Escritos e historias

  1. #1
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    Escritos e historias

    Os dejo una historia que escribí hace ya ufffffff ni se sabe. Os pido disculpas por las posibles faltas ortográficas y cosas extrañas, pero el original estaba en valenciano y lo he pasado al castellano con un programilla por eso de que no todos entendéis el valenciano. Espero que os guste.
    P.D.: fue el 1º premio de literatura en valenciano del 2003.
    -------------------------------
    Yo no hice aquello, por descontado que no fui yo. ¿Cómo podría una persona matar tanta gente y de esa forma?

    En Los Ángeles de Estados Unidos hubo una serie de asesinatos que levantaron ampollas en el pueblo norte-americano. Aparecieron en toda la región del Valle de San Fernando cuerpos de mujeres muertas, aparentemente bajo el mismo procedimiento bestial mediante el cual las asesinaban. Los federales del FBI buscaban incansablemente pistas que evidenciaran quién era el salvaje que estaba matando sin remordimientos.
    Después de más de diez meses en los que se encontraron diecinueve mujeres, fue condenado un hombre llamado Anthony McHasty Astin. Fue juzgado por un tribunal civil y fue condenado a muerte.
    Anthony estaba viviendo en la región de los asesinatos y se recogieron diversas pruebas genéticas y de diversa índole que le inculpaban directamente en los crímenes.

    EL ASESINO DE LA ESTILOGRÁFICA DETENIDO

    Por N. Monaghan
    El asesino de la pluma fue detenido ayer. Los casos del Valle de San Fernando han quedado resueltos. Desde hace diez meses la población de Los Ángeles ha estado sacudidos por este individuo que asesinó diecinueve mujeres de la región.
    Las mujeres encontradas presentaban una incisión en el bajo vientre por el cual se escurría la sangre coagulada. Todas se encontraban apoyadas sobre una balsa de aceite de coche y recostadas en una pared que miraba hacia el este. En los pechos faltaban los pezones y en su lugar había dos relojes de bolsillo que marcaban las doce. Cerca del cuello, a la altura de las clavículas, tenían grabadas con una pluma estilográfica las letras C.M.A. y sobre estas se podía leer “Todo sea por Dios”.
    En la espalda, también con una estilográfica, se podía ver un dibujo de un reloj que marcaba las doce.
    A todas le habían drenado la sangre y pintaron con ella toda la pared, donde se apoyaba la pobre desgraciada, con la inscripción C.M.A. Las mujeres pertenecín a la calle, eran prostitutas y comerciaban con su cuerpo, aunque a ninguna de ellas le faltaba el dinero, todas tenían, todas tenían un buen fajo de billetes que no fueron hurtados. La policía determinó que el asesino mataba por placer, porque le gustaba matar y pusieron manos a la obra. Recabaron pruebas, muestras de ADN, vídeos y otros y determinaron que el culpable era un individuo de la región del Valle de San Fernando llamado Anthony McHasty.
    Este joven de veinticinco años ha sido juzgado por un tribunal civil y ha sido condenado a muerte, ahora espera en el corredor de la muerte, esperando justicia.
    Todos los norteamericanos podemos estar seguros.



    En prisión, los guardias paseaban plácidamente por los pasillos golpeando con desgana las puertas blancas de los prisioneros. Anthony estaba desconcertado, llorando en su cama. Él no había sido, no era capaz de cometer una salvajada semejante. Arrodillado, cerca de su lecho de sábanas blancas y frescas, pensaba una y otra vez la injusticia que habían cometido contra él. Masticaba la tibia comida que le traían y veía como uno tras otro se escurrían los presos condenados como él, gemían como cerdos en un matadero, tomados de los brazos por los guardias y destacando el color naranja del mono por encima de las blancas paredes que conducían a un Cielo no merecido por algunos.
    Fuera de la prisión, la gente continuaba su vida. Pero el día quince de Enero del año dos mil veinte, el asesino de la estilográfica volvió a matar. La policía encontró otra prostituta, tumbada cerca de un charco de aceite, con relojes en lugar de pezones y las inscripciones C.M.A. en el pecho. En este asesinato no se encontraron pruebas concluyentes que ofrecieran un autor y determinaron que fue un penoso imitador del asesino de la estilográfica quién cometió el crimen. Entonces, la policía cayó en dudas y la gente empezó a preguntarse quién era realmente aquel asesino. La preocupación fue creciente, pero el gobernador no movió un dedo. La familia de Anthony redactó un escrito reclamando la liberación de su hijo y la supresión total de la pena máxima en espera de un nuevo juicio. La petición, cómo si no, no se aprobó. Se celebraron múltiples manifestaciones civiles donde se reclamaba la libertad del inocente, pero el gobierno no lo liberó.
    La madre de Anthony McHasty y su padre acudieron a visitarlo a la prisión para decirle todo lo que estaba ocurriendo:
    - Hijo mío, cuanto dolor he de sufrir yo para que puedas salir de aquí.
    - No saldré nunca, mamá. Todas las pruebas me inculpan: el ADN, el vídeo de la caja de ahorros, todo. ¡Todo está en mi contra!
    - No hijo, han encontrado el cuerpo de una pobre muchacha. Dicen que también la ha matado el mismo hombre, ¡y tu estabas aquí!
    - ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?
    - Mira hijo – dijo el padre –, han encontrado otra chica, asesinada de la misma forma que las otras.
    - Eso no va a cambiar nada, todos sabemos que el gobierno necesita pruebas, pruebas palpables de que ese asesinato lo cometió el asesino de la estilográfica. Yo no soy, pero pensaran que ha sido un pobre loco que intenta copiarme.
    - ¿Pero qué estás diciendo, hijo?
    - No voy a salir de aquí mamá. Me quedan dos semanas para tumbarme en mi última cama. ¿Habéis hablado con Collin? Quiero confesarme antes de morir.
    - Tu hermano ha ido hacia Hollywood, pero regresa mañana. Si quieres que hable con él y que venga a visitarte...
    - Sí, me gustaría mucho, papá.
    - Es la hora – dijo un guardia desde la puerta.
    - Me voy mamá, adiós papá, no os preocupéis.
    Anthony regresó a su celda y se acostó en la cama. Se quedó pensativo “Todo sea por Dios”, estilográfica, relojes, C.M.A., una balsa de aceite... ¿qué era todo aquello? ¿Por qué una estilográfica, por qué una charca de óleo, y los relojes?

    Al día siguiente Anthony recibió la visita de su hermano, que era obispo de la cuidad, el cual había de confesar al supuesto asesino.
    - Hola Anthony.
    - Hola Collin, ¿cómo estás?
    - Eso no importa ahora. ¿Cómo estás tú?
    - Jodido, estoy realmente jodido. Pero no quiero eso, quiero que me confieses.
    - ¿Yo?
    - Sí, tu. ¿No quieres?
    - Hombre, soy tu hermano, no sé si debería...
    - Vamos hombre, no seas antiguo, que parece que quieras volver a la edad media. Ya hace mucho que la Iglesia no tiene el poder que tenía antaño.
    - Ya lo sé, hermano. Dime entonces, cuéntame tus pecados y yo te ayudaré para que Dios te remiende.
    - En primer lugar, pido perdón por todas las veces que te he azotado cuando éramos pequeños. Pido perdón por todas las veces que he sido infiel a mi mujer y nunca pagaré lo que debería por ello. Yo la quería, la quería muchísimo, pero soy un hombre débil, un hombre de sensaciones, no podía evitar acostarme con otras mujeres que me atraían. Pido perdón por todas las veces que he mandado a tomar por culo a Dios y tú me decías que no debía blasfemar. Pido perdón por ser como soy y por no haber llevado una vida como la que quería haber llevado.
    - ¿Y los crímenes?
    - ¿Los crímenes? ¿Aún crees que he sido yo?
    - Hombre, realmente no sé qué decirte. Todas las pruebas te señalan a ti, ¿qué quieres que piense?
    - Parece mentira que seas mi hermano. Parece mentira que hayas vivido conmigo toda tu miserable vida. ¿Cómo puedes pensar, sin sudar de vergüenza, que soy yo el asesino de la estilográfica? Sabes perfectamente que nunca en mi vida he escrito con estilográfica, no como la mayoría de la gente: mamá, papá, tú, Sean, Mike y todos mis amigos escriben y saben escribir con ella, pero yo no.
    - No sé, Anthony, no sé qué decirte. Estoy confuso. Antes de ayer encontraron un cuerpo de una mujer que fue asesinada de la misma forma en la que encontraron a las anteriores.
    - Yo no asesiné a ninguna de las chicas. Sé que solía visitar prostitutas, pero nunca en mi vida se me había cruzado por la cabeza matar a una, ni mucho menos matar diecinueve.
    - Ya te digo que no sé nada. No creo a nadie, ni a ti, ni a la mamá, ni al papá, ni al gobierno. No sé. Dios hablará. He de marcharme ya.
    - ¿Pero Dios me perdona o no?
    - Dios perdona tus pecados y libera tu alma de ellos.
    - Collin.
    - Dime.
    - Yo no he sido.
    Collin tomó el pomo de la puerta y la cerró muy suavemente. El guardia la cerró con llave y acompañó al obispo hacia la salida. Anthony se quedó de pie, mirando a su hermano. Caminando por el pasillo, alejándose de su celda. Anthony empezó a llorar. Se deslizó dentro de la cama y volvió a pensar en los crímenes que el Estado le colgaba sobre la cabeza, y que a modo de daga de Damocles que pendida de pulgar e índice, caerían para causarle la muerte.
    Mientras tanto, en la calle, la gente se alzaba a voz en grito reclamando la libertad de Anthony. Los aullidos populosos resonaban con fuerza en las paredes y los padres del chico encabezaban la manifestación solicitando la suspensión cautelar, únicamente una suspensión cautelar, de la condena.

    Pasaron los días y las dos semanas y nadie movió un dedo. Llegó la víspera de la ejecución y los padres de Anthony y su hermano, Collin, visitaron al prisionero.
    - Hijo, hemos hecho todo lo que hemos podido.
    - Sí. Collin ha intentado utilizar sus influencias para tratar de liberarte, pero no ha podido hacer nada.
    - ¿Es cierto eso?
    - Claro que sí. Ya sabes que aunque no sepa quién es ese asesino, tú eres mi hermano.
    - Bendito seas.
    - ¡Hijo! No hemos podido hacer nada–dijo su madre envuelta en lágrimas dolorosas, de rabia y tristeza.
    - Tranquila, Diana. No llores.
    - ¿Cómo no voy a llorar? Mi hijo va a ser asesinado, ¡asesinado!
    - Ejecutado.
    - Calla Anthony, te van a asesinar.
    - Ellos lo llaman ejecución. No puedo hacer nada. Estoy mentalizado para que no me afecte.
    - ¿Pero qué dices?
    - Que no pienso en eso. Vivo el día y no pienso en el mañana. Además, sólo tengo que acostarme en una cama y dejar que me pinchen, no voy a sentir dolor.
    - Es la hora –advirtió un guardia.
    - ¡Anthony!
    - Mamá, he de irme.
    - Anthony, mucha suerte –dijo Collin.
    - Gracias. Adiós a todos, hasta dentro de tres días no nos veremos.
    - ¿Tú escuchas, John? ¿Escuchas qué dice?
    - Nos veremos en el entierro, mujer.
    - ¡Hijos de puta! Eso son todos estos y los jueces y el gobierno. ¡Malditos sean! ¡Me han robado a mi niño!
    - Anthony –va dir Collin.
    - ¿Qué quieres?
    - Coge esto –Collin abrió uno de los cajones metálicos que permitían la transferencia de objetos. El guardia cogió el sobre y lo revisó, sin leerlo. Todo en orden.
    Anthony desapareció por la puerta agarrado al sobre de su querido hermano. Los padres y Collin se quedaron fuera tocando el frío cristal que los separaba y el padre, John, colgó rabiosamente el teléfono. Los tres salieron de la sala, llorando y la madre de Anthony se ahogaba en sus propias lágrimas, maldiciendo el sistema, maldiciendo la justicia.

    Al día siguiente, Anthony se despertó y leyó la carta de Collin. El guardia abrió la puerta y sacó a Anthony que lloraba como un descosido. El sobre le cayó de las manos y se deslizó grácilmente bajo de su fría cama. Dos guardias lo llevaron hacia el lecho metálico donde le inocularían la inyección letal. Acostado en la cama, sollozando, sintió cómo la aguja se clavaba en su brazo y le dolía el corazón, de pesar y tristeza. Miró hacia lo más alto de la habitación y vio una luz. Giró la cabeza a los lados y observó a los dos guardias que le habían llevado a la habitación y que lo miraban pasivamente. Todo se tornó borroso, como repleto de niebla, y luego se apagó la luz.
    En la carta de Collin, escrito con estilográfica, se leía:

    Querido Anthony;
    Espero que mañana no lo pases muy mal. Quiero que sepas que el asesino de la estilográfica soy yo. Preguntrás porqué lo hice. Simplemente porque las personas de la medida de estas mujeres son una aberración hacia la Biblia y los mandamientos de Dios. Como supondrás, C.M.A. son mis siglas, los relojes marcaban la hora en la que las asesinaba, “todo sea por Dios” no debe tener ninguna dificultad. Además, siempre he escrito con estilográfica y el charco de aceite estaba quemado. Le prendía fuego porque sabes que el fuego es purificador y me servía para destruir mis ropas sucias. Roma esta al este de Los Ángeles, por eso las chicas siempre miraban hacia el este.
    Sabes que siempre te he tenido cariño y no quiero que te pase nada, pero tampoco quiero que me ocurra a mí.
    Tú no podías ser, por supuesto que no, no eres tan inteligente. He sido yo.

    Cuando Anthony leyó la carta lo comprendió todo. El vídeo, el ADN, todas las pruebas. Collin era su hermano gemelo, ¿cómo no se había dado cuenta antes? Puede ser porque era su hermano, puede ser porque era obispo, puede ser también porque él lo quería pensar así y no quería creer que su propio hermano pudiese ser capaz de cometer tal bestialidad.

    La carta fue encontrada, pero nunca se encontró el autor de la misma. No había huellas, sólo las de Anthony. Nunca se dijo nada más de aquel trozo de papel y se quemó.

    Anthony fue enterrado en el Valle de San Fernando, en una ceremonia familiar. La misa fue impartida por Collin, el hermano gemelo de Anthony. Toda la familia lloraba por el chico que, todos sabían, era inocente. En la lápida estaba escrito “Tu familia no te olvidará” y la foto de Anthony brillaba esplendorosamente. Collin acudía todos los días al cementerio y se quedaba mirando la lápida, serio, como de piedra. Dejaba un ramo de flores con un reloj de bolsillo con las iniciales C.M.A. y se marchaba.

    Nunca capturaron al asesino de la estilográfica, no capturaron a Collin. Y en la celda de Anthony estaba arañado en la pared con un clip “yo no he sido”. El mantenimiento de la presión lo borró con un poco de pintura blanca, claro.
    ---------------------------
    Que quede claro que no tengo nada en contra de la Iglesia. Saludos!!
    Última edición hecha por Giszt, 22/11/2007 a las 23:35.

  2. #2
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    Vosotros podríais colgar alguna vuestra.
    Nos vemos!!
    XDDD

  3. #3
    Avatar de Witchburn Cazadora de cometas
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    Esto va en el tablón ^_^

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  4. #4
    Avatar de Strausser What were you looking at?
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    Ehm... eso iba a decirte.
    En El Tablón la leerá más gente.


    Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que ésta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá.


  5. #5
    eres chuli eh
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    Opinión y tal: está bien narrado, el tema y estilo es un tanto manido y tal, poco original, pero engancha bastante y se lee muy fácilmente.

  6. #publi
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