Frases de Libros.

  1. #121
    Avatar de Duffel Mega Usuari@
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    Aunque tendría que haberme marchado, crucé la calle directamente hacia ellas. Si esa vacaburra lleva lentillas, debería devolverlas, porque son una mierda. Casi le había pasado por encima cuando levantó la vista. '¿Qué tal?', le digo a ella, mirando después a Jacqueline. 'Hola, cariño'.

    La cría sonríe, pero se aparte un poco.

    Se aparta de mí.

    'Es papá', le digo sonriendo. Oigo como las palabras me salen de la boca y suena lamentable; me quedo empanao y con cara de pocos amigos al mismo tiempo.

    '¿Qué quieres?', pregunta la puta infrahumana. Me mira como si yo fuera un trozo de mierda blandita, y antes de que pueda responderle, añade: '¡No quiero más problemas, Andrew, ya te lo he dicho joder! Debería darte vergüenza enseñar la cara delante de ella'. Depués mira a la pequeña.

    Aquello fue...

    Aquello fue un puto accidente...

    Fue su puta culpa..., su puta boca, las putas cosas que decía...

    Me entran ganas de darle un puñetazo en esa boca de guarra, jurando como la puta guarra que es, ahí delante de la cría, pero eso es exactamente lo que ella quiere, así que hago un gran esfuerzo, un esfuerzo desesperado para mantener la calma. 'Sólo quería quedar en algo para poder verla de vez en cuando, para que podamos acordar algo...'

    'Ya está todo arreglado', dice ella.

    'Ya, arreglado por vosotros, sin que yo pudiera decir nada'. Noto que estoy perdiendo los estribos, y no quiero que la cosa sea así. Sólo quiero hablar.
    'Si no te gusta díselo a tu abogado, el asunto está zanjado', dice de forma lenta y precisa.

    Un puto abogado, ¿de qué va? ¿De dónde saco yo un puto abogado? Entonces ella mira a un tipo que baja por la calle, sí, ya lo creo, es él, y tira del brazo de la cría. 'Venga, ahí está papá...', dice poniéndome cara de asco. Sus palabras me producen la sensación de un cuchillo en las entrañas. ¿Cómo pude nunca enrollarme con ella? Debía de estar loco.

    Y él está ahí de pie, con la cabeza ladeada. Sigue teniendo el mismo tipo raro, no tan delgado como plano, como si le hubiera pasado una apisonadora por encima. Por delante parece ancho, pero de lado no: como si puedieras deslizarlo por debajo de una puerta. 'Papá...', dice la cría, y sale corriendo hacia él. Él la abraza y después la acerca a la puta que el pobre angelito ha aprendido a llamar mamá. Él le cuchichea algo al oído; ella coge a la cría de la mano y se alejan un poco. La pequeña me mira, y me hace un pequeño gesto de despedida con la mano.

    Intento decirle, Chao, nena, pero no me sale nada.

    Cola, (sí, que raro) Irvine Welsh.

  2. #122
    Avatar de Marmalade Entendid@
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    MADAME COLLET- Otra puerta se abrirá
    MAX- La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.
    MADAME COLLET-A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos una hija, Max!
    MAX- ¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?
    MADAME COLLET-¡Es muy joven!
    MAX- También se matan los jóvenes, Collet.
    MME. COLLET- No por cansancio de la vida. Los jóvenes se matan por romanticismo.
    MAX-Entonces se matan por amar demasiado la vida. Es una lástima la obcecación de Claudinita. Con cuatro perras de carbón,podíamos hacer el viaje eterno.
    MME. COLLET- No desesperes. Otra puerta se abrirá.
    ____________

    CLAUDINITA- ¡Golfo!
    D. LATINO- ¡Todo en tu boca es canción, Claudinita!

    ____________

    MAX- Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio los patronos, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión nueva.
    EL PRESO- Mi nombre es Mateo
    MAX- Yo te bautizo Saulo. Soy poeta y tengo el derecho al alfabeto. Escucha para cuando seas libre, Saulo: Una buena cacería puede encarecer la piel de patrono catalán por encima del marfil de Calcuta.

    __________________


    D. LATINO- [...] ¡Vaya, dame un pito!
    DORIO DE GADEX- No fumo.
    D. FILIBERTO- ¡Otro vicio tendrá usted!
    DORIO DE GADEX- Estupro criadas.
    D.FILIBERTO- ¿Es agradable?
    DORIO DE GADEX- Tiene sus encantos, Don Filiberto
    D. FILIBERTO- ¿Será usted padre innúmero?
    DORIO DE GADEX- Las hago abortar.
    D.FILIBERTO- ¡También infanticida!



    Son del libro Luces de bohemia. Nos han mandado leerlo en clase de lengua y me ha gustado bastante el sarcasmo con el que hablan.
    ...asustando al miedo...




    -Es fasil acer amigos si uno deja que la jente se ría de el.Donde yo boy tendre montones de amigos- Flores para Algernon.

  3. #123
    Avatar de Malquisedec Destructor del Templo
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    La novena revelacion:

    Todavia no sabemos para que sobrevivimos.
    Lo dificil en la vida no es recibir respuestas a nuestras preguntas reales, sino identificar las preguntas reales

  4. #124
    rojitas las orejaS
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    ·Mientete a ti misma hasta q sea verdad


    ·Si le das el corazon a alguien y luego se muere¿se lo lleva consigo?¿te pasas el resto de la vida con 1 agujero en el corazon q no puede llenarse?


    ·...como si la respuesta a esa pregunta fuera un daño visible,en lugar de una cicatriz en el corazon


    ·-Estaba durmiendo,¿para q querias verme en plena noche?
    -Para estar seguro de q soñabas conmigo-le dijo él.


    ·Soy Alicia en el Pais de las Maravillas-pensó Josie-miren como caigo


    ·Tienes todas las puertas abiertas.Quiza eso hace q no te des cuenta de q hay otras personas q las han tenido todas cerradas


    ·...y Peter salio a toda prisa,preguntandose si era posible perderse cuando uno no se habia encontrado en toda su vida


    ·Miro fijamente al cielo,q en ese momento de la noche se veia tan claro q casi parecio q las estrellas fueran a pincharle en la cara

    [Diecinueve minutos]

  5. #125
    Avatar de Strausser What were you looking at?
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    No digáis que, agotado su tesoro,
    de asuntos falta, enmudeció la lira;
    podrá no haber poetas; pero siempre
    habrá poesía.

    Mientras las ondas de la luz al beso
    palpiten encendidas,
    mientras el sol las desgarradas nubes
    de fuego y oro vista,
    mientras el aire en su regazo lleve
    perfumes y armonías,
    mientras haya en el mundo primavera,
    ¡habrá poesía!

    Mientras la ciencia a descubrir no alcance
    las fuentes de la vida,
    y en el mar o en el cielo haya un abismo
    que al cálculo resista,
    mientras la humanidad siempre avanzando
    no sepa a dó camina,
    mientras haya un misterio para el hombre,
    ¡habrá poesía!

    Mientras se sienta que se ríe el alma,
    sin que los labios rían;
    mientras se llore, sin que el llanto acuda
    a nublar la pupila;
    mientras el corazón y la cabeza
    batallando prosigan,
    mientras haya esperanzas y recuerdos,
    ¡habrá poesía!

    Mientras haya unos ojos que reflejen
    los ojos que los miran,
    mientras responda el labio suspirando
    al labio que suspira,
    mientras sentirse puedan en un beso
    dos almas confundidas,
    mientras exista una mujer hermosa,
    ¡habrá poesía!
    ____________________


    Porque son, niña, tus ojos
    verdes como el mar, te quejas;
    verdes los tienen las náyades,
    verdes los tuvo Minerva,
    y verdes son las pupilas
    de las huríes del Profeta.

    El verde es gala y ornato
    del bosque en la primavera;
    entre sus siete colores
    brillante el Iris lo ostenta,
    las esmeraldas son verdes;
    verde el color del que espera,
    y las ondas del océano
    y el laurel de los poetas.

    Es tu mejilla temprana
    rosa de escarcha cubierta,
    en que el carmín de los pétalos
    se ve al través de las perlas.

    Y sin embargo,
    sé que te quejas
    porque tus ojos
    crees que la afean,
    pues no lo creas.

    Que parecen sus pupilas
    húmedas, verdes e inquietas,
    tempranas hojas de almendro
    que al soplo del aire tiemblan.

    Es tu boca de rubíes
    purpúrea granada abierta
    que en el estío convida
    a apagar la sed con ella,

    Y sin embargo,
    sé que te quejas
    porque tus ojos
    crees que la afean,
    pues no lo creas.

    Que parecen, si enojada
    tus pupilas centellean,
    las olas del mar que rompen
    en las cantábricas peñas.

    Es tu frente que corona,
    crespo el oro en ancha trenza,
    nevada cumbre en que el día
    su postrera luz refleja.

    Y sin embargo,
    sé que te quejas
    porque tus ojos
    crees que la afean:
    pues no lo creas.

    Que entre las rubias pestañas,
    junto a las sienes semejan
    broches de esmeralda y oro
    que un blanco armiño sujetan.

    *

    Porque son, niña, tus ojos
    verdes como el mar te quejas;
    quizás, si negros o azules
    se tornasen, lo sintieras.


    Rimas y declaraciones poéticas.
    Gustavo Adolfo Bécquer.


    Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que ésta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá.


  6. #publi
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  7. #126
    Avatar de Witchburn Cazadora de cometas
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    Lestat el vampiro:

    Tu corazón se rompe por algo que nunca conseguirás.

    Verle cambiar, habría sido verle morir.

    [ c a z a | d e | b r u j a s ]

  8. #127
    Avatar de Shukare DoNde ConVeRgeMos
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    "La verdadera amistad resiste el tiempo, la distancia y el olvido". --> "Retrato en sepia" (Isabel Allende)
    Última edición hecha por Shukare, 29/02/2008 a las 17:55.
    (¯`·._.·*KtBsPa*·._.·´¯)♥ ... Now I'm cLimbiNg The waLLs, Cuz I Miss You ... ♥

  9. #128
    Avatar de Sugus_piña Colaborador/a
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    ''Vive muchos años, vive intensamente, vívelo todo. Vive por mí la vida que yo no pude vivir''- El Valle de los lobos

  10. #129
    Avatar de cнeĸeтeĸα These days
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    Desde mi cielo, Alice Sebold

    - Pensé que si no hacía nada de ruido te oiría - susurró -. Si me quedaba lo bastante quieto tal vez volverías.



    Se quedaron callados un momento y él le apretó una mano.
    - Estás distinta- dijo.
    - Quieres decir más vieja.
    Yo ví a mi padre coger un mechón del pelo de mi madre y colocárselo detrás de la oreja.
    - Volví a enamorarme de tí mientras estabas lejos - dijo.
    Me di cuenta de cuánto deseaba estar donde estaba mi madre. El amor de mi padre por ella no consistía en mirar atrás y amar algo que nunca iba a cambiar. Consistía en amar a mi madre por todo, por haberse venido abajo y por haber huido, por estar allí en ese momentos, antes de que saliera el sol y entrara el personal del hospital. Consistía en tocarle el pelo con el dedo, y conocer y aún así sumergirse sin temor en las profundidades de sus ojos de océano.
    Mi madre no se vió capaz de decir <<Te quiero>>.
    - ¿Vas a quedarte? - preguntó él.
    - Un tiempo.
    Era algo.
    - Estupendo - dijo él -. ¿Qué decías cuándo la gente preguntaba por tu familia en California?
    - En voz alta decía que tenía dos hijos. Para mis adentros decía que tres. Siempre me entraban ganas de pedirle perdón a Susie por eso.
    - ¿Mencionabas a tu marido? - preguntó él.
    Ella lo miró.
    - No.
    - Vaya.
    - No he vuelto para fingir, Jack - dijo ella.
    - ¿Por qué has vuelto?
    - Me llamó mi madre. Dijo que era un infarto, y pensé en tu padre.
    - ¿Porque podía morir?
    - Sí.
    - Estabas dormida - dijo él.- No la has visto.
    - ¿A quién?
    - Ha entrado alguien en la habitación y luego ha salido. Creo que era Susie.
    - ¿Jack? - preguntó mi madre, pero no se había alarmado mucho.
    - No me digas que tú no la ves.
    Ella se abandonó.
    - La veo por todas partes - dijo, suspirando aliviada -. Hasta en California está en todas partes. En los autobuses a los que subo o a la puerta de los colegios por lo que paso en coche. Veía su pelo pero no coincidía con la cara, o veía su cuerpo o como se movía. Veía a sus hermanas mayores y a sus hermanos pequeños, o a dos niñas que parecían hermanas, e imaginaba lo que Lindsey no iba a tener nunca, toda la relación de la que iban a verse privados ella y Buckley, y eso me afectaba, porque yo también me había ido. Y repercutía en tí y hasta en mi madre.
    - Ha estado fantástica - dijo él -. Una roca. Una roca como de esponja, pero roca al fin y al cabo.
    - Supongo que sí.
    - Entonces, si te dijera que Susie ha estado en la habitación hace diez minutos, ¿qué dirías?
    - Diría que estás loco y que seguramente tienes razón.
    Mi padre le recorrió el perfil con un dedo y se detuvo en los labios, que se abrieron muy despacio.
    - Tienes que inclinarte - dijo él -. Soy un hombre enfermo.
    Y vi a mis padres besarse. Mantuvieron los ojos abiertos, y mi madre fue la primera en llorar, y sus lágrimas rodaron por las mejillas de mi padre hasta que él también lloró.
    .. Pedras no meu caminho? Guardo todas e faço castelos ..

  11. #130
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    "Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.”

    Sussana Tamaro - Dónde el corazón te lleve.

  12. #131
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    Desde mi cielo, Alice Sebold

    A los veintiún años, Lindsey era muchas cosas que yo nunca sería, pero eso apenas me entristecía ya. Aun así, vagaba por donde ella vagaba. Recogí mi diploma de la universidad, y me subí a la moto de Samuel, rodeándole la cintura con los brazos y apretándome contra su espalda en busca de calor...
    Está bien, era Lindsey. Lo sé. Pero descubrí que, al observarla a ella, era capaz de perderme más que con cualquier otra persona.
    La noche de su graduación en la Temple University, ella y Samuel volvieron en moto a casa después de haber prometido a mi padre y a mi abuela Lynn repetidas veces que no tocarían el champán que llevaban en la bolsa de la moto hasta que llegaran. <<¡Después de todo, somos licenciados universitarios!>>, había dicho Samuel. Mi padre era blando porque tenía plena confianza en Samuel; habían pasado los años y el chico siempre se había comportado correctamente con la hija que le quedaba.
    Pero al volver en moto de Filadelfia por la Ruta 30 empezó a llover[...] A Lindsey le gustaba apoyar la cabeza entre los omoplatos de Samuel e inhalar el olor de la carretera y de los arbustos y matorrales desiguales que la bordeaban. Habían recordado cómo, horas antes de la tormenta, la brisa había hinchado los trajes blancos de todos los graduados a las puertas del Macy Hall. Por un instante, había parecido que todos estaban a punto de alejarse flotando.
    [...]

    Samuel frenó ayudándose con los pies y, como le había enseñado Hal, esperó a que mi hermana se bajara y se apartó un poco antes de bajarse él.
    Levantó la visera de su casco para decirle a gritos:
    - Es peligroso. Voy a llevarla debajo de los árboles.
    Lindsey lo siguió, con el ruído de la lluvia amortiguado dentro de su casco acolchado. Se abrieron paso entre la grava y el barro, pisando las ramas y los escombros amontonados al lado de la carretera.
    [...]

    Desde su primer beso en nuestra cocina dos semanas después de mi muerte, yo había sabido que él era - como mi hermana y yo lo habíamos llamado riendo bobamente con nuestras Barbies o cuando veíamos a Bobby Sherman por la televisión - el hombre de su vida. Samuel se había hecho tan imprescindible para ella que su relación enseguida se había consolidado. Habían estudiado juntos en la Temple University, codo con codo. Él la había odiado, pero Lindsey lo había animado a continuar. Verla disfrutar tanto le había permitido sobrevivir.[...]
    Samuel rió y le cogió la mano para empezar a andar. En ese preciso momento oyeron el primer trueno, y Lindsey pegó un bote. Él la abrazó con más fuerza.
    [...]

    Caminaron a través de la maleza, que estaba empapada a pesar de los árboles. Aunque era media tarde, estaba oscuro salvo por la linterna de Samuel[...] Y de pronto, en medio de las tupidas malas hierbas y la oscuridad, los dos vieron la ventana con los cristales rotos del piso superior de una vieja casa victoriana. Samuel apagó la linterna inmediatamente.
    - ¿Crees que habrá alguien dentro? - preguntó Lindsey.
    - Está oscuro.
    - Es espeluznante.
    Se miraron, y mi hermana dijo en voz alta lo que los dos pensabas:
    - ¡Allí no nos mojaremos!
    Se cogieron de la mano bajo la intensa lluvia y echaron a correr lo más deprisa posible hacia la casa[...]
    - ¡Guau! ¿Cuántos años crees que tiene? - La voz de Lindsey resonó como en una iglesia.
    - Vamos a explorar - dijo Samuel.
    [...]
    En lo alto de las escaleras encontraron la puerta de la habitación que se habían quedado mirando desde fuera.
    - Quiero esta casa - dijo Samuel.
    - ¿Qué?
    - Esta casa me necesita, lo noto.
    - Tal vez deberías esperas a que salga el sol para decidirlo - dijo ella.
    - Es lo más bonito que he visto nunca - dijo él.
    - Samuel Heckler, reparador de casas rotas - dijo mi hermana.
    - Así se habla.
    Se quedaron un momento en silencio, oliendo la humedad del aire que entraba por el hueco de la chimenea e inundaba la habitación. Aun con el ruido de la lluvia, Lindsey tenía la sensación de estar escondida, arropada en un seguro rincón del mundo con la persona que más quería.
    Le cogió la mano y caminó con él hasta una pequeña hacitación de la parte delantera. Sobresalía por encima del vestíbulo del piso de abajo y tenía forma octogonal.
    - Miradores - dijo Samuel, y se volvió hacia Lindsey -. Las ventanas, cuando se construyen así, como una habitación diminuta, se llaman miradores.
    - ¿Te excitan? - preguntó Lindsey sonriendo.
    Los dejé en la oscuridad y la lluvia. Me pregunté si Lindsey había notado que, en cuanto empezaron a desabrocharse las cazadoras, los relámpagos habían parado y había cesado el ruído en la garganta de Dios, ese trueno aterrador.
    [...]

    - Han parado los relámpagos - dijo mi hermana. La humedad que le cubría la piel ya no era de la lluvia, sino del sudor.
    - Te quiero - dijo Samuel.
    - Lo sé.
    - No, quiero decir que te quiero y quiero casarme contigo, ¡y quiero vivir en esta casa!
    - ¿Cómo?
    - ¡Ya se ha acabado esa mierda de universidad odiosa! - gritó Samuel. La pequeña habitación absorvió de tal manera su voz que en sus finas paredes apenas hubo eco.
    - Para mí no - dijo mi hermana.
    Samuel se levantó del suelo, donde había estado tumbado al lado de mi hermana, y se arrodilló delante de ella.
    - Cásate conmigo.
    - ¿Samuel?
    - Estoy cansado de hacer siempre lo que está bien. Cásate conmigo y dejaré esta casa como nueva.
    - ¿Y quién nos mantendrá?
    - Nosotros - dijo él -, como sea.
    Ella se incorporó y se arrodilló frente a él. Estaban los dos medio vestidos y empezaban a tener frío a medida que se disipaba su calor.
    - De acuerdo.
    - ¿De acuerdo?
    - Creo que puedo - dijo mi hermana -. ¡Quiero decir que sí![...]
    Ella lloraba, y él la abrazaba y la mecía contra él.
    - ¿Estás contenta, mi amor? - preguntó.
    Ella asintió contra su pecho desnudo.
    - Sí - dijo, y luego se quedó inmóvil-. Mi padre.- Levantó la cabeza y miró a Samuel-. Sé que está preocupado.
    - Sí - dijo él, tratando de cambiar de estrategia.
    - ¿Cuántos kilómetros hay hasta casa?
    - Unos quince - dijo Samuel-. Tal vez menos.
    - Podríamos hacerlo - dijo ella.
    - Estás loca.
    - En la otra bolsa de la moto están las zapatillas de deporte.
    No podían correr con sus trajes de cuero de modo que se quedaron en ropa interior y camiseta, lo más cerca de lo que nadie de mi familia estaría jamás de esas personas que corren desnudas en lugares públicos. Samuel marcó el ritmo, corriendo delante de mi hermana como había hecho durante años para que ella no se desanimara. Casi no pasaban coches por la carretera, pero cuando alguno lo hacía, de los charcos de los lados se levantaba una pared de agua que los dejaba a los dos jadeando, luchando por volver a llenarse los pulmones de aire. Los dos había corrido antes bajo la lluvia, pero nunca en plena tormenta. [...]
    Observé a mi atractiva hermana correr con los pulmones y las piernas bombeando, y vi que utilizaba de nuevo esa habilidad que había aprendido en la piscina, luchando por ver a través de la lluvia, luchando por seguir levantando las piernas al ritmo que marcaba Samuel, y supe que no huía de mí no corría hacia mí. Como alguien que ha sobrevivido a un disparo en el estómago, la herida se había ido cerrando en una cicatriz durante ocho largos años.
    Estaban a un km de mi casa cuando la intensidad de la lluvia bajó y la gente empezó a mirar por las ventanas a la calle.
    Samuel aflojó la marcha y ella lo alcanzó. Tenían las camisetas pegadas al cuerpo.
    Lindsey sintió una punzada en el costado, pero en cuanto desapareció corrió con Samuel a toda velocidad. De pronto se sorprendió con toda la piel de gallina y sonriendo de oreja a oreja.
    - ¡Vamos a casarnos! - gritó, y él se detuvo en seco y la cogió en brazos, y seguían besándose cuando un coche pasó junto a ellos tocando el claxon.

    Cuando sonó el timbre de la puerta de nuestra casa eran las cuatro, [...]
    - ¿Has podido ir en moto con esta lluvia? - preguntó Hal con incredubilidad.
    - No, hemos venido corriendo - dijo Samuel.
    - ¿Qué?
    .. Pedras no meu caminho? Guardo todas e faço castelos ..

  13. #132
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    - Tú nunca serás mía, por eso, te tendré para siempre. (Brida, Paulo Coelho).

    - Recuerde el alma dormida,
    avive el seso y despierte
    contemplando
    cómo se pasa la vida
    cómo se viene la muerte,
    tan callando;
    cuán presto se va el placer,
    cómo, después de acordado,
    da dolor;
    cómo, a nuestro parecer,
    cualquiera tiempo pasado
    fue mejor.


    - Nuestras vidas son los ríos
    que van a dar en la mar,
    qu´es el morir.
    Allí van los señoríos
    derechos a se acabar
    e consumir.

    (Coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique).
    .. Pedras no meu caminho? Guardo todas e faço castelos ..

  14. #133
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    Desde mi cielo, Alice Sebold

    Ésta aparece en la primera página, pero es que me encanta:

    Dentro de la bola de nieve del escritorio de mi padre había un pingüino con una bufanda a rayas rojas y blancas. Cuando yo era pequeña, mi padre me sentaba en sus rodillas y cogía la bola de nieve. La ponía al revés, dejaba que la nieve se amontonara en la parte superior y le daba rápidamente la vuelta. Los dos contemplábamos cómo caía la nieve poco a poco alrededor del pingüino. El pingüino estaba solo allí dentro, pensaba yo, y eso me preocupaba. Cuando se lo comenté a mi padre, dijo: << No te preocupes, Susie; tiene una vida agradable. Está atrapado en un mundo perfecto >>.



    Bajo un bote de remos demasiado viejo y desvencijado para flotar, Lindsey estaba tumbada en el suelo con Samuel Heckler, y él la abrazaba.
    - Sabes que estoy bien - dijo ella con los ojos secos -. Nos quedaremos aquí tumbados y esperaremos a que se calmen las cosas.
    Samuel tenía la espalda dolorida, y atrajo a mi hermana hacia él para protegerla de la humedad de la llovizna estival. El aliento de ambos empezó a calentar el reducido espacio del fondo del bote; sin poder evitarlo, una erección se abrió paso dentro de sus vaqueros.
    Lindsey acercó una mano.
    - Lo siento... - empezó a decir él.
    - Estoy preparada - dijo mi hermana.
    A los catorce años, mi hermana se alejaba de mí para adentrarse en un lugar donde yo nunca había estado. En las paredes de mi sexo había horror y sangre, mientras que en las paredes del suyo había ventanas.
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  15. #134
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    Desde mi cielo, Alice Sebold

    - Sentémonos - dijo Len, señalando las sillas modulares del otro extremo de la sala.
    - Prefiero seguir andando - dijo mi madre-. El médico ha dicho que no sabremos nada antes de una hora.
    - ¿Adónde?
    - ¿Tiene cigarrillos?
    - Sabe que sí - dijo Len, soniendo con aire culpable. Tuvo que buscar su mirada. Esta no estaba concentrada en él, sino que parecía absorta, y sintió deseos de alargar una mano y enfocarla en el aquí y ahora. En él -. Entonces, busquemos una salida.[...]
    - ¿Cómo murió su mujer? - preguntó mi madre.
    - Se suicidó.
    [...]
    - ¿Por qué se mató?
    - Es la pregunta que más absorto me tiene cuando no estoy absorto en casos como el asesinato de su hija.
    En la cara de mi madre apareció una extraña sonrisa.
    - Repítalo.
    - ¿Qué? - Len miró su sonrisa y sintió deseos de recorrer el borde de sus labios con los dedos.
    - El asesinato de mi hija - dijo mi madre.
    - Abigail, ¿está bien?
    - No lo dice nadie. Nadie del vecindario habla de ello. La gente lo llama la <<horrible tragedia>> o alguna variación sobre eso. Solo quiero que alguien hable de ello en voz alta. Que lo diga en voz alta. Estoy preparada... Antes no lo estaba.
    Mi madre tiró su cigarrillo al suelo de hormigón y dejó que se consumiera. Cogió con las manos la cara de Len.
    - Dilo - dijo.
    - El asesinato de tu hija.
    - Gracias.
    Y yo observé cómo su boca roja cruzaba una línea invisible que la separaba del resto del mundo. Atrajo a Len hacía sí y lo besó despacio en la boca. Al principio él pareció vacilar. El cuerpo se le puso rígido diciéndole NO, pero ese NO se volvió vago y difuso, se volvió aire aspirado por el ventilador de la zumbante toma de agua que tenían a su lado. Ella levantó sus brazos y se desabrochó la gabardina. Él puso una mano sobre la fina y vaporosa tela de su camiseta de verano.
    [...]
    No me resultó fácil ser testigo de eso, pero lo fui.
    Su primer abrazo fue apresurado, torpe, apasionado.
    - Abigail - dijo Len, con una mano a cada lado de su cintura debajo de la gabardina, el vaporoso camisón apenas un velo entre ellos -. Piensa en lo que estás haciendo.
    - Estoy cansada de pensar - dijo ella. El pelo le flotaba con el ventilador que tenía a su lado, en una aureola. Len parpadeó al mirarla. Maravillosa, peligrosa, salvaje.
    - Tu marido - dijo.
    - Bésame - dijo ella-. Por favor.
    Yo veía a mi madre suplicar indulgencia. Se desplazaba físicamente en el tiempo para huir de mí. Yo no podía detenerla.
    Len le besó la frente y, cerrando los ojos, deslizó una mano hasta su pecho. Ella le susurró algo al oído. Yo sabía lo que ocurría. La rabia de mi madre, su sensación de pérdida, su desesperación. Toda la vida perdida salía formando un arco de ese techo, obstruyendo su ser. Necesitaba que Len expulsara de ella a su hija muerta.
    Él la hizo retroceder hasta la superficie de estuco de la pared mientras se besaban, y mi madre se aferró a él como si al otro lado del beso pudiera haber una nueva vida.
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  16. #135
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    Desde mi cielo, Alice Sebold

    Mientras el señor Harvey explicaba su teoría sobre mi asesinato, mi madre sintió el roce de una mano en el hombro[...] Al volverse con expectante alivio, vio la espalda de Len Fenerman salir de la tienda. [...] salió tras él.
    Él no se volvió. Ella lo siguió, al principio excitada y luego enfadada. Entre paso y paso tenía tiempo para pensar, y no quería hacerlo.
    Finalmente, lo vió abrir una puerta blanca en la pared en la que nunca se había fijado.
    [...]
    Vi a Len antes que a mi madre. La observó un instante en la penumbra, localizando la necesidad en sus ojos. Lo sentía por mi padre, por mi familia, pero había caído en ellos. <<Podría ahogarme en esos ojos, Abigail>>, quería decirle, pero sabía que no le estaba permitido.
    [...]
    Pero él la tocó y ella se volvió. Aun así, ella no lo miraba realmente. Él aceptó esa ausencia. [...] Ella no podía saber, pensé, que mientras asía el pelo de Len y él alcanzaba la parte inferior de su espalda, atrayéndola hacia sí, el hombre que me había asesinado acompañaba a dos agentes a la puerta de su casa.
    Sentí los besos que descendían por el cuello de mi madre hasta su pecho[...] Destructivos y maravillosos a la vez. Eran susurros que la llamaban, alejándola de mí, de mi familia y de su dolor. Ella los siguió con el cuerpo.
    Mientras Len le cogía la mano y la apartaba de la pared a la maraña de tuberías cuyo ruído se sumaba al estruendo general, el señor Harvey empezó a recoger sus pertenencias; mi hermano conoció a una niña que jugaba al Hula- Hoop en el parque; mi hermana estaba tumbada en su cama con Samuel, los dos totalmente vestidos y nerviosos; mi abuela se bebió tres copitas en el comedor vacío; mi padre no apartaba la vista del teléfono.
    Mi madre tiró con avidez del abrigo y la camisa de Len, y él la ayudó. La observó mientras se desnudaba, quitándose por la cabeza el jersey de cuello alto hasta quedarse en ropa interior y blusita de tirantes. Se quedó mirándola.
    Samuel besó la nuca de mi hermana[...] deseó no separarse nunca de ella.
    Len estaba a punto de decir algo; mi madre lo vio abrir los labios, y cerró los ojos y ordenó al mundo que callara, gritando las palabras dentro de su cabeza. Cuando volvió a abrir los ojos y lo miró, él estaba callado, con la boca cerrada. Ella se quitó por la cabeza la blusita de tirantes y luego las bragas. Tenía el cuerpo que yo nunca tendría. Pero la luna le iluminaba la piel y sus ojos eran océanos. Estaba vacía, perdida, abandonada.
    El señor Harvey se marchó de su casa por última vez mientras a mi madre se le concedía su deseo más temporal. Encontrar en su arruinado corazón una puerta a un feliz adulterio.
    Última edición hecha por cнeĸeтeĸα, 18/03/2008 a las 16:28.
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