El elefante Blanco

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    El elefante Blanco


    Historia basada en la miniserie italiana El elefante Blanco y reproducida esta en palabras parcialmente, que a su vez está basada en el libro La ciudad del rey leproso.



    Capítulo 1- La semilla plantada en Jarma



    En la Indochina llena de habitantes franceses y holandeses, exactamente en un pueblecito Tailandés, llamado Jarma, vivían dos jóvenes príncipes gemelos.
    Eran un niño y una niña de apenas diez años de edad y jugaban en el gran jardín de su palacio, ignorando la maldad y corrupción que rodeaba a su pueblo, gobernado por su padre.
    Se escondían tras un gran Buda tallado en piedra que allí se encontraba y exaltados por la adrenalina que les producía jugar con su amiguito francés, salieron de su escondrijo, diciéndole:

    - ¡Adivina! ¿Quien es Maya, quién es Mandi?

    Los dos daban vueltas alrededor del confuso niño francés, que al fin y sin dudar tomó la mano de la niña y mirando sus ojos profundamente, le dijo:

    -Tu eres Maya.

    La niña le sonrió con una dulzura infinita, con una sonrisa que nacía del alma.

    En el gran salón de Palacio se producía una escena muy distinta, esta vez entre dos adultos, el Rey Mai Wei y su amigo francés, Jhon.

    - Mientras El Elefante Blanco siga con vida y salud, Jarma estará a salvo.

    - ¿Es el último elefante Blanco que queda en estas tierras?

    - El último mi buen amigo y es nuestra única esperanza, mientras él viva...

    - ¿Qué pasaría si dejase de existir?

    - Ni lo menciones, la leyenda dice que el día que en Yarma deje de haber elefantes blancos esta se hundirá en la mas terrible miseria. El elefante desde siempre ha representado la buena suerte, la felicidad, nuestros ancestros decían que un elefante con la trompa alzada era una buenísima señal.

    - Entonces mientras este elefante viva, tendreis que ir a la búsqueda de otro por estas Tierras.

    - Eso hemos intentado, mi buen amigo, pero me temo que es imposible. Hemos buscado hasta en los lugares mas recónditos y no me hemos hayado ninguno.

    - No desespereis, majestad.

    El rey negó con su cabeza, como queriendo sacudir alguna mala idea.

    - No te preocupes, mas bien cuéntame ¿Cuándo partes hacia Francia?

    - Aun no le avisé a Gabriel, pero en un par de días partiré sin mas demora.

    Y Gabriel se enteró de esta misma noticia unas horas después, partiría a Francia y no había mas nada que discutir.

    - ¡Pero papá, yo no deseo irme!

    - Allí estudiarás y te educarás en nuestra cultura, la occidental.

    - Pero padre...

    - ¡ Sabes que tu capricho con la princesa no tiene futuro alguno! No eres mas que una criatura ingenua que no sabe de que va la vida. Ella pertenece a la realeza oriental y le está prohibido tener relación alguna con algún muchachito extranjero, mucho menos tu...No arruines mi buena relación con el rey, te lo advierto!

    Los ojos azules y líquidos de aquel niño, se clavaron como espadas electrificadas en su progenitor.

    Maya, riendo a carcajadas, sentada ante aquella fuente tallada con las piedras preciosas mas sofisticadas, como lo eran el diamante, el zafiro, la esmeralda y el rubí, observaba el agua caer y se deleitaba con el ruidito tan pacífico que producía el chocar contra mas agua.
    Le encantaba sentarse allí y ahora su hermano la hacía reir demasiado.

    - ¿Porqué piensas que me gusta?

    - Se te nota, si se enterase papá...te mata.

    - ¡No Mandi, por favor! -tomó las frias manos de su hermano entre las suyas, que siempre solían tener una temperatura mas cálida-

    Era increible el parecido de los dos, como dos gotas de agua de aquella misma fuente que se hallaba ante ellos, idénticos.

    - ¿ Qué me darás a cambio si guardo tu secreto? -la chantajeó el travieso Mandi, enarcando una ceja-

    - Somos hermanos...

    - Nada...tienes que darme algo.

    - Pero si no nos falta nada y tu eres el futuro rey ¿Qué mas quieres?

    - Quiero que me dejeis ver como os besais en la boca.

    - ¡Que dices cochino, nosotros no haremos eso! - dijo, empujándolo, mientras Mandi reía con picardía-

    El viudo padre y Rey de Jarma, los encontró entre la pelea y el juego, observándolos por unos segundos y después ordenándoles compostura y que fuesen a comer.

    - Maya, tu tras tu hermano, él es el varón y debe ir primero siempre.

    La niña no entendía porque ser varón tenía que colocarte primero, pero obedeció a su padre sin rechistar.

    Cuando hubo comido y cada persona de palacio se encontraba en sus tareas, ella fue a la luminosa habitación donde estaba el hermoso elefante Blanco, Tarma.

    - Tarma -dijo con su vocecita y el elefante que yacía tumbado enseguida se puso en pie-

    La niña, sin miedo alguno, alzó su mano y acarició la trompa de este, llena de pelitos gruesos y simpáticos que se iluminaban a la luz del sol, dándole un aura mágica a aquel elefante.

    - ¿Sabes? Quiero mucho a Gabriel...

    El niño, escondido tras los barrotes de aquella habitación, la observaba y escuchaba sus palabras, a la vez que la vista de la niña se le hacía mas y mas borrosa por las lágrimas que iban inundando sus claros ojos.

    - Se que de mayor tengo que casarme con alguien de Jarma o como mucho un tailandéz, pero...no me puedo imaginar casándome con otro que no fuera Gabriel. Se que soy muy niña para decir esto y te parecerá una tonteria Tarma, pero...él es tan guapo, tan simpático, tan bueno, tan diferente a todo esos niños que solo hablan cosas de niños...

    De repente volteó su cabeza y lo vió allí. Sintió que caería al suelo de un momento a otro, las fuerzas le fallaron y sus mejillas se encendieron como dos tizones al fuego. Sintió una vergüenza avasalladora embargándola de pies a cabeza e impidiéndole respirar.

    - Ga---Gabriel. -pudó balbucear como una tontita-

    Este se acercó a ella, tristemente enternecido.

    - Mi querida Maya. -dijo, tomando su cálida mano entre las suyas, que ahora estaba frias como un témpano-

    Esta lo miró desde sus ojillos rajados y asiáticos, que se le clavaban en el alma.

    - Yo también te quiero y desearía pasar mi vida aquí,a tu lado...Pero tengo que irme.

    El rostro de Maya se descompuso completamente.

    - ¿Cómo? ¿Te irás? -un nudo comenzó a oprimirle la garganta-

    - Mi padre así me lo ordena, debo obedecerle.

    La niña hacía fuerza para no ponerse a llorar, estaba sintiendo un dolor punzante en medio del pecho y apenas pudo decir con un hilo de voz:

    - ¿No volveré a verte?

    - Volveré, te lo prometo...Mientras...- soltó sus manos para darle un papelito- Te dejo mi dirección allí en París, para que podamos cartearnos. Yo por mi parte ya anoté la tuya, seré yo quien te escriba primero ¿ Está bien? - Dijo, tomando el rostro de su amada niña entre sus manos- Y...para que me recuerdes, mira -sacó un hermoso pañuelo floreado- Es para ti, pequeña.

    Maya sonrió tristemente, entre lágrimas que comenzaban a desbordársele sin querer, mientras aceptaba aquel pañuelo, liándoselo en su mano y apretándolo con fuerza.

    - Volveré, amiguita, volveré mi querida Maya. -tras decir esto, posó suavemente sus labios en la mejilla de la niña y se dió media vuelta-

    No quería volver a mirar para atrás, sentía que el corazón se le estaba partiendo en pedacitos irrecomponibles. Que dolor mas agudo le abrasaba las entrañas...como tuvo que cerrar sus ojos para contener rios de lágrimas y aun así no pudo evitar que unas pocas le rodaran por sus blancas mejillas.


    12 AÑOS DESPUÉS

    Maya, arrodillada ante su padre, el rey de Jarma,vestida y engalanada por preciosos adornos que enaltecían su belleza juvenil, sus cabellos largos y negros azabache, sus labios carmesí y deseables, sus ojos rajados y a la vez grandes, se encontraba al lado de un extranjero, el Holandés Rude, que había venido hacía ya años a hacer negocios por toda la Indochina y había parado en Yarma, pretendiendo a la princesa.

    - Como sabrá, Señor Rude, no tengo nada en su contra, mas bien todo lo contrario, es usted un hombre exitoso, correcto, educado y con buena clase, pero nuestra ley prohibe los matrimonios con extranjeros.

    Maya miraba de reojo a Rude, aquel hombre canoso de ojos azules y frios, no le gustaba en absoluto.

    - Pero señor, yo le ofrezco todo lo que soy y lo que tengo, mis intenciones hacia Maya son absolutamente puras.

    El rey quedó pensativo.

    Gabriel viajaba en barco, con una sonrisa amplia en sus labios rojizos. Sus ojos grandes y azules se clavaban en el lago que surcaban.

    - ¡Estoy deseando llegar a Jarma! Pensé que jamás llegaría este día. Por fin, hoy estaré allí.


    Por Escritora de Sueños.

  2. #2
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    Que bueno! Lo has escrito tu?


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