Historia sin título.

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    Historia sin título.

    Es un prólogo de una historia que estoy escribiendo... Si os gusta subiré más, . Eso sí, es un poco largo, xD.

    Todo empezó aquel soleado día de noviembre. Da igual la hora, la semana o el año; fue aquel. El verano ya se había alejado casi por completo y podía comenzar a oírse el crujir de las hojas de los árboles por la gran avenida de la ciudad. Poco a poco, las noches también volvían a hacerse frías y las calles quedaban desiertas, como había ocurrido algunos meses atrás.

    Unos pequeños rayos de sol jugaban a entrar por el resquicio de la ventana, aunque no fueron lo suficientemente fuertes como para poder despertarme de mi profundo sueño.

    - ¡Debra, despierta! ¡Qué se te hace tarde!

    Esas palabras fueron lo primero que recordé. Como siempre, me levanté sin ganas, desmotivada y apagada, y todo para añadir un día más al calendario. Sí, esta historia no empieza demasiado bien, ¿verdad?

    Fui al baño y me quedé lo que parecieron largos segundos mirándome en el espejo. En mis ojos verdes ya no se percibía el brillo de esperanza que en otro tiempo los había llenado y dibujaba forzadamente una triste sonrisa en mi rostro para aparentar lo que ya no era. Me maquillé un poco para disimular las ojeras que permitían notar las malas noches que pasaba, si es que después de todo algo aún podía empeorar.

    Las voces de mi madre provenientes de la cocina me hicieron bajar a toda prisa a desayunar. Entre zumo de melocotón, tostadas y mantequilla continué dándole vueltas a mi cabeza sobre lo ocurrido. Tan rápido como terminé, cogí mi cartera y mis libros, y me dirigí hacia la universidad, como un suceso automático que se producía por pura lógica.

    En el metro decidí no pensar. Se me olvidaba que no sabes quién soy aún, pero para aclararte un poco me apasiona dejarme llevar por pensamientos inútiles, al menos para todo receptor que se ofrece a escucharme.

    ¡Ops! Y entre tanto, olvidé que la línea a partir de Méndez Álvaro estaba totalmente cortada. Debido a este pequeño incidente tuve que esperar y hacer otros dos transbordos más. Como siempre, Madrid de obras.

    Llegué tarde a la primera clase como era de saberse. Me senté en primera fila mientras observaba, sin darle mucha importancia, cómo mis compañeros ya sentados en sus respectivos lugares esperaban al profesor, que no se hizo esperar. Garbajosa comenzó a hablar sobre meiosis y procesos genéticos que se quedaron olvidados en mi subconsciente, pero yo seguía absorta en la nada, jugando a buscar las respuestas tras miles de puertas cerradas. Y, si no hubiera sido por Begoña, de seguro habría seguido en ese estado para la eternidad.

    - ¡Débora! - me dijo mientras me daba con el codo - La clase ya ha acabado, ¿vas a quedarte aquí o qué? ¿O acaso te ocurre algo?

    Miré absorta a mi alrededor: el aula se encontraba casi desierta y sólo quedaban unos pocos alumnos que ya estaban abandonado el lugar. Luego, dirigí mis ojos hacia ella y suspiré. Parecía tan de hielo como siempre. ¿Alguna vez iba a confiar en mí? Me preguntaba qué sentía más por mí, si pena o melancolía.

    - No, claro. No me pasa nada...- le respondí, entristecida.

    Y diciendo esto, recogí todo y salí a la calle en un ansia de libertad, a pesar de los avisos que Begoña me había argumentado de camino a la salida: No deberías irte. Sabes lo difícil que se te hace bioestadística. Débora, tienes que aguantar y ser fuerte. A nadie nos gusta ese profesor y, mucho menos, la asignatura, Débora. Desde luego, siempre igual. Pues nada, vete. Más tarde no vengas a pedirme los apuntes porque no lo haré.

    Y sin escuchar sus últimas advertencias, le di con la puerta en las narices. No me paré a observarla, supongo que seguiría su rumbo y disfrutaría de una gran clase de bioestadística. No me gustaba nada cuando se paraba y me llamaba por mi nombre completo, cuando nadie lo hacía. Yo, sin dudarlo, no tenía ni fuerza anímica ni ganas de soportarle otro día más. Aquel ser debía tener algo contra mí, sino no jamás lo conseguiré entender.

    Me dirigí hacia el parque en el que un día fui feliz y, tras un largo camino, allí me encontraba. Sin embargo, aquello parecía tan lejano ya que no parecía tener importancia. Me senté en uno de los bancos y comencé a llorar sin previo aviso. ¿Qué por qué lloraba? Ni yo misma lo sé.
    Mientras seguía concentrada en mi llanto, algunos niños murmuraba tras de mí y algunas parejas me miraban sorprendidas, creo que preguntándose la razón de mi dolor. Y así seguí largo rato, hasta que unas gotas de lluvia, que se camuflaban con mis lágrimas, me hicieron levantar la cabeza y mirar al cielo. Estaba lloviendo.

    Rápidamente corrí para refugiarme en algún lugar. Encontré un pequeño bar cercano y me quedé bajo el toldo del local, empapada, hasta que cesó.

    *****
    De vuelta a casa, aún mojada, agitada y sin aliento tras el largo paseo, mi madre me anunció que había tenido una carta sin remitente. ¿Quién habría podido escribirme una carta? Apenas tenía amigos dentro de Madrid, así que menos iba a tenerlos fuera. ¿Tal vez se habrían equivocado de dirección? “Supongo que será alguna broma que me han gastado mis compañeros...", pensé mientras subía a mi habitación dispuesta a leerla.
    Y allí estaba, encima de mi escritorio en un sobre azul y firmado con una letra que fui incapaz de reconocer...

  2. #2
    Avatar de Paranoid Hard to explain.
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    Ya te lo dije, me encanta como escribes, señora ^^

    Síguela por aquí, está muy bien.
    Control is an illusion.


  3. #3
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    Me ha encantado la historia, de verdad. Sigue.^^

  4. #4
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    Gracias a ambas, ^^. Pronto subiré la 2º parte, .

  5. #5
    Avatar de niitylo~ Colaborador/a
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    la verdad es que me he qedado con ganas de seguir leyendo!!
    ~NiitylO~

    www.tentaciiondulce.blogspot.com

    Lø mas bellø de la V.I.D.A. es caer en la tentaciøn de tus[besøs]

  6. #publi
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  7. #6
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    Gracias, ^^. Pronto subiré la otra parte, =P.

  8. #7
    Avatar de Artemisa *Taita*
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    Like.Me!!! me has dejado con muchisima intriga! te felicito, tienes un buen modo de escribir, lograste "atraparme" con lo q he leido... para cuando lo que sigue???

  9. #8
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    Aquí va la segunda parte... Un poco larga, xD. Intentaré acortarlas un poco más porque sino... :_. En fin, espero que os guste.

    Dicen que soy muy cabezona, que soy demasiado sincera y que tengo la mente llena de pájaros. También dicen que soy muy joven todavía para saber lo que quiero, que cuando crezca cambiaré mi forma de ser y de pensar, y que puede que todo por lo que discuto ahora tanto, luego ni lo mencione. Dicen que aprenderé cosas que ahora no deseo aprender. Me parecen, según ellos, aburridas, caóticas e inservibles a mi modo de ver la realidad. Me han dicho que la juventud me hace ser rebelde, inconformista y hasta inagotable, pero que eso se irá con los años para transformarse en desconfianza y desengaño.

    Ésta es la visión que mi propia madre, en particular, posee de mí. Es posible que tenga mis defectos, pero ya soy capaz de pensar yo misma y no necesito ayuda de nadie para elegir mi vida. Por eso, me distancié de ella cuando se casó con Paul el año pasado y yo aproveché para irme a vivir con mi novio, Roberto, idea que a mi madre no le hizo mucha gracia, por supuesto.

    Pero Paul no es mi verdadero padre ni tampoco el de mi hermano Daniel. ¡Qué va! Mi verdadero padre nos abandonó hace muchos años. ¿Su razón? Siempre me han contado que él deseaba más que nada hacer su sueño realidad, ser inventor reconocido, y por eso nos dejó aquí, en Madrid, para irse a cumplirlo un poco alejado de todo esto. Y aquel destino es Londres, lugar donde vivió desde entonces.

    La última vez que le vi fue hace dos años. Sentí una sensación realmente extraña cuando le divisé a lo lejos en plena Gran Vía, en el cruce que hace esquina con Plaza España. Al principio, no di crédito y dudaba de sí realmente era él o no. Sin embargo, cuando pasó por mi lado supe perfectamente que no me había equivocado, a pesar de que pasó esquivando a una multitud enloquecida porque el semáforo ya se había colocado en rojo. Ni siquiera me miró.

    En cuanto me enteré, fui a contárselo a Miquel. Él se convirtió en mi mejor amigo desde que tuve diecisiete años. Le conocí una tarde de enero en la que estaba esperando al autobús. Yo, sentada escuchando a Muse, empecé a oír gritos que superaban los decibelios de mis auriculares. Ante tanto escándalo, me di la vuelta y a través del cristal de la marquesina, le vi. Estaba discutiendo en plena calle, mientras todas las personas de su alrededor les miraban fijamente, con el que parecía ser su jefe por su decimonoveno retraso.

    -¿Y tú qué miras?- me dijo malhumorado, sentándose a mi lado.
    -Nada… Pero si ése es tu jefe tiene pinta de enfadado.
    -Era. Me acaba de despedir… - sentenció Miquel.
    -¡Vaya! Lo siento.
    -¿Cómo te llamas? – preguntó, cambiando de tercio.
    -Debra. ¿Y tú?
    -¿Debra? ¿Qué nombre es ése? – recalcó tanto la última palabra que empecé a sentirme incómoda.
    -Débora, es Débora.
    -Qué nombre tan… exótico. Yo soy Miquel, encantado. Siento que nos hayamos conocido en estas circunstancias…

    A partir de ese día, entró en mi vida para no irse. Desde luego, no conocí persona más despistada que él en mi vida. Nuestra relación se basa en peleas y en juzgar quién tiene la razón hasta de los temas más insospechados e idiotas. No hará falta decir que es él quien acaba ganando. Éramos totalmente opuestos, pero era el único ser que había permanecido a mi lado todo este tiempo.

    El otro eslabón perdido de mi familia es Daniel. Mi hermano, tan distinto a mí en todos los sentidos… Jamás llegué a comprender ni su rebeldía extrema, ni sus ansias de libertad tan desmesuradas. Tampoco entendí por qué rechazaba tanto a mamá a pesar de todo lo que hacía por él. ¡Y eso que no podía sacar peores notas ni meterse en tantos problemas! Creo que no quedaban problemas suficientes para él; era egoísta hasta para eso.

    Y un buen día, dejando un post-it en la puerta de la nevera con bolígrafo desgastado, dijo que se iba de casa hasta que Paul no recogiese sus maletas y se fuese de allí, aunque tal suceso no iba a tener lugar. Paul era demasiado autoritario y mucho más exigente que mamá para con él.

    -Agrrr… ¡Estoy harto! Como continuemos así me iré de aquí.
    -¿Qué te irás? – decía Paul, sonriendo de ironía.
    -¡Sí, me iré! Así no tendré que soportar más a este dictador hogareño. – sentenciaba siempre, dando un portazo.

    Esto desembocó en un millón y medio de peleas inexplicables en las que yo no fui partícipe. Sin lugar a dudas, me siento afortunada de ello. Jamás fui de argumentaciones extensas y era incapaz de darle la razón a la persona más justa y buena del mundo. La razón de esto es que toda decisión trae unas consecuencias… y esta historia es un cúmulo de consecuencias tomadas por todas las decisiones asumidas durante una fría semana de noviembre.


    En ese momento me encontraba reflexionando sobre mi vida, y entre mis manos el sobre azul de caligrafía irreconocible. Y entre tímida y misteriosa, la leí:


    Madrid, 1 de noviembre de 2008

    Querida Debra,

    Hoy te he vuelto a observar deshojando margaritas que no parecían darte la respuesta acertada, ¿me equivoco? Estabas sentada en una de las ramas de tu árbol favorito durante el corto tiempo que perduró tu no tan feliz infancia. Encogida sobre ti misma y sin dejar de arrancarle los pétalos a unos seres que no habían tenido la culpa del terremoto que te había sucumbido esta vez, sé sincera, mezclabas sentimientos acerca de lo ocurrido.

    No sabría explicarte muy bien qué son los sentimientos. Tampoco lo que no son. Sólo estoy en la certeza de que si están ahí, es por algo. Siempre pensé que los seres humanos habíamos llegado hasta este lugar, la Tierra, con el fin de extender la inteligencia debido a que ella regía nuestro pasos. Sin embargo, con el paso del tiempo me di cuenta de que no era totalmente cierto, sino que por el contrario era gracias a los sentimientos por lo que lográbamos controlar ciertos defectos que se habían instalado en nuestra cabeza por la existencia de la inteligencia. Ni los juicios de valor tendrían sentido sin sentimientos de por medio.
    No obstante, no es a esto a lo que quería llegar.

    Es en este momento cuando más dudas de su amor. No te preguntes cómo lo sé, ni yo entiendo todavía ciertas cosas acerca de ti. Tras verte así, con la mirada perdida ya cansada, después de horas con el mismo movimiento en tus manos – el de deshojarlas -, me quedé prendado entre unas mareas de pensamientos que no se resignaban a dejarme escapar.

    Es posible que cuando hayas leído esto sea de noche y hayas dejado al árbol sin ninguna sola flor a la que consultar tu simple duda. Y ahora échate a dormir. Conociéndote me imagino que son las tantas de la madrugada y que estás con esta carta entre tus manos, seguramente maldiciendo a este yo que las escribe.

    Y eso hacía siempre cuando necesitaba pensar, deshojar margaritas en mi árbol de la infancia, que como ya os dije, es mi pasatiempo favorito.¿Quién había sido el susodicho que había descubierto uno de mis mayores secretos? Un escalofrío recorrió mi alma.


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