a pensar que se trataba de una broma con motivo de su fiesta sorpresa, una broma de muy mal gusto, pero una broma al fin y al cabo. Pero el sonido de fondo que aún le llegaba tras colgar el teléfono le dijo que algo terrible acababa de suceder.

    Su familia había muerto. Toda su familia. Iban todos en sus respectivos coches atravesando la autovía, pero un camión volcó, provocando una reacción en cadena que había involucrado hasta a 19 automóviles. Incluyendo el de sus padres, abuelos, tíos, primos...

    En ese momento comprendió que se había quedado solo. No tenía absolutamente ningún pariente vivo sobre la faz de la Tierra. Pero eso no le importaba. Solo quería morir. O al menos eso pensaba un día después de que todo ocurriese. Pero lo que iba a sucederle iba a animarle a seguir adelante, aunque él todavía no lo sabía.

    Una lágrima silenciosa atravesó sus mejillas y, lentamente, el tren se puso en marcha. Todavía quedaban 3 horas de trayecto hacia su destino. En ese mismo momento no le importaba nada, solo quería abandonar un mundo que ya no sentía suyo. Apoyó la cabeza en el cristal, y cerró los ojos con el deseo de no volver a despertar.
    Las cosas no son consecuentes, el bien no lleva al bien ni el mal al mal. Algunos roban y no los atrapan, viven la buena vida. Otros mienten y engañan, y los votan... Alguien ayuda a un conductor en apuros y lo mata un camión que pasa a toda velocidad. No hay explicación para ello. Cómo juegas tus cartas es lo único que importa.

  2. #2
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    Christian se miró en el espejo que había en el servicio del tren. Sentía que nunca más volvería a ser el mismo, que su reflejo se reía de él, ya que estaba
    en una dimensión a la que ahora mismo el quería pertenecer, la nada...

    Apretando las manos contra el lavabo, todavía le llegaban nítidas las imágenes del accidente a su cabeza...

    Se había montado en un coche patrulla que había ido a recogerlo a su casa. Sentado en el asiento de atrás, se sentía completamente confuso. No sabía ni siquiera que debía sentir en aquel momento, o si podría llegar a sentir algo alguna vez. Aún no se lo habían hecho oficial, pero él sabía que su familia había muerto, y que por lo tanto estaba solo.

    Toda su vida había cambiado en apenas cinco minutos. Había esperado con ilusión esa fecha, la fecha de su cumpleaños...y por hacerle una fiesta, por ir a hacerle una fiesta, había pasado todo eso. Christian no podía dejar de sentirse culpable por lo que había pasado, y pensaba que se sentiría mejor si las cosas hubiesen ocurrido de otra manera o cualquier otro día, pero al mismo tiempo se sentía fatal por desear eso, por ser tan egoísta, por eliminar ese sentimiento de culpa que lo asolaba y que sabía que nunca lo iba a abandonar.

    Cuando llegó a la carretera, le sorprendió ver la relativa calma que se respiraba en el ambiente. No había, como de costumbre, curiosos alrededor incentivados por el morbo de la situación, ni cámaras de televisión buscando ser la primera en retransmitir la noticia. Solo grúas, ambulancias, coches de policía, médicos...y cadáveres. Un grupo de cadáveres apilados y tapados con las típicas bolsas para cadáveres. Y Christian supo en ese momento que no había vuelta atrás. Su vida estaba allí. No sabía quién era el cuerpo más próximo a él. No sabía si era su padre, su madre, su abuelo.

    ¿Pero que importaba ya eso? Se habían ido, y a menos que la vida fuese una película de ciencia ficción, no iban a volver. Y Christian sabía perfectamente que lo que estaba viviendo era real, aunque deseara que fuese una pesadilla, la peor que había tenido nunca. De pronto se fijó con más atención en el lugar donde se encontraba. La Policía se había encargado de acordonar bien la zona, y el carril donde había sucedido el accidente estaba totalmente cortado al tráfico. Pero el siguiente no...

    Nadie había reparado en él hasta el momento. Todos los operarios estaban muy ocupados haciendo frente a la tragedia, ordenándolo todo y limpiando precipitadamente aquel lugar salpicado con la muerte. Y Christian pensó que, ya que estaban ahí, por un cadáver más no pasaba nada.

    "Todo ha acabado" -pensó.-"¿Qué voy a hacer ahora? Estoy completamente solo, a mi suerte. Quizás a papá y mamá no les habría gustado que pensase así, pero no se qué se supone que debo hacer ahora. ¿Sobrevivir al mundo solo? No, no soy capaz, sé que no lo soy...estaré mejor con ellos".

    Christian nunca supo, a pesar de sus pensamientos, cuanto le costó emprender el camino hacia la carretera. Por eso, ante el temor de echarse atrás, echó a correr, y rompió el cordón. Ese sonido alertó a los agentes, que corrieron detrás de él. Uno de ellos, el que parecía más fuerte, logró placar a Christian y tumbarlo al suelo, a escasos centímetros de los coches que circulaban por allí, que pitaban alarmados.

    -¡Tranquilo, chico!-su voz le resultaba familiar, y su grito imponente le causó respeto- Ahora es un momento difícil, pero lo superarás. Y como estoy seguro de ello, para eso necesito que te estés quieto, te tranquilices y me sigas. ¿Me has entendido?

    Christian reconoció en seguida al agente Giménez, que minutos antes le había dado la noticia de la muerte de su familia. Se quedó mirándolo fijamente, pero sin verlo; en ese momento le odiaba por haberle impedido suicidarse, pero también se odiaba a sí mismo por haberlo intentado. Él nunca solía perder la calma, y en condiciones normales pensaba las cosas con frialdad, pero la situación le había desbordado. Lentamente, se levantó, asintió casi imperceptiblemente hacia Giménez y salió andando hacia el grupo de médicos que le miraban, esperándole.

    El mundo que había conocido acababa allí, pero otro nuevo empezaba...

    De pronto sintió como todo se oscurecía a su alrededor. Los médicos, Giménez, los cuerpos sin vida de su familia...Se paró. No sabía que era todo aquello, pero no se sintió asustado, tan solo intrigado, deseoso de dar un paso adelante. Y entonces lo vio. Fueron solo dos segundos, pero el reflejo de una chica, que lo miraba inquieta y asustada, se apareció delante de él. Era rubia, con el cabello más claro que Christian había visto nunca, y unos ojos verdes que lo miraban muy sorprendida, y un par de lágrimas recorriendo sus mejillas…

    -¿Christian?- una de las médicos lo llamaba con gesto preocupado- Por fin...estás bien...

    Al abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba tumbado en el suelo con la mirada perdida....
    Las cosas no son consecuentes, el bien no lleva al bien ni el mal al mal. Algunos roban y no los atrapan, viven la buena vida. Otros mienten y engañan, y los votan... Alguien ayuda a un conductor en apuros y lo mata un camión que pasa a toda velocidad. No hay explicación para ello. Cómo juegas tus cartas es lo único que importa.

  3. #3
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    Ufff, qué trágico.
    Pero me ha encantado, yo personalmente soy bastante familiar, pero hay gente que no lo es. Hay que valorar más las cosas y a la gente que tenemos, porque no nos damos cuenta hasta que las perdemos.
    Repito, es trágico, pero creo que enseña un valor muy importante. Me gusta.^^

  4. #4
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    La noche se cernía sobre la ciudad de Madrid. Era una noche despejada, fría, solemne, que parecía estar en consonancia con la seriedad y el dolor palpables sobre el cementerio de una zona de las afueras. Allí, la familia Medina permanecía quieta, contemplando la tumba en la que acababan de depositar los restos mortales del bebé del matrimonio. Felipe y Ángela se hallaban inmersos en un estado de conmoción que nada podía calmar en aquel momento. Habían perdido a su hijo recién nacido.

    Un terrible accidente, les habían dicho desde el hospital. Una negligencia con mayúsculas, pensaban ellos. Y es que la enfermera encargada de cuidar a la criatura y transportarla hasta la incubadora había recibido una inoportuna llamada de teléfono, y con las prisas había dejado caer al bebé, que sólo contaba con 24 horas de vida. Por supuesto, aquella mujer no volvería a trabajar de enfermera en su vida. El director del hospital les había dado cita en su propia casa aquella noche para hablar de lo sucedido con más calma (si es que era posible), e intentar llegar a un acuerdo económico para que su centro médico no saliera muy mal parado, ya que era una clínica privada.

    Ángela había llorado amargamente toda la noche, sintiendo cómo el mundo se le venía encima y todas sus esperanzas, que había cultivado durante nueve ilusionantes meses, se desvanecían en una cruel jugarreta del destino. Mientras, Felipe sólo se dedicaba a dos cosas: intentar hacerles comprender a los miembros de su familia que aquel momento de sus vidas era muy doloroso y necesitaban estar a solas, y tratar de asimilar la actitud de Alejandra, su hija de quince años.

    Alejandra era una chica rubia, con un cabella sorprendentemente claro, y de ojos verdes, que no pasaba de los 160 centímetros. Tenía un carácter muy peculiar, le gustaba estar sola, pasar largos ratos reflexionando, y su forma de ver la vida no era la propia de una chica de su edad, por lo que nunca había tenido muchos amigos. Como peculiar había sido su reacción al enterarse de la noticia.

    Ella no había ido al hospital el día del nacimiento de su hermano, puesto que era algo muy importante para ella, y no quería ponerse a llorar delante de sus padres o de su familia, era algo que detestaba. Por eso se quedó en casa, esperando impaciente a que su madre abriese la puerta de la casa y le mostrara con una sonrisa radiante al bebé. Pero no fue su madre, sino su padre, quién entró primero. Y éste no llevaba nada en brazos, sólo llevaba un dolor en su rostro que estremeció el alma de Alejandra.

    -¡Hola Papá! –Saludó, intentando aparentar normalidad.- ¿Dónde está mi hermanito?

    Al oír esto, Felipe no pudo contener las lágrimas. Se había prometido a sí mismo no llorar para levantarle el ánimo a su familia, pero ver la cara de su hija esperando coger en brazos a un bebé que nunca conocería fue demasiado.

    -Papá…- Alejandra no sabía cómo tomarse el llanto de su padre, si de alegría o de algo que deseaba con todas sus fuerzas que no hubiese ocurrido – Papá, ¡Contesta! ¿Por qué estas llorando? Sé que cambiar pañales no es un gusto, pero merece la pena, ¿no?
    -Hija…siéntate. Tengo que hablar contigo.

    La voz de su padre era un torrente de emoción mal contenida, y eso asustó a Alejandra, que no estaba acostumbrada a ver serio a su padre, ya que ella no le daba ninguna queja y las cosas, tanto en la familia como en el trabajo, siempre habían ido bastante bien. Lentamente, la chica tomó asiento junto a su padre en el sofá y se obligó a sí misma a mirarle a los ojos.

    -Alex…- Felipe no sabía cómo decirlo, para él ese momento era más difícil que ver a su propio hijo muerto. Adoraba a su hija, y temía que le pudiese pasar algo al enterarse.- Ve-veamos…esto es muy difícil, así que quiero que me prometas que vas a salir adelante con nuestra ayuda, y que no vas a hundirte, ¿de acuerdo?
    -Espera. ¿Qué quieres decirme con todo esto?- Alex se levantó con una fuerza que su padre desconocía, y acto seguido tomó una actitud severa.- Mamá y el niño están bien, ¿verdad?
    -Mira hija…tienes que comprender, que a veces las cosas que deseamos no se cumplen, porque el destino no lo quiere así.- dijo Felipe.- La verdad es que yo no sé por qué nuestro destino nos ha llevado a esto, pero el caso es que ha ocurrido, así que ahora escúchame, por favor.
    -¿Cómo que nuestro destino?- Alex ya no podía disimular su miedo y sus dudas- ¿Qué ha ocurrido?

    No podía mirarla a los ojos. Sabía que el dolor de su hija iba a ser terrible, que le iba a afectar mucho, y no quería que ella pasara por todo eso. Pero debía decírselo, debía acabar con todo aquello cuanto antes.

    -Verás…el bebé…ha muerto, Alex. Se ha ido y no volverá. Lamento que…

    En ese momento Alejandra experimentó una sensación muy extraña, que la hizo perder el conocimiento, pero al mismo tiempo ser consciente de que no estaba en su cuerpo, por así decirlo. La verdad es que se sentía bien allí. Acababa de escuchar que su hermano recién nacido, al que ni siquiera había llegado a mirar ni tocar una sola vez. En otras circunstancias se habría sentido terriblemente mal, y no habría llegado a asimilar nunca la noticia. Sabía que estaba triste porque notaba dos lágrimas caer de sus ojos, pero a la vez su corazón le impedía sentir nada.

    Miro alrededor, pero no vio absolutamente nada. No era una oscuridad impenetrable, era solo la certeza de que no podía ver nada porque allí no había nada, y quizás por eso no podía moverse. Entonces lo vio. Sólo duró unos segundos, pero ante ella vio el reflejo de un chico moreno y de ojos azules que la miraba con la misma expresión que debía tener ella. Tenía heridas en la cara y los brazos, y Alex pensó que quizás se habría caído, o habría tenido un accidente. ¿Pero quién era?

    ¡Alex! ¡Alex! ¡Despierta!- su padre la miraba aterrado, ante el temor de que pudiese ocurrir lo mismo que con su hijo-. ¿Está bien? Te has desmayado.

    En ese mismo instante Alex sintió toda la pena y el dolor que le provocaban la muerte de su hermano, pero curiosamente para ella ahora había algo más importante.

    -¿Quién era ese chico?- preguntó.
    -¿Chico?- Felipe la miró, adivinando tal vez en ella algún estado de shock.- ¿A qué te refieres?
    -Había un chico ahí delante… ¿No lo has visto?
    -Tranquila hija, no hay nadie.- Su padre volvió a derramar lágrimas de impotencia.- Creo que necesitas descansar. Voy a llamar a tu madre y a decirle que me quedo contigo, y que si tiene fuerzas, que visite al director del hospital. Te lo explicaré todo con calma ahora, no te preocupes.

    Ángela asintió a visitar sola al director, ya que no soportaría llegar a casa y ver a Alex en su estado, y además, quería exigir responsabilidades por la muerte de su hijo. Aquella había sido su última oportunidad de ser madre, puesto que con su edad, no podía permitirse el lujo de otro embarazo cercano a los cuarenta. Así que cogió un taxi y fue hasta la dirección que tenía anotada.

    Al bajar y ver la puerta de la casa, sintió una punzada de repugnancia. Estaba ante una pequeña mansión, con bastantes metros de jardín, piscina y varias plantas. Y pensar que todo aquello lo pagaban gente como ella, que hasta ese momento habían confiado en el señor Del Olmo (así se llamaba el director de la clínica)...y así se lo agradecían. Matando a su hijo.

    Un mayordomo la guió hasta el despacho del médico. No tuvo necesidad de llamar a la puerta. Al parecer, Del Olmo ya sabía que estaban ahí. Con un gesto de afectación muy poco convincente, le dio dos besos a Ángela y la invitó a pasar.

    -Terrible, una tragedia…murmuraba Del Olmo en voz baja-. Lo primero que quiero expresarle es mi más sentido pésame, primero en mi nombre, y después en el de toda la clínica. Le aseguro que la frustración en nuestras salas es muy palpable, y haremos lo que esté en nuestra mano para llegar a un acuerdo que nos satisfaga a todas las partes.
    -O sea, que eso es lo que importa, ¿verdad? Que su clínica salga bien parada de este asunto y que yo me calle mientras cojo un cheque con varios miles de euros…-la mirada de Ángela se clavó en los ojos del director, y este se sintió acongojado por un momento-. Ese era mi hijo, ¿sabe? No, claro que no lo sabe, usted no ha tenido a ese bebé durante nueve meses dentro suya, y no sabe el amor que se le puede llegar a profesar aún antes de nacer. No hay dinero en el mundo que haga remitir a mi dolor.
    -Es usted una mujer inteligente, señora Medina. No le he mencionado aún la palabra dinero y aún así ya sabía que acabaría proponiéndoselo. Es curioso como el dinero está presente en todos los ámbitos de nuestra vida, ¿Cierto?- Del Olmo no podía creer en su suerte, la había llevado a su terreno sin abrir la boca…
    -Mire, yo lo único que quiero es olvidar esto cuanto antes, que se cumpla justicia, y poder vivir en paz llevando el recuerdo de mi hijo en el corazón. No quiero su dinero.- Ángela se sintió sin energías para discutir.- No pienso denunciarle, no quiero acabar en los juzgados a causa de la muerte de m hijo. Sólo deseo que la persona responsable de esto lo pague.
    -Claro que si, mujer. Esa enfermera fue despedida inmediatamente. No volverá a ejercer la enfermería. ¡Maldita inepta! Por su culpa suceden cosas como esta…
    -Le recuerdo, señor Del Olmo, que esa inepta fue contratada por usted…

    Ahí el director no tuvo más remedio que oír y callar. Pero no le importaba que le ganasen en un campo que dominaba, el juego de las palabras sutiles…Sabía que no iba a ser denunciado, y podía estar tranquilo. Sin embargo, no puedo dejar de sentir cierta lástima por esa mujer. “Dentro de esa cabeza fría y calculadora se esconde un niño sensible todavía”, se dijo.

    -Lo siento mucho, de verás.- dijo, y parecía que era verdad-. Verá…aquí tiene un cheque por valor de veinticinco mil euros, por todo el dinero invertido y perdido en nuestra clínica. Sé que no lo querrá, pero comprenderá que no puedo ofrecerle mayor consuelo.- Paró un momento de hablar para sacar una tarjeta de un cajón de la mesa-. Y esto…es el número de una agencia de adopciones. Sé que no es lo mismo, ni de lejos, pero quizás por ahí podría volver a llenar su vida, ¿no?

    Quince minutos después, Ángela salió del taxi que la llevaba de vuelta, y se dirigió a una papelera. Tiró el cheque que le había dado Del Olmo, y se dispuso a hacer lo mismo con la tarjeta. Pero algo se lo impidió. Algo en su interior le decía que no era buena idea, y que era mejor hablarlo con su marido y con su hija. Así que se volvió a guardar la tarjeta y cruzó la noche de camino a su casa.

    A seiscientos kilómetros de distancia, Christian respondía, como podía, al interrogatorio al que le sometía el agente Giménez…
    Las cosas no son consecuentes, el bien no lleva al bien ni el mal al mal. Algunos roban y no los atrapan, viven la buena vida. Otros mienten y engañan, y los votan... Alguien ayuda a un conductor en apuros y lo mata un camión que pasa a toda velocidad. No hay explicación para ello. Cómo juegas tus cartas es lo único que importa.

  5. #5
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    Me la he leído también. Supongo que ambas partes estarán relacionadas y que después se verá, ¿no?

  6. #publi
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  7. #6
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    Exacto, como dije son 5 capítulos, así que aún quedarían dos más.

    __________________________________________________ _____

    -Siéntate, por favor- ordenó Giménez mientras Christian miraba desconfiado lo que parecía una sala de interrogatorios.

    La estancia estaba ideada para proporcionar a los investigadores la mayor intimidación posible. Solo había una mesa fría y de color negro, cuatro sillas, una a cada extremo de la misma, y una lámpara que reflejaba una luz muy tenue sobre las persona. Nada más. Ni un cuadro. Ni un póster. Las persianas, siempre cerradas. Christian debía reconocer que, a pesar de no haber hecho nada malo, se sentía como un asesino en serie a punto de ser sometido a un tercer grado.

    -Veamos, Christian- el inspector Giménez puso énfasis en pronunciar el nombre del muchacho, como si quisiera reprenderle por algo malo.- Si colaboras con nosotros, todo será mucho más rápido y sencillo.
    -Pues ustedes dirán...-Christian no podía dejar de mirar a las dos agentes que estaban haciendo guardia en la puerta y lo miraban fijamente, esperando que el chico pudiese escapar en cualquier momento. Se sentía nervioso, porque aquello le parecía ciertamente un interrogatorio, y en esos momentos era lo que menos necesitaba.
    -Te hemos traído a esta sala porque queremos hacerte unas preguntas- dijo el inspector.- Eso, si no tienes ningún inconveniente, aunque por otra parte no creo que tengas más alternativas.

    Christian oía sin escuchar. No podía dejar de pensar en la chica rubia que se le había aparecido hacía tan solo unas horas. Por primera vez había dejado de pensar en la muerte de su familia, y ahora solo podía recordar el destello de esos ojos verdes...Sabía que no era real, pero pensar que podía existir algo así llenaba de alegría su corazón.

    -Bueno, como veo que no tienes quejas, comencemos- suspiró Giménez.- ¿Dónde estabas dos horas antes de que muriesen tus padres?
    -Pues…estaba en la playa con mis amigos- dijo Christian.- Tenía previsto volver para la hora de comer, a la que mi familia ya habría llegado.
    -En la playa…-Giménez miró de soslayo a las dos agentes que fijaban constantemente su mirada en el joven, intentando descubrir así la verdad sobre el caso.- ¿Sabes? Analizando todo lo sucedido, hemos llegado a la conclusión de que aquí hay cosas que no encajan. Es muy raro, en mi opinión, que toda tu familia fuese junta hacia tu casa, y que en esos momentos no estuvieses en ella. Creemos que hay algo que quizás sepas y deberías contarnos.

    Christian no daba crédito. Al final estaba en lo cierto. Toda esa confianza que intentaban transmitirle, esa seguridad que le proporcionaban, la ayuda que le prometían…eran solo para ganárselo y que accediese a colaborar. Pero él iba a negarse. No era ningún delincuente, y no toleraba que dudasen de él en caso tan delicado como ese.

    -No lo entiendo- empezó.- Así que lo que pretendían desde el principio era interrogarme, ¿no es cierto? Pues que sepan que no van a sacar nada en claro de todo esto. Pensaba que un agente al parecer tan cualificado como usted no cometería un error tan infantil. ¿Se da cuenta de lo que está haciendo? ¡Mis padres murieron hace dos días, y toda mi familia les acompañó! ¿De verdad piensan que tengo algo que ver?
    -Obviamente, seguro que todo resulta ser un gran error. Soy perfectamente consciente de que esto no es ninguna película y tú no eres un asesino despiadado e inteligente-Giménez miraba seriamente a Christian.- Pero estoy haciendo mi trabajo. Y mi trabajo consiste en esto. Vas a escucharme y a contestar a todo lo que te pida, y entonces podrás marcharte. Pero bueno, yo no tengo prisa, y creo que a ti nadie te espera para cenar, así que podemos estar un buen rato aquí metidos. Tú decides.
    -No me hable en ese tono-.Christian se había levantado de un salto de la silla, y aunque las guardias no se habían movido de su sitio, habían soltado los brazos y llevaron las manos hacia el cinturón buscando los grilletes para cuando fuesen necesarios-. Usted será un policía muy bueno y con un alto sentido de la responsabilidad, pero acaba de humillarme nombrando así a mi familia, y pienso quedarme a esperar cómo lo repite.

    Giménez suspiró y también se levantó. Lentamente, pero clavando una mirada severa en Christian, se acercó al joven, obligándolo a retroceder.
    -Aquí las órdenes las doy yo-dijo-. Puede que me haya pasado, pero esta tragedia es muy grave, y pienso llegar hasta el fondo de este asunto.
    -¿Es que no lo entiende? ¿Usted no estuvo allí?-Christian estaba desesperado.- Hubo un accidente en plena autovía, que involucró a un montón de coches. ¡No hay ningún misterio! ¡Cosas como estas suceden todos los días! ¿Qué quiere que le explique? No puedo decirle nada.
    -Esta bien. Supongo que debemos investigar por otra vía. Sólo te haré una pregunta más- el inspector volvió a sentarse.- ¿Habrías imaginado alguna vez que podría suceder algo como esto? ¿Qué tu familia iba a acabar así?

    Esa pregunta sorprendió a Christian. No tenía ningún sentido, al menos no para él, aunque sabía que había algo que Giménez no le había dicho. Y no se lo diría por supuesto.

    -No- dijo finalmente-. Mi madre era profesora en una guardería, y mi padre era abogado, llevaban una vida normal. La verdad es que nunca me había imaginado cómo acabarían.
    -Bien. Profesora y abogado. Eso era todo lo que necesitaba saber- dijo Giménez, que tenía la cara marcada por la concentración y parecía estar pensando a toda velocidad.- Bueno, ahora tenemos que hablar de otro tema. De lo que va a suceder contigo ahora que, desgraciadamente, no tienes familia.

    Christian puso atención en las palabras del policía. La verdad es que eso era algo que le preocupaba mucho. No tenía parientes vivos, y él había pensado que acabaría en un centro de menores hasta los dieciocho años, y no sabía que tenía qué hacer ahora.

    -En estos casos- empezó Giménez- lo normal es que ingreses en un centro de menores, dado que legalmente nadie puede hacerse cargo de ti. Pero hemos estado buscando otras soluciones, y creo que la que hemos elegido te interesará.
    -Bien- dijo Christian.- La idea de estar en un sitio como ese no me agrada mucho, si le soy sincero.
    -Bueno, he de decir que has tenido mucha suerte. Hemos metido tus datos y contado tu historia a los servicios de adopción del gobierno, y hay una familia que estaría dispuesta a tenerte con ellos. Ellos también acaban de perder a alguien. A su hijo pequeño, concretamente.
    -Vaya- Christian no sabía cómo tenía que sentirse. Que una familia quisiera adoptarlo era algo que no había barajado, y le parecía extraño que quisieran ocuparse de un huérfano de dieciséis años. Pero por otra parte sentía una enorme gratitud hacia ellos, y quería aceptar, aunque fuera sólo para agradecérselo.
    -Obviamente, la decisión es tuya. Te irías mañana mismo, si lo quisieras. Son de Madrid, y tienen una hija de tu edad, creo.
    -En fin- suspiró Christian.- Supongo que no tengo elección y que debo estarles agradecidos… Bueno, no tengo nada que perder por intentarlo. Dígale a quien sea que acepto la propuesta, y que…muchas gracias por preocuparse por mi futuro.
    Las cosas no son consecuentes, el bien no lleva al bien ni el mal al mal. Algunos roban y no los atrapan, viven la buena vida. Otros mienten y engañan, y los votan... Alguien ayuda a un conductor en apuros y lo mata un camión que pasa a toda velocidad. No hay explicación para ello. Cómo juegas tus cartas es lo único que importa.

  8. #7
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    Alejandra miraba la lluvia de caer a través de la ventana del coche de sus padres. Felipe y Ángela tampoco hablaban. No era un momento para hablar. Era un momento para recordar y asimilar lo que habían vivido. En ese momento deberían estar disfrutando del bebé recién nacido, pero la mala fortuna se había encargado de impedirlo, y se lo había arrebatado.

    Se dirigían a la sede de los servicios de adopción en España. Después de la conversación que tuvo Ángela con Del Olmo, y de hablarlo con su marido y su hija, habían decidido dar ese paso, para llenar en parte el vació que les había dejado la muerte del bebé, aunque sabían que nada podría hacerles olvidar su dolor, al menos a corto plazo.

    A falta de pocos metros para llegar al aparcamiento, sonó un teléfono móvil. Felipe frenó bruscamente y, apartando el coche de la carretera, abrió la puerta y se dispuso a descolgar.
    -Ahora mismo vuelvo, será sólo un minuto- aclaró.

    Ángela lo miró, entre preocupada e intrigada, pero había aprendido hacía tiempo a no preguntar sobre aquellas llamadas, ya que nunca obtenía respuestas por parte de Felipe. “Confía en mí”, decía. Suspirando, giró la cabeza para hablar con su hija.
    -¿Nerviosa?-preguntó Ángela-. Sé que no es algo agradable estar aquí, seguro que piensas que vamos a conseguir un sustituto, pero no es así.
    -A decir verdad…yo creo que no es una mala idea. Creo que es algo que necesitamos, necesitamos dejar de recordar con dolor al bebé-dijo Alex.- Pero no entiendo porque tiene que ser éste precisamente.
    -Compréndelo, hija. Christian tiene que estar destrozado. Ha perdido a toda su familia y supongo que debe de estar pasándolo peor incluso que nosotros. Se merece una oportunidad de volver a llevar una vida normal. Y seguro que nos lo agradecerá.
    -Ya pero…-Alex no sabía cómo decirlo exactamente.- Para mí es como tener un hermano mayor de golpe, sin conocerlo ni nada. Y tiene dieciséis años, seguro que esto le ha trastornado, se vuelve conflictivo e incluso puede llegar a darnos problemas.
    -Yo también lo he pensado-coincidió Ángela. Pero creo que él puede llegar a ser feliz a nuestro lado, y nosotros al suyo. Nunca hay que juzgar a nadie por las apariencias. Ese chico seguro que resulta ser encantador. Hay que darle la oportunidad de vivir.

    Alex no dijo nada más. Lo cierto era que por un lado le apetecía vivir aquella experiencia, eso de tener el hermano que jamás había tenido. Pero se sentía inquieta ante su llegada. No sabía por qué, pero le producía una irracional sensación de nervios e inquietud.

    Y a la vez, no podía dejar de pensar en el chico que había visto al desmayarse la tarde anterior. En sus ojos azules, que eran un cúmulo de sensaciones: miedo, desesperación, intriga, confianza… En que, al verlo, había dejado una huella imborrable en su corazón. Pero no podía ser real. Era sólo un producto de su imaginación.

    En ese momento se abrió la puerta del coche y entró Felipe. No traía una expresión muy tranquila; su rostro reflejaba una gran concentración y a la vez parecía estar al borde de un ataque de nervios. Sin decir nada, arrancó el coche y se dirigió a la primera plaza libre que encontró.
    -¿Estás bien, Felipe?- preguntó muy seria Ángela.
    -Claro que sí- repuso él con una ligera sonrisa. Eran asuntos de trabajo. Ya sabes, puede que no sean importantes pero tienes que atenderlos.
    -Papá, parece que llevases una gran operación entre manos-rió Alex.
    -Algo así hija, algo así- contestó con una sonrisa Felipe.- Pero es un secreto, ¿de acuerdo?

    Al entrar en el recibidor del edificio, una mujer se acercó hacia ellos. Tenía unos 30 años, y realmente parecía muy atractiva, o lo parecería de no ser por el traje que se veía obligada a llevar. A Felipe le sorprendió que los estuviesen esperando. “Parece que están haciendo las cosas bien”, se dijo.

    -¡Muy buenas!- saludó alegremente la joven.- Me llamo Luna, y voy a guiaros en lo que es el trámite de los papeles para la adopción. Si son tan amables de seguirme…
    -Pos supuesto- asintió Ángela.

    Luna los dirigió hacia su despacho, situado en la primera planta, y les ofreció asiento. Encima de su mesa había montones y montones de archivos desclasificados, y Alex se preguntó cómo lograba encontrar el adecuado.
    -Disculpad el desorden-dijo Luna.- Sinceramente me da mucha pereza dedicarme a ordenar todos estos papeles, pero digamos que me he aprendido el desorden, así que siempre encuentro lo que necesito. Aunque pagaría a alguien para que los ordenase.
    “Bueno, no sé si tendrán prisa, pero yo sí. Así que, si no les importa, vamos a firmar pronto los papeles, ¿están conformes?
    -Si, claro- dijo Felipe.- Pero hay cosas que debe explicarnos y que queremos preguntarle. Para empezar, ¿Cómo es que el chico puede llegar mañana? Justo un día después de la adopción- parecía muy intrigado por eso.
    -Bueno- Luna le dirigió una mirada elocuente, casi de advertencia.- Este caso es excepcionalmente grave y especial, y Christian, que así se llama, por si no lo sabían, no tiene ya nada en su ciudad. El gobierno consiente estos traslados tan rápidos, y además, los miembros de la policía que han estado con él han hecho valer sus contactos y han permitido que el viaje sea posible.
    -Comprendo- asintió Ángela.- ¿Y hasta cuándo tendríamos su tutela, hasta la mayoría de edad?
    -Sí, en principio sí. Pero él puede permanecer con vosotros si así lo desea hasta que se independice. Además tendrán una ayuda económica mensual por parte del Estado, pero tendrán que hacerse cargo de sus gastos escolares, médicos…
    -Claro, eso lo sabíamos, y no tenemos problema-dijo Felipe.- Y… ¿si por casualidad no pudiésemos hacernos cargo de él, o resultara un chico conflictivo con el que no se pudiera convivir, habría solución?

    Luna volvió a mirarlo fijamente. No entendía por qué Felipe tenía qué hacer esas preguntas, parecía que no se enteraba de nada…

    -En ese caso, tendrían que ponerse en contacto con nosotros y veríamos cuál sería la solución más ventajosa para todos.- explicó Luna. Bueno, si ya está todo aclarado, les mostraré un informe de Christian, y mientras pueden ir firmando los papeles…

    Alex se inclinó ligeramente para ver la foto que había en la primera página…y se quedó helada.

    Era él. El chico que se le apareció. No podía dar crédito a lo que veía. El mismo pelo, los mismos ojos azules, la misma expresión… Entonces era real…Pero, ¿por qué? ¿Por qué razón se le había aparecido? ¿Es que ya estaba escrito que tuvieran que encontrarse? Rápidamente se despejó ese temor y esa duda que le transmitía Christian. Iba a conocerlo, iba a ser su hermano…

    Luna vio la expresión de la joven y, a continuación, se fijó en Felipe, que también lo había advertido, y la miró con fijeza, preguntándose si era buena idea…

    -Es guapo, ¿eh?- preguntó Luna a Alex.

    Alex sonrió tímidamente…
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  9. #8
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    Me gusta muchísimo, de verdad!!! Es muy triste que Christian sea huérfano, pero al fin se encontrará con la chica misteriosa XD También me ha dado mucha pena el pobre bebé...
    Ojalá continúes esta historia, está muy bien escrita y nos dejas con la intriga de por qué se vieron en sus pensamientos, por así decirlo...

    Espero que pronto publiques más, está genial

  10. #9
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    Tiene pinta de acabar bien^^

  11. #10
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    Topepa, deléitanos con otro capítulo!!! Que tengo ganas de más (no pienses mal eh? XD)

  12. #11
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    Alexandra Olimpias escribió:
    Topepa, deléitanos con otro capítulo!!! Que tengo ganas de más (no pienses mal eh? XD)
    xD Podría pensar mal...

    Lo siento, es una historia que hace más de un año que tengo aparcada, y ya he perdido sinceramente el interés en ella. Y creeme que nadie lo siente más que yo, sobre todo por sí mismo, pero me alegro al menos que haya provocado interés.
    Las cosas no son consecuentes, el bien no lleva al bien ni el mal al mal. Algunos roban y no los atrapan, viven la buena vida. Otros mienten y engañan, y los votan... Alguien ayuda a un conductor en apuros y lo mata un camión que pasa a toda velocidad. No hay explicación para ello. Cómo juegas tus cartas es lo único que importa.

  13. #12
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    Entonces ya se ha terminado la publicación de más? O.O Nooooooooooooooo T.T

    Y tienes más historias? Me gustaría también leerlas

  14. #13
    Avatar de Charlie Pace BIBA eK
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    http://www.elkonsultorio.es/tablon/bienvenido-al-dia-de-tu-vida-64484.html

    Supongo que ya la has leido, pero...xD

    Tengo un par de relatillos más, pero son en tono romántico y no es plan de ponerlos por aquí.
    Las cosas no son consecuentes, el bien no lleva al bien ni el mal al mal. Algunos roban y no los atrapan, viven la buena vida. Otros mienten y engañan, y los votan... Alguien ayuda a un conductor en apuros y lo mata un camión que pasa a toda velocidad. No hay explicación para ello. Cómo juegas tus cartas es lo único que importa.

  15. #14
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    Sí, lo leí y lo comenté y todo XD

    Hombre, un romántico... como yo!!! No en serio, también escribo relatos románticos y un poco subidos de tono, pero románticos al fin y al cabo...

    Y si te propongo una proposición indecente? XDDDDDDDDDDDD Nooooo, hombre nooooooo, te prongo (si quieres) intercambiarnos las historias para leerlas, te parece? A mí también me da cosa publicarlas aquí, si te soy sincera... a lo mejor son incluso demasiado infantiles pero bueno...

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