Necesito o-piñones

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    Necesito o-piñones

    Género: Acción.
    Ambientación: Nueva York, año 2001.
    Sinopsis: Un tranquilo día de trabajo se transforma en una lucha desesperada por sobrevivir.
    Necesito opiniones, correcciones y demás.

    Disfrutad con la lectura y espero que os guste.

    ------------------

    Sobreviviré

    ¿En serio este es mi fin? ¿Asfixiado en una cocina y vestido con el peor traje que tengo? Cuando me pienso en cómo voy a morir imagino que será en las Bahamas, rodeado de palmeras y con un tío cachas por marido. ¿En serio este va a ser mi fin? ¿Con Kevin Jones intentando tirar la puerta a patadas y con humo saliendo de los conductos de ventilación?


    Me levanto y miro por la ventana, veo caer una chaqueta de hombre, es marrón.

    —Atta, ayúdame.

    Quiero ayudarle pero el calor y el miedo atenazan mi cuerpo y mi estómago. Odio que me llamen por mi apellido, Atta, menudo apellido más extraño. Pienso en la maldita hora en la que vine hoy a trabajar. Tengo calor e intento que mi cuerpo reaccione ¡sí! Me estoy levantando.

    Cojo una silla y la estampo contra la puerta, esta cruje pero suavemente. Kevin dice algo que no escucho y le doy otro fuerte golpe a la misma pero los goznes aguantan como cabrones. Me estoy mareando. Cojo otro trapo y lo pongo en el asqueroso conducto.

    Pongo la mente en blanco y recuerdo las clases de kárate a las que asistía cuando era un niño, solo llegué al cinturón naranja-verde y me digo: “no vas a morir con solo veintitrés años”. Me concentro mientras sudo como un aspersor estropeado. Me quito la americana, de color negro y veo por la ventana que alguien ha tirado otra chaqueta pero espera… ¡también han tirado los pantalones!

    Miro a Kevin Jones que está aturdido y con la boca abierta. No sé que habrá pasado pero tenemos que abrir esa puerta ya. Concentro mi fuerza en la pierna y lanzo una poderosa patada, los goznes saltan y la puerta vuela hasta mitad del pasillo, más o menos.

    —Vamos, tenemos que salir de aquí.

    Miro la hora, son las nueve y media y vuelvo a pensar ¡maldita la hora en que me levanté de la cama! El pasillo está oscuro y hay mucho humo, polvo y no sé cuantas cosas más.

    Corremos hacia los ascensores y vemos que las puertas de los mismos han saltado por los aires así como las puertas de las oficinas contiguas a los mismos. Entramos en una de las oficinas del NYSSA.

    —¿Hay alguien aquí?

    Los monitores, los teclados y demás cosas están todas por el suelo. Miro los cubículos uno por uno y en el último veo un par de pies. Retiro toda la montaña de cosas y comprendo que el hombre está muerto. Es joven, tiene más o menos mi edad y en su cara se puede ver sorpresa, tiene sangre en la boca y en la cabeza. Es como en esas películas gore. Miro por la ventana y veo cosas caer, papeles sobre todo. Otro traje cae pero este lleva zapatos y agita… sus… brazos… al… una nausea me invade y vomito en el suelo.

    Al fondo de la oficina veo una ventana rota y cojo una silla mientras Kevin me grita que qué hago. Le doy un golpe y la rompo perfectamente, saco la cabeza y miro hacia abajo, todo está perfecto, noto que me agarra del brazo. Miro hacia arriba y veo muchísimo humo. Algo pasa cerca de mi cara, creo que ver una mano… o un pie. Virulentas llamas salen por las ventanas del piso 94. ¡Me cago en la putísima madre! Meto la cabeza y grito con todas mis fuerzas. No es posible lo que está pasando, no es real, es una puta pesadilla y despertaré enseguida, seguro que es eso. Kevin me agarra pero mi cuerpo se sacude violentamente.

    —¿Qué pasa?

    Solo me sale un grito agudo.

    Saca la cabeza por el hueco y la mete rápidamente.

    —Me cago en la puta, también hay un incendio en la Torre Sur. Tenemos que salir de aquí.
    —¿Y si hay terroristas por los pasillos? Tengo miedo.
    —Vámonos, venga.
    —Toda esa gente… habrá miles de muertos. Marizza.

    Corremos por el pasillo y salimos hacia las escaleras, empiezo a subir con ganas y mis piernas responden perfectamente. Solo quiero saber cómo está mi amiga Marizza, los pisos pasan rápidos y casi estamos en el piso ochenta. Hay gente tanto bajando como subiendo. Abro la puerta del piso ochenta y entramos por las otras escaleras de subida hasta el piso ochenta y nueve. Detrás de la puerta se oye algo extraño.

    —Tío, eso suena como cuando a mi madre le reventó la olla a presión.
    —Pero Marizza…

    La abro y una poderosa luz se acerca a mi cara. Cuando estoy a punto de apartarme, la lengua naranja me abrasa la piel de la cara, siento muchísimo dolor y veo que Kevin me tira de la manga. El calor pasa un poco pero deja a su paso un dolor terrible, no veo. Grito desesperado.

    —¿Walter? —Oigo a Marizza—. ¡Walt! —Grita.
    —Se ha quemado la cara. Trae eso, corre.

    Noto como mi cuerpo arde y un olor a barbacoa me inunda las fosas nasales, siento como una nube de algo esponjoso hace que se vaya ese horrible olor. Intento gritar pero estoy agarrotado, tengo la ropa pegada a la piel y siento un dolor que jamás he notado, ni cuando me rompí tres costillas al caerme de un monopatín cuando era adolescente.

    —No cierres los ojos, estamos aquí.

    ¿Dónde? No os veo.

    —Bajemos.
    —¿Pero qué ha pasado? —Pregunta Marizza.
    —No lo sé, alguien decía que habían estrellado un avión contra la torre pero no me lo creo. Más allá del piso noventa y dos está destrozado.
    —¿No lo sabes? La Torre Sur está en llamas también.

    Marizza traga saliva. La muchacha me agarra del brazo y empezamos de nuevo a bajar, veo todo como si fuera una película con horrible un fondo naranja. Ojalá el fuego no me haya quemado los ojos. Ya casi no siento dolor en la cara. Hace poco oí que las quemaduras de tercer grado no duelen. Mucha gente está bajando... o subiendo. No veo. Un bombero nos dice que bajemos, todos los que bajan detrás de nosotros están gritando, llorando o las dos cosas a la vez. Tengo ganas de mear, pienso, y me río por la tontada que acabo de pensar.

    —Bajad rápido pero con calma.

    ¿Y quién soy yo? Walter Atta, un gilipollas que no tendría que haber entrado a trabajar hoy, este martes no se me va a olvidar jamás. Ni a mí, ni a la ciudad, ni al mundo.

    Hacemos paradas cada ciertos pisos, no veo nada y una mujer le dice a Marizza (creo que es su voz) que si quiere un poco de agua, esta le responde que si, gracias. Kevin suspira varias veces y noto como se recuesta contra la pared. La muchacha le da la botella de agua y él bebe un largo trago, me pregunta si quiero y le respondo que sí. Noto que tengo los pantalones mojados… me he meado encima pero parece que a nadie le importa.

    Bebo un poco de agua y un dolor atroz me paraliza de la cabeza a los pies. ¿Me habré quemado la garganta? Ojalá que no.

    ¿Qué de que trabajo? Soy contable en Lehman Brothers, demasiado tengo con levantarme a las seis como para ahora quemarme la puta cara. No se oye a nadie ¿me han dejado solo? ¿En serio? El miedo se apodera de mí y dejo caer la cabeza hacia atrás, me duermo… pero unos golpecitos hacen que me despierte. Creo que es Kevin.

    —Perdón amigo, esto te va a doler.

    Pone algo sobre mi cara que primero me alivia pero luego me empieza a quemar, mi cuerpo reacciona y empiezo a gritar con todas mis fuerzas. Grito hasta desgañitarme y se me pone la voz ronca, parezco un jodido cantante de ópera pero el dolor es atroz, las punzadas de dolor que siento se me meten hasta los ojos, me cuesta respirar.

    —Tenéis que bajar —comenta una voz nueva, es fina pero fuerte y tiene un acento extraño. Inglés quizá… o irlandés.
    —Tiene quemaduras muy graves —dice Marizza, que es mi mejor amiga.

    El hombre me coge de la mano y abro los ojos, que ya no me arden. Es un hombre, lleva una cazadora normal y corriente pero lleva una… espera, nos hemos parado, Dios mío. El edificio se mueve otra vez y la gente grita aterrada, algo sube por el hueco de las escaleras y se nos mete por todos los orificios del cuerpo.

    —¿Qué coño ha sido eso? —Pregunta Kevin.
    —¿A dónde coño vas? —Grita el hombre y nos paramos— Espera. George, se nos ha ido el muchacho.
    —Joder.

    Sabiendo cómo es Kevin Jones seguro que se ha ido a ver lo que ha pasado. Tarda mucho y el hombre bajito se apoya contra la pared y bebe agua. Tiene el pelo negro y como máximo mide uno sesenta. Aunque puede que sea más alto de lo que parece desde mis dos metros con siete de estatura, no, no me gusta jugar al baloncesto. Tengo escoliosis.

    Kevin llega hasta donde estamos, acompañado de dos personas más que instintivamente empiezan a bajar. No puedo ver el piso en el que estamos pero imagino que vamos por el cuarenta más o menos.

    —¿Qué ha pasado? ¿Kevin?

    Se empieza a reír, parece que está perdiendo la cabeza.

    —Igual que si el jodido David Copperfield hubiera hecho el truco ese con el que hizo desaparecer la Estatua de la Libertad... impresionante.
    —¿Qué coño estás diciendo?
    —Ya no existe la Torre Sur.
    —¿Qué?

    El bombero y Marizza se meten por la puerta y me quedo a solas con el hombre que aun me agarra de la mano. Cierro los ojos y los abro cuando escucho pasos, la puerta se abre. Marizza está llorando.

    —Se ha esfumado… Corinna.

    Joseph, Antonio, Ken, María, Christina… solo espero que estén bien.

    —Pero habrá miles de muertos. Por Dios.
    —Esto no está pasando, esto no está pasando. Tu no pareces bombero ¿has visto algo?
    —Estaba en la calle, soy policía.
    —¿Qué has visto?

    No dice nada.

    —Bajemos.
    —¿Qué hora es?
    —Las diez en punto. Todavía tenemos que bajar cuarenta pisos.

    Con los ánimos por los suelos (nunca mejor dicho) bajamos uno a uno los cuarenta pisos, cada vez hay menos gente por las escaleras y hacemos paradas cada nueve o diez pisos.

    —Venga, ya estamos más cerca de la salida.

    Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro. Parada. Todos suspiramos, no puedo más, estoy deseando salir de aquí. Nos apoyamos en la pared, se oye un crujido y algo que suena como si alguien estuviera prendiéndole fuego a una enorme bola de papel de aluminio… es algo raro.

    —Al suelo.

    El tipo bajito tira de mi brazo y me acuesto bocabajo mientras el enorme ruido aumenta y hace que nos elevemos desde el suelo, espera, aluminio. ¿Se está cayendo el edificio? No me…



    Abro los ojos, no sé cuanto he estado inconsciente pero me duele mucho la cara así me quito el trapo (que está lleno de tierra y polvo) y a dos centímetros de mi cara hay algo duro, le doy un golpe y suena a acero. Es una viga.

    —Marizza… Marizza —logro articular.
    —Estoy aquí ¿estáis bien? Kevin, bomberos.
    —Sí, tengo las piernas atrapadas pero estoy vivo —dice el del acento irlandés.
    —Estoy aquí —dice Kevin.
    —Y yo —el bombero negro.
    —Hemos tenido una suerte de la hostia —comenta alguien que nunca había oído allí.
    —¿Qué ha pasado? —Pregunta Marizza.
    —Se ha caído el puto edificio pero el derrumbe paró aquí por arte de magia.

    El bombero negro, George, coge la emisora y dice su posición pero nadie responde. Estamos en tierra de nadie y atrapados entre vigas de acero.

    —Tenemos que hacer algo para que nos oigan.

    El irlandés empieza cantar en voz baja.

    And it’s no, nay, never
    No nay never, no more.

    —Venga, todos a la vez.

    Cantamos esta vez más alto:

    Will I play the wild rover,
    No never, no more.

    Pero yo no canto “Wild Rover”, prefiero imaginarme que estoy en una discoteca bailando en la pista mientras tarareo mi canción favorita por lo bajo.

    Sé que este día nunca se me va a olvidar, nunca olvidaré al irlandés bajito cantando aun teniendo las piernas rotas, ni a Marizza sollozando pero esforzándose por cantar en voz alta, ni a Kevin, uno de los mejores banqueros de todo Nueva York, ni del bombero negro intentando que le cojan la emisora.

    Estaré eternamente agradecido a todos ellos… eternamente agradecido. Saco mi mano y dibujo en el polvo que hay en la viga: I WILL SURVIVE.
    Última edición hecha por Allez, allez!, 09/02/2016 a las 12:59.

  2. #2
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