Generación del noventa

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    Generación del noventa

    GENERACIÓN DEL NOVENTA

    Te propongo contarte una historia para no dormir.
    La de uno que suspendió las oposiciones de príncipe azul.
    La de uno que tiene el mono de no poderse fumar más esa droga de vivir.
    La de uno que quiere columpiarse en unas nubes cada vez más estrechas
    donde quizá alguna angelita quiera caerse para estar un ratito a su vera.
    Siento desilusionarla pero eh, el cielo puede esperar.
    Todavía me necesitan en este almacén de casos perdidos
    donde seguiré intentando borrar del diccionario
    por lo menos en mi vida la tercera persona del plural,
    y levar anclas de mi puerto de errores con mis malas compañías.
    Así que para todos aquellos que hagan cola en la oficina
    de quejas para aquel que haya repartido los boletos de la suerte,
    les propongo un viaje de ida hacia ese mundo ideal aún por descubrir.
    Y una entrada para meterse en el laberinto de la mente
    de este vampiro que necesita una urgente transfusión
    de una sangre más optimista que la suya,
    que ha presentado la baja voluntaria en ese rollo de seguir.
    Y es que no ha encontrado un camino donde le hagan paseíllos de besos.
    Y es que aún está intentando adivinar el final de este cuento,
    que no cree que acabe muy bien
    más aún conociendo su historial de alergia a comprometerse,
    de demasiados bailes impagados por ese miedo a tener las cosas claras,
    por no querer decir te quiero más veces de lo que sería prudente.
    Y mientras tanto ahí sigue imaginando hadas bailando a su alrededor,
    presentando solicitudes al Sol para que le dé algún día una sesión,
    que haga que deje de soñar despierto pensando
    en lo que podría haber sido esa noche.
    Para cambiar ese rumbo desviado por el efecto alcohol
    que nos sabe cada vez más a poco en nuestro rincón
    para locos por esta sociedad
    que intentarán que mañana no me pueda levantar.
    Y es que ya no es como antes como cuando yo era un poeta.
    Ahora se le hace un hueco a la soledad
    y no se brinda por el mañana sino por lo que eras.
    Y es que los tiempos han cambiado
    y las viejas glorias están en busca y captura.
    Y es que la vida está muy mal repartida
    y a mí me ha tocado jugar la partida en plena aventura veintiuna.

    ¿Y qué queréis si soy uno de los hijos no reconocidos
    de esta generación del noventa?
    Sí, un proscrito de esta sociedad que no acepta
    que no se diga que las nuevas generaciones vienen pisando fuerte,
    apuntando alto y soñando con cambiar el ayer.
    Sí, aquellos que confirmaron eso de que esto no va bien,
    aquellos que llaman a los pasajeros para coger el siguiente tren
    -de la fortuna- y llamar a las puertas del cielo.
    Primos del desengaño sin secuelas.
    Compañeros de copas de una inocencia
    que también se compadece de nosotros
    cuando nos ve aparecer y tocar entre brindis las campanas
    desde la una hasta las ocho, de la noche a la mañana.
    Sobornando al tiempo para que las noches apaguen la luz de los días.
    Uno de esos que no sabe ni de dioses ni de religión ni de vías,
    que no está de acuerdo con nada, que ha jubilado ese rollo del ideal,
    que ha dejado buscando en Internet un motivo para continuar.
    Uno de esos que saben que sólo quieren aquello que les está prohibido desear.
    Un halcón precoz que ha olvidado cómo se vuela.
    Un alérgico del corazón,
    desde el cual piensa ahora cuando escribe esta absurda canción
    que nació como todas, de un querer y no poder,
    de la resaca de una sobredosis de amor.
    Uno de esos casanovas en paro y sin musa.
    Uno con complejo de trapecista en eso de saltar sin red.
    Uno de esos catetos sin hipotenusa.
    Uno de esos que aún creen en esas tonterías del amor verdadero.
    Uno de esos que alojaron al rock en una residencia de ancianos
    y que despiertan cada día a un Sol demasiado acomodado
    con su música a veinte revoluciones
    que suena igual que este letra,
    trepando de tejado en tejado
    gritando que ya es hora de que Morfeo se duerma
    y salga la gente a la calle a corear con nosotros: eso de que viva mi generación.
    Que puede que no sea la mejor, pero es la titular
    en este juego, en este baile de máscaras de salón.
    Y si no es verdad y es cierto que las cosas se ven mejor desde fuera,
    supongo que algún vez haremos inventario de recuerdos
    y nos reiremos de aquellos días de los que tanto nos quejábamos,
    aquellos en los que de vez en cuando podíamos mandar esta existencia
    más allá de unos vientos que ya maldijeron a esta sociedad
    de poetas sin talento y talentos sin oportunidad,
    oportunidades sin voz y voces sin buena letra.

    Tengo una deuda de sangre con una idea
    que anda paseándose por una mente
    que se ríe de aquellos que no me creen cuando digo
    eso de que nada es para siempre,
    eso de que volveremos a cometer los mismos errores.
    Me gustaría vernos tras unas cuantas primaveras, ya menos jóvenes,
    comprobar si siguen corriendo las mismos principios por nuestras venas.
    Me gustaría poder contratar un resguardo de sueños,
    tener ganas de tenerlas,
    querer volver a los nidos del pasado con un billete de vuelta,
    encontrar valor para volverla a decir cuanto significaba para mí,
    poder pintar el rostro de aquellas Venus del XXI tal como eran,
    aquellas que nos hicieron perder algo más de vida en unos ojos
    demasiado rojos por emborracharse de recuerdos
    en nuestro bulevar de sueños rotos.
    Nuestra oficina de atención a un paciente,
    donde solemos anidar cuando las calles se desvelan,
    ahora que aprieta más el frío, que aprieta más la urgencia
    de que alguien venga y me cuente al oído
    si esto ha merecido la pena, si soy mejor de lo que pienso,
    si esta ave de paso ha sabido encontrar su sitio.
    Me encantaría saber si nunca tendrán que retirar de las tablas
    a este callejero que ha perdido el norte,
    a esta bala encasquillada que lucha por abrirse camino,
    y que cada noche acampa en su ventana
    y discute con las musarañas que le dedican un par de temas
    que ayudan a poner ritmo a estas letras
    que se oyen mejor si son sólo para dos.
    Pero son demasiado tristes, así que despertemos de su tumba al rock
    y pidámosle que nos toque otra vez la canción de los viejos tiempos.
    Hagamos un duelo de guitarras en esta cantina
    de aconsejados por unos antiguos vaqueros que no dudarían
    en batirse a duelo con la vida por no haber podido disfrutar
    en todo su esplendor esta loca y absurda generación
    de jóvenes promesas que no se quedarán en eso después de ver
    cómo los problemas saben tan bien bailar el cán cán a su alrededor,
    cómo llega un momento en el que empiezan a pensar dónde está el amor.
    Y es que a nosotros la vida también nos ha hecho una mala jugada,
    pero aún podemos plantarla jaque, pero aún podemos meterle gol
    hacérselas pasar canutas.
    Así que os propongo manifestarnos en el balcón de la Luna
    y cantarle una bonita canción de cuna, que dice eso de que:

    Aquí están los hijos no reconocidos,
    de esta generación del noventa.
    Esa que suspendió en obligaciones y metas.
    La generación del overbooking de neuronas,
    donde aún nadie sabe el modo de poder volar sin quitar los pies de la tierra.
    Donde el deseo ha suplantado a la conciencia,
    la moda de las ideas viene con colores oscuros en vez de claros,
    y en la pista de baile sigue habiendo mucha chica mona pero ninguna sola.
    Sí, uno de esos nadadores a contracorriente.
    Uno de esos macarras de los que suelen hablar
    cuando se cierra el telón de las buenas historias para contar.
    Uno de esos reacios a pedir consejo y hablar de dolor.
    Visionarios sin nadie que quiera escucharles.
    Oídos sordos de aquellos que dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor.
    Barmans en esto de preparar el mejor cóctel para olvidarse.
    Hermanos de sangre del sentimiento de pasárnoslo bien.
    Pirómanos en eso de calentar las calles.
    Desertores en eso de luchar por un ideal.
    Uno de esos navegantes de un cielo
    que no aguanta eso de que los pájaros hayan dejado de cantar
    por el son de las guitarras de estas ratas de ciudad
    que cogieron el barco equivocado en unos malos tiempos
    donde aún te venden pastillas de amor mezcladas con amistad.
    Donde en la mesa del fondo de nuestro bulevar sigue el pulso
    entre el Yin y el Yan.
    Donde las chicas buenas son una leyenda urbana
    y no se sabe hasta cuánto se puede o se sabe esperar
    para recibir la contestación de un sueño que de nuevo se hace de rogar.
    Sí uno de esas ranas a las que la sociedad no quiere besar.
    Uno de esos héroes con complejo de defraudar.
    Uno de esos sabios con mucho que aprender.
    Uno de esas rosas negras con demasiadas espinas.
    Uno de esos a los que más que ganas les falta tiempo para hacerse valer.
    Uno de esos casanovas a los que la vida les puso los cuernos.
    Uno de esos masokas que siguen cantando
    ahí donde más duele en el corazón de aquellos
    demasiado ocupados como para seguir escuchando
    a estos monstruos que salen a la luz de la Luna,
    en una noche como ésta en la que no existen reglas,
    no existe hora de cierre y tenemos todo el mundo
    para demostrar que la vida es bella y si no se la pinta otra cara
    y es que si hablamos de mi generación sobran las palabras,
    pues todavía queda día para rato y hay muchos gatos sin gatas.

    Y es que todavía nos queda un repertorio de trucos de salón.
    Y es que todavía nos quedan muchas anécdotas que contar.
    Y es que todavía nos quedan ganas y nos sobra razón.
    Y es que todavía nos queda mucho por andar
    y aún podemos poner patas arriba a un mundo
    demasiado aburrido si no hubiera gente como tú,
    demasiado perfecto si no hubiera gente como yo.
    Un mundo al que le faltan mares para naufragar,
    al que le faltan islas para huir cuando ve cómo la nueva generación
    viene soñando con que algún día no será necesario
    escuchar esta canción para recordarlo,
    no será necesario decir tantas veces te amo,
    no será necesario mirarse el reloj para saber que ya es hora
    de acostar a los miedos y arropar al cuidado.
    Pedirle al del piano que repita otra vez este canto,
    dar el doble de propina al de la puerta
    para que cierre algunos minutos después,
    sobornar a la lluvia para sentirte mejor,
    volver a tararear esta melodía
    que espero resucite a más de un fantasma en vida,
    que se quedó muerto cuando vio cómo nuestra generación
    colgaba el cartel de bienvenido al paraíso
    a todos aquellos que se apunten a repetir esta canción.

  2. #2
    Avatar de darkessence_ soy una cabra shhhhh
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    Murcia patria keridaaaa!xD
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    Hola...........¿??¿¿?¿??¿¿?
    Darkessence.... la de casa, la de siempre!
    xD

  3. #3
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    Volar? ¿Por qué no vivir?

    Pues perfecto, porque no me gusta volar si es solo

  4. #4
    Avatar de UnBreAkABlE Participativ@
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    me gusta muxo komo eskribes, pero lo de generacion del 90.. bah no se, eske esa generacion aun no hemos hecho nada ke merezka la pena
    todo por esa sensación única, por ese momento de máxima lokura, kuando estás ahí arriba y todo desaparece; la música te invade, el ritmo recorre todos tus sentidos y tu eres Dios; y todo está bien, porque ya nada existe y entonces el todo y la nada se unen para ser uno solo. porque ahora solo oyes el ritmo que te envenena despacito, cada vez más rápido, empezando bien abajo, por los múskulos de tus pies, y subiendo hasta llegar al korazón; revolucionando todo a su paso. y cuando llega al corazón trasnforma tus latidos. hasta que llega a la cabeza y retumba en ella; y solo oyes el ritmo potente, y solo existe el ritmo potente (ke retumba en tu kabeza una y otra vez, una y otra vez..).
    y pierdes la kabeza, y pierdes la razón. y solo vives para y por el ritmo, porke es el kien te alimenta.
    porke ahora solo existís el ritmo y tu.
    el ritmo, tu, ..y esa morbosa melodia ke te hace volar..
    vivir para bailar

    [(*)LIVE TO DANCE(*)]

  5. #5
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    sencillamente SUBLIME, te lo digo de todo corazón....es tuyo?? Es una auténtica maravilla leerte...


    COUSO, SIEMPRE TE RECORDARÉ...
    "TODOS ÍBAMOS EN ESE TREN"

  6. #publi
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  7. #6
    Avatar de C'mon poweredByMe
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    dios..impresiona bastante felicidades
    Era un niño que soñaba
    un caballo de cartón.
    Abrió los ojos el niño
    y el caballito no vio.

  8. #7
    Avatar de Lupicinia Pisabarros vertical y transversal
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    UnBreAkABlE escribió: Ver mensaje
    me gusta muxo komo eskribes, pero lo de generacion del 90.. bah no se, eske esa generacion aun no hemos hecho nada ke merezka la pena
    tienes razon, pero de todas formas es que los mas mayores tienen 16 años...con esa edad poco peudes hacer




  9. #8
    Avatar de *SimbiosiS Sufro.
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    Es genial ... veo a las frases más fatalistas especialmente bonitas, románticas (no hablo del tipo de romanticismo que se ve en las películas americanas) Me ha encantado. Hay algunas cosas en las que no me he reflejado tanto, algunas un poco más positivas. Y ante todo las tres primeras partes son geniales.

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