Es el autor de un libro titulado “El Rey Arturo cabalga de nuevo, más o menos”. Me lo compraron de pequeña en la feria del libro (y me lo firmó el autor), y bueno el libro puede parecer infantil (y un poco lo es) pero está bastante bien. Es una aventura del Rey Arturo pero vista desde un punto de vista cómico, y sobre todo fantástico (druidas, trasgos, gigantes, fuegos fatuos, salamancas mágicas, brujas, etc).
Pero bueno, el caso es que hace poco lo rescaté de entre el polvo y estuve ojeándolo. Tiene una especie de prólogo autobiográfico del autor que ya leí en su momento y me encanta y aquí os lo dejo (he subrayado la frase que más me gusta):


Me gustan Oriente, el cine y los gatos (ángeles disfrazados que desayunan boquerones). Académicamente procedo de Mortadelo y Filemón, Romepetechos y el lazarillo de Tormes. Estéticamente me hallo más cerca de Sancho Panza que de Don Quijote. Fumo en pipa como Gandalf y algunos escritores que leo a menudo: Tolkien, Michael Ende… Espío con entusiasmo los delicados edificios de la literatura y el arte. Algún monstruo escapado de los caprichos de Goya corre entre las pinturas amontonadas en mi estudio. Habría querido doctorarme en elfología, pero es carrera que no existe. O ser mitólogo, pero tampoco. De igual manera que Van Helsing estudió todos los vampiros del mundo, me dedico a explorar los territorios de los elfos. Y a visitar las mitologías de todos los países, incluso de los que no existen. Crecí investigando los subterráneos secretos que conducen, bajo la Alambra, a la tumba prodigiosa de Boabdil. Y huyendo de los guardias del recinto nazarita.
De Kafka, Bruno Schulz, Italo Calvino, Boris Vian, Truman Capote, Ramón Gómez de la Serna aprendí que la realidad es el juego de un malabarista secreto. Me confieso realista absoluto, dado que “poner los pies en la tierra” supone hacerlo sobre la bola del mundo, bola que flota en el vacío de un misterioso universo salpicado de estrellas. Mientras resida en este mundo surrealista, dadaísta y absurdo, intentaré seguir aplicándome minuciosamente al juego continuo del arte y la escritura. Y a la reproducción in vitro de duendes estrábicos. Ahora he decidido divertirme enredando en el ciclo artúrico, despertando los deseos y los sueños de un ancianísimo Rey Arturo que no quiere saber nada más de aventuras descabelladas y que aspira tan sólo a que le dejen tranquilo, a permaneces delante de la chimenea, bien calentito, con sus zapatillas de paño a cuadros.

Y bueno ya de paso me gustaría que me dijerais si alguno sabe de algún libro más de este autor. Zenkiu!!!