Antonio Machado: el poeta y su tiempo.
Magalí Urcaray


El domingo pasado, 22 de febrero, se cumplieron 70 años de la muerte de uno de los grandes de las letras españolas: Antonio Machado. Tan sólo tres días después de su llegada a Colliure (Francia) con su madre y con su hermano José, el poeta sevillano fallecía en el exilio, lejos de la España derrotada por la que había luchado y a la que había dedicado tantos versos. En el bolsillo del gabán, sus últimas palabras escritas: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

Antonio Machado, perteneciente a la generación del 98, fue sin duda uno de los poetas más sinceros, más desnudos y más claros que ha tenido España. También de los peor comprendidos, me temo. Con frecuencia, no sé en base a qué argumentos, se lo tilda de poeta “simple”, cuando en realidad su poesía dista mucho de serlo. Al contrario, son versos en los que la nostalgia, el dolor por una pérdida, el amor por una mujer o una tierra se conjugan con la reflexión sobre la vida, la dignidad que significa ser humano y que tantas veces olvidamos. Su sencillez es filosófica y abiertamente crítica (con un país, con la ignorancia, con la guerra); su palabra, tan solitaria en ocasiones, canta con belleza la responsabilidad de ser hombre: Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre, dijo a través de la voz de Juan de Mairena.
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
En colegios e institutos se imparte un Machado estructurado en métrica y rima, en tropos y simbologías seriadas en apuntes; ‘Soledades’ y ‘Campos de Castilla’. Pero no se enseña a leer a Machado, no se enseña a ver más allá de la existencia obvia de una metáfora o de una clave temática. Se estudian las palabras vacías, desprovistas de significado y, peor aún, de sentimiento y reflexión. Machado sólo es un nombre en el libro de literatura, el integrante de una generación cultural, una pregunta de examen. Por supuesto, no sólo ocurre con él; pero estos días, a 70 años de su muerte, merece el protagonismo.

Desde el mismo día de su muerte, el Machado poeta ha estado enfrentado al Machado activista político o, si se quiere, moral. Víctima de la censura franquista que reinvindicó sólo su faceta intimista y melancólica, también fue exaltado por el frente contrario como el poeta del pueblo. Pero su poesía, a la que describía como “diálogo de un hombre con su tiempo”, es inseparable de su estatura como hombre comprometido, con sólidas convicciones éticas y políticas que encontraron su vía de expresión a través de la búsqueda estética. En Machado debemos leer tanto la belleza de la palabra y el simbolismo, como la crítica contra ese hombre y ese tiempo.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

[Fuente: http://www.papelenblanco.com/2009/02...su-tiempo#more]