De la unión de lo más bello con lo más horrendo, de esa explosión nace una mezcla asombrosa, inimaginable, nace la perfección, ese concepto tan abstracto que es tan imposible e imperceptible, que sólo unos buenos ojos pueden llegar a deleitarse pocas veces en la vida.

Contrariamente a lo que algunos puedan encontrar en la unión de la belleza y la fealdad, que podrían pensar que es lo normal, el estado normal carece de atractivo alguno, no suscita ningún sentimiento, lo normal, valga la redundancia, es normal y además aburrido.

La perfección nace de los contrastes; la belleza no es la perfección, sino un elemento más que contrasta con lo cotidiano o lo que algunos denominan normal; y lo horrible no es la imperfección, es otro color más en esa paleta para plasmar la perfección total.

Lo bello y lo horrible unidos en un momento de esta eternidad llamada tiempo, en el instante mismo en que lo presencias, sabrás que los has encontrado, las sensaciones que recorrerán tu cuerpo te demostrarán que has captado algo tan abstracto como lo es la perfección.