Cierro los ojos con la esperanza ciega del que ya no espera nada de nadie, que simplemente confía en encontrarse con el sueño de nuevo, a ver si es él capaz de poner algo de orden entre mis pensamientos. Se agolpan de nuevo martilleando sin descanso en mi cabeza, siempre que la duda se acerca a visitarme, carcomiéndome por dentro con su sonrisa torcida.

Y me deja vacía, sin más apoyos que el que da la soledad. Quiero una barandilla para aferrarme mientras todo sigue dando vueltas, en la cual dejar reposar mis ideas confluyendo en un punto común, un remolino al que todo va a desembocar pero que queda ahí, dando vueltas sobre sí mismo, una y otra vez...


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