ReLaToS ErOtICoS

  1. #121
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    A: -la gente no desaparece cada día… sé quién te persigue, y te puedo ayudar. Pero tendrás que hacer algo por mí.

    F: - Lo que sea…

    A: - Verás, llevo unos días sin descargar…

    F: - ¿descargar qué?

    Aragorn cogió la mano del hobbit y la llevó a su entrepierna.

    A: - Esto…

    F: - pero yo nunca…

    A: - No importa, todo en ésta vida se aprende… haz lo mismo que cuando te masturbas

    tú, pero con las dos manos.

    F: - De acuerdo…

    Frodo metió las manos en el pantalón y agarró el miembro semirrecto del Montaraz. Aragorn comenzó a desvestir al hobbit y a acariciarlo por dónde podía.

    A: - Ooohhh si, así… muy bién… sigue…no pares…

    F: - ¿lo hago bién?

    A: - Me encanta…dale un beso, ¿sí?

    F: - ¿así?

    A: - Oh sí…¿no te apetece probarla?

    F: - ¿cómo?

    A: - Sí, chúpala un poquito, te gustará…

    F: - Mmmm…que bién sabe…

    Aragorn cogió la cabeza del joven y controló la mamada, hasta que sintió que se iba a correr.

    A: - Para. Ya está bién.

    F: - ¿porqué? ¿no te gusta?

    A: - Sí, pero quiero probar algo nuevo…dáte la vuelta…

    F: - Está bién…

    Aragorn puso el culo del hobbit en pompa, y empezó a meterle la lengua, cosa que hizo que el joven se estremeciera, y metió un dedo. A Frodo le encantaba y Aragorn estaba fuera de sí, deseando aquel culito que parecía de niño…y sin dilatar mas el ano del joven le metió su miembro hasta el fondo, de un solo golpe y sin avisar. Suerte que antes de hacerlo tapó la boca del joven, porque sinó, hubieran sido descubiertos. Frodo comenzó a llorar.

    F: - por favor, te lo suplico sácala, es demasiado grande…aaahhhh!!!!

    Aragorn cogió un pañuelo y tapó la boca del hobbit. Lo tenía a su entera disposición, ya que aunque el joven quería escapar no podía, pues el Montaraz era mucho mas grande y fuerte. Lo estaba violando y nadie podía ayudarlo. Estuvo penetrándolo hasta que se vino y hechó toda su leche encima del hobbit.

    A: - No grites o vendrán a por ti…- le quitó el pañuelo.

    F: - Eres un canalla, me has hecho sangrar!

    A: - Lo siento, estaba fuera de mí….además dijiste que harías lo que fuera porque te ayudara…

    F: - Espero que hayas disfrutado porque no volverá a pasar.

    A: - He disfrutado al máximo.



    Pasaron la noche en la posada, y al amanecer marcharon. Fueron a Rivendel, a la casa de Elrond.



    Allí formaron una compañía, una comunidad para destruïr el anillo único. La comunidad la formaron los cuatro hobbits, el mago Gandalf, Boromir, el enano Gimli, Aragorn y Légolas, un elfo que captó el interés de Aragorn, por su aspecto cuidado, casi femenino.


  2. #122
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    Durante el viaje ambos se miraban de reojo pero no se decían nada.



    Hasta que en la noche cuando todos se durmieron, Légolas fue al lecho de Aragorn,



    y sin despertarlo, empezó a acariciar el miembro del Montaraz, que rápido empezó a reaccionar. Légolas, sin pensárselo dos veces se la metió entera en la boca, la mamaba con ansias, y cada vez mas rápido. Cosa que hizo que Aragorn se despertara.


  3. #123
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    L: - Tranquilo, soy yo…si quieres paro, pero te puedo hacer disfrutar mucho…-Légolas besó a Aragorn para tranquilizarlo

    A: - Vaya, que agradable sorpresa…

    L: - ¿no te molesta verdad?

    A: - Para nada, mi polla es toda tuya…haz con ella lo que te plazca… ohhh…¿lo habías hecho antes verdad?

    L: - Sí, entre elfos es muy común.

    Aragorn se levantó nervioso.

    A: - Pero Légolas aquí no, que nos pueden ver…



    L: - Tranquilo, vamos a aquella cueva, nadie nos molestará…

    Llegaron y se denudaron. Aragorn se colocó detrás del elfo, y acariciaba todo el cuerpo sin bello de su amante.



    Quiero que me llenes el culo con tu verga por favor…

    A: - Tus deseos son órdenes…

    Aragorn iba a lubricar el trasero del elfo, pero se lo impidió.


  4. #124
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    L: - No, quiero que me metas tu verga ya…

    A: - Está bien pero no entrará…

    L: - Prueba y verás…- ambos se tumbaron



    A: - Vaya, ha entrado. Así que eres un putito ¿eh?

    L: - Por mi culo han pasado varias vergas élficas, pero humana, la tuya es la primera…

    Entonces Aragorn giró al elfo y lo colocó en posición perrito, lo agarró de su larga melena rubia y lo cabalgó como nunca se había follado a ninguna mujer…

    L: - mmmm… que bueno eres…

    A: - ¿te gusta?

    Cada vez lo hacía con mas fuerza, anunciando su próxima corrida…

    L: - Quiero que te vengas en mi boca…

    A: - pues toma putito…

    Aragorn se vino en la boca de Légolas y éste no dejó ni una gota de la descarga del Montaraz por lamer. Desde entonces el futuro rey y el elfo se hicieron amigos íntimos, y se apoyaban en todo lo que hacían…




    FIN

  5. #125
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    el dl señor d los anillos m a ocupao 6 topics x las fotos q solo dja poner 4 x topic

  6. #publi
    Publicidad

     

  7. #126
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    y aora uno d orgias xD

    FIESTA PARA TRES

    Todo lo que les cuento sucedió en el 2004, a principios del mismo.


    Resulta que varios amigos fuimos a pasar una semana en una casa cerca de la playa para descansar un poco de la rutina diaria de la ciudad.


    Éramos cinco: Alejandro con su novia Zelma, mi amigo Sael, mi novia Vania y yo, que me llamo Carlos.


    Todos los días eran especiales, nos divertíamos como locos y en las noches yo descargaba todo mi pene sobre Vania, que a decir verdad es una tigresa en la cama, por lo que casi todas las mañanas amanecíamos exhaustos de tanto sexo nocturno.


    Uno de esos días, nos percatamos de que la comida se estaba terminando, así que Alejandro decidió ir esa noche a la ciudad en busca de víveres, convidando a Sael para que lo acompañara, aceptando este último.


    Cuando caía la noche mis amigos se fueron en el auto hacia la ciudad, asegurando regresar a la mañana siguiente, así que nos quedamos Vania, Zelma y yo.


    Sobre las ocho de la noche nos sentamos a ver algunos videos musicales y una que otra película, hasta que ya muy tarde Zelma se retiró a su cuarto alegando que iría a dormir.


    Pasados unos minutos le dije a Vania que me esperara y fui a mi habitación a buscar un video, en realidad una película porno, así que mi novia y yo nos pusimos a verla.


    Con el pasar del tiempo nos comenzamos a calentar, así que Vania y yo nos besamos y ella puso su mano sobre mi short abultado por la erección de mi aparato. Repentinamente me quitó la ropa y se introdujo mi pene en la boca, dedicándome una mamada infernal que provocó que en pocos minutos me corriera en su boca, cosa que a ella la pone super caliente.


    Al sacarse mi pene de su boca tragó toda mi caliente esperma y se limpió los labios con la blusa para después quitársela y dejar ver esos magníficos senos grandes y redondos.


    Luego se quitó la minifalda y me percaté de que no traía bragas, así que pude ver su depilado chochito y acariciar su esplendido culo.


    Posteriormente se sentó sobre mi casi dormido pene y me lo apretó con sus nalgas, para después meterme una de sus tetas en la boca, provocando en mí un sueño infantil de amamantarme sin descanso, y así fue.


    Chupe sus senos como un animal y ella gemía suavemente y se movía sobre mi pene, por lo que este se paró en busca de su presa, encontrando una vagina húmeda y lista para ser penetrada.


    Introduje mi pene con tal furia que Vania soltó un gritillo de placer y comenzó a moverse y empujarse contra él hasta llegar a un orgasmo que estalló en gritos de locura y satisfacción.


    En eso se abrió la puerta del cuarto de Zelma, al parecer se despertó por el escándalo de Vania y se quedó asombrada al ver la escena de nuestro pasatiempo.


    Por varios segundos los tres nos quedamos mirándonos hasta que Vania rompió el silencio.


    No mires tanto – dijo Vania – vuelve a dormir o únete a la fiesta.


    Debo comentarles que estas palabras de Vania me sorprendieron, ya que cuando le mencionaba lo magnifico que sería para mi tener sexo con dos mujeres a la vez me tildaba de pervertido.


    Zelma se sintió indecisa pero de repente comenzó a caminar lentamente hacia nosotros sacándose la ropa, así que pude ver desnudo aquel hermoso cuerpo de senos redondeados, cintura estrecha y amplias caderas, mientras ella se acercaba Vania comenzó a moverse encima de mi, como muy excitada por lo que iba a suceder ya que no dejaba de mirar a Zelma.


    Cuando llegó hasta nosotros se agachó a mi lado y Vania se sacó mi pene de la vagina y le indicó a Zelma que me lo chupara, cosa que esta hizo sin vacilación. Debo aclararles que me lo mamó de una forma descomunal, logrando que por momentos me estremeciera.


    Mientras Zelma hacia esto Vania le acariciaba sus cabellos rubios y la espalda, hasta que dio la vuelta y se colocó detrás de Zelma, esta última, como si lo supiera se puso en cuatro patas y Vania la abrió las nalgas y comenzó a comerle el chocho y el culo.


    Esta escena me volvía loco y caliente hasta que Vania se me acercó al oído y me susurró "Quiero que la penetres" y eso hice. Me puse de pie y Zelma se quedó en cuatro patas, Vania se apartó y yo me coloqué detrás de Zelma, le introduje mi pene en el chocho empapado y comencé a bombear como un salvaje.


    Zelma gemía y gritaba desordenadamente, mientras que Vania la besaba en la boca y le chupaba las tetas, hasta que se tiró frente a ella y abrió las piernas.


    Zelma se agachó un poco y comenzó comerse el coño de Vania, además de introducirle los dedos en la vagina y en el culo, luego me miró me dijo que la cogiera por el culo.


    Saqué mi pene de su vagina y se lo introduje poco a poco en el culo, mientras ella gemía de dolor y placer y torturaba a mi novia mediante rápidos movimientos de sus dedos y su lengua. Cuando todo estuvo dentro de su negro agujero la agarré fuertemente por las caderas y se le sacaba y metía a gran velocidad.


    Después de varios minutos observé el rostro de Vania estremecerse y gritar al llegar al orgasmo, cosa que también le sucedió a Zelma entre gritos y gemidos escandalosos.


    Pensé que este era mi momento, así que saqué el pene del culo de Zelma y me paré frente a las dos muchachas, moví mi pene varias veces y al ellas notar que pronto saldría el líquido prodigioso se pusieron frente a mi cañón y me corrí como un loco, mientras ellas compartían mi leche, me chupaban el pene para limpiarlo y se besaban.


    Después de reponernos no bañamos los tres juntos y hablamos sobre lo sucedido y de lo bien que la habíamos pasado. Al terminar cada uno de nosotros se fuimos a dormir.


    Después de esto, varias veces a la semana Zelma nos visita a Vania y a mi, y en ocasiones llego a la casa y me las encuentro a las dos tumbadas en la cama exhaustas de una sesión lésbica, lo cual me caliente y comenzamos nuestras fiestas privadas, solo los tres.

  8. #127
    Avatar de 123456 Fucking Hostile
    Registrad@ el
    30/06/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    4.470
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    156
    hijo, único.
    Hoy, pasados 10 años de aquella experiencia, me animo a contarla para tratar de averiguar, a través de este autoanálisis, mi grado de responsabilidad real en los acontecimientos que quiero relatar, ya digo, mas por hacer un ejercicio de autocrítica sincera, que por el morbo de trasladar a alguien esta, no sé si positiva, experiencia que no creo que llegue nunca a confiar a nadie; es decir, la escribo casi exclusivamente para mí misma.

    Todo sucedió a raíz de la muerte de mi marido, sucedida hace ahora casi 11 años, cuando tan solo contaba con 40 años y como consecuencia de un infarto masivo, quedándome viuda con tan solo 37 años y con un hijo único de 18.
    No es necesario explicar mi profunda depresión por aquella muerte imprevista y tan temprana en un momento de total plenitud de nuestra vida, cargada de proyectos e ilusiones, con una relación excelente con mi marido en todos los terrenos y con una situación económica próspera. Su muerte truncó de improviso todos nuestros proyectos, aunque la situación económica de nuestra familia quedó garantizada con un elevado seguro de vida de mi marido y una pensión de viudedad complementada con otra pensión que mi marido tenía aparejada a sus emolumentos en su empresa, como el resto de empleados de la misma y que suponía la garantía de por vida de nuestra total estabilidad económica, de modo que, en ese terreno, no había de qué preocuparse.
    Pues bien, con este contexto previo, mi vida cambió radicalmente, volcándome, a partir de ese momento, en el cuidado de mi hijo, único soporte afectivo que me había quedado en la vida y sin ninguna actividad profesional o laboral que me facilitase la superación del fuerte trauma sufrido, mi existencia se tornó triste y llena de preocupaciones infundadas sobre cualquier adversidad que pudiese surgirme, pues me veía incapaz de superar cualquier otro contratiempo de importancia. Por otra parte, mi hijo, también traumatizado en ese momento de su vida, continuaba con su actividad de estudiante normal.
    Desde aquel acontecimiento y como mutuo consuelo, mi hijo se solía acostar conmigo muchas noches, algo que resulto muy positivo para superar el trauma.
    A la edad de mi hijo, yo era consciente de su desarrollo sexual pero, dentro de un contexto de normalidad, yo no daba mayor trascendencia a los cambios que veía desarrollarse en él. Era frecuente que tuviese poluciones nocturnas o notar en ocasiones, cuando entrábamos en contacto en la cama, su sexo, muchas veces en erección. Solíamos abrazarnos con frecuencia, siempre dentro de una relación materno filial normal, pero sin poder evitar explotar nuestro aspecto físico que, aunque a veces con algo de turbación por mi parte cuando mi hijo apoyaba sobre mi cuerpo su pene erecto, yo procuraba no hacer mención alguna a un suceso tan normal como quería que él mismo lo viese. También él, en ocasiones, al abrazarme, reposaba sus manos sobre partes sensibles de mi anatomía y yo, seguía sin dar mayor importancia a estos sucesos normales.
    En la Navidad de aquel año y el viernes que a mi hijo le dieron las vacaciones, hacía ya cuatro meses de la muerte de mi marido, hacia las 2 de la madrugada, me despertó mi hijo, que dormía a mi lado, para informarme de que tenía un fuerte dolor en los testículos. Yo me llevé un pequeño sobresalto por lo intempestivo de la hora y la preocupación que me causaba cualquier pequeña enfermedad que pudiese tener mi hijo, así es que me incorporé de inmediato y, cuando fui a encender la luz de mi mesilla de noche, me pidió mi hijo que no lo hiciese, pues le daba mucha vergüenza que le viese desnudo. Yo accedí y acerqué mi mano hacia la zona que mi hijo me decía casi tanteando, pues la escasa luz de entraba por la ventana de mi habitación, no me permitía distinguir claramente lo que me indicaba mi hijo. No tuve mucho que buscar, pues enseguida me tropecé con un erecto pene y unos testículos, algo pequeños, pero muy duros. No será necesario explicar que una enorme turbación invadió mi corazón que latía fuertemente, no sé si de preocupación o nerviosismo por la situación tan violenta que se me presentaba y que en mi doble función de padre y madre, tendría que solucionar en primera instancia, así que tratando de controlarme y no mostrar a mi hijo ningún tipo de turbación ajena a la preocupación normal por su salud, como si de otra cuestión se tratase, le dije que se tranquilizase, pues debía tratarse de algo completamente normal a su edad y que se le pasaría en un momento. El me confesó que estaba así hace ya casi 4 horas, pues se había acostado hacia las 10 de la noche y desde ese momento, su estado había ido empeorando, siéndole ya imposible soporta el dolor testicular que sufría.
    Yo, mientras le palpaba sus partes y tremendamente excitada por el tiempo que hacía que no tenía ninguna experiencia sexual con hombre alguno y mi hijo ya era un hombre hecho y derecho, le propuse ir a urgencias, aunque me resultaba muy violento llevar a mi hijo a ningún sitio en esas condiciones, pero fue él que me indicó su negativa a ir a ningún sitio por la tremenda vergüenza que sentía de que alguien le viese así, prefiriendo que le diese alguna pastilla o algo para el dolor que le consumía. Yo comprendía perfectamente que mi hijo no se recuperaría salvo que tuviese una eyaculación, pero como decírselo a él?. Pensé que ya debería saber que, a su edad, era totalmente normal masturbarse de vez en cuando, pero no sabía como ejercer mi función de padre en aquel momento, así es que le dije que se echase a mi lado un rato y le daría un masaje a ver si se le pasaba el dolor. El, se acostó junto a mí en mi cama y yo, haciendo de tripas corazón y tratando de darle a la situación una apariencia de total normalidad en mi conducta a la ayuda que una madre debe prestar a un hijo con algún tipo de problema, me dispuse a masturbar a mi hijo en lugar de decirle y explicarle que eso debería hacerlo él de vez en cuando, pues me resultaba muy difícil hablarle de esos temas, que ya debió su padre explicarle hace años.
    En esta situación le dije que se estuviese quieto y comencé a tocarle sus partes que efectivamente tenía a punto de estallar y realmente me preocupé un poco, pues nunca había visto a su padre así de excitado; pensé que quizá yo estaba equivocada y posiblemente tenía algún tipo de patología que debiera ver un médico. No me era posible tocarle mucho los testículos, pues era en esa zona en donde se le concentraba el dolor que se le extendía hasta el bajo vientre. Me centré en su pene erecto tratando de controlar mi instinto sexual y no perder el control, pues se trataba de mi propio hijo y a pesar de mi propia necesidad derivada de la prolongada abstinencia desde que murió me esposo, no debía permitir el llegar a pensar en que aquello rebasase el único y exclusivo fin de ayudar a mi hijo, aunque fuese en esta situación un tanto violenta para ambos. Posiblemente era algo frecuente en los chicos de su edad y que sus padres solucionarían explicándoles, de hombre a hombre, cual era la solución mas adecuada. En nuestro caso, no existía esa posibilidad y asumí esa responsabilidad en exclusiva.
    Como digo, me dispuse a enseñarle cual era la solución a su problema para que él lo pusiese en práctica en el futuro, y tras frotarle suavemente un pene a punto de reventar, no tardó mucho en producirse, entre quejidos de mi hijo de dolor y placer, un orgasmo tremendo, con una eyaculación extraordinaria que manchó todas las sábanas, mis manos, su pijama, calzoncillos, mi camisón, etc., pues sus chorros intermitentes, con una presión inusitada, yo no podía controlar hacia donde orientarlos, pues no me esperaba una explosión de esas dimensiones que yo no había visto nunca en mi marido. Realmente debía estar muy necesitado el pobre para llegar a esta situación.
    Enseguida recordé el olor del semen de hombre, tanto tiempo olvidado, con la eyaculación de mi hijo. Me excité sin poderlo evitar, aunque tratando de desvincular mi excitación del objeto de la persona de mi hijo. Traté de asociar mi erotismo hacía mi marido desaparecido y los buenos ratos de sexo que con él disfruté.
    Mi hijo, tremendamente violento por lo sucedido y yo, tratando de tranquilizarle y convencerle de la normalidad de todo, a pesar de mi propia turbación, me apresuré a levantarme y proceder a limpiar todo el desastre que habíamos generado, levantándose igualmente mi hijo para ayudarme.
    Encendí la luz de la habitación y mi hijo se cubrió pudorosamente sus partes, con su calzoncillo y pijama mojados por varias partes de su propio semen. Yo también tenía machado mi camisón y tendría que cambiarme.
    Mientras yo quitaba las sábanas con la ayuda de mi hijo, le pregunté si se encontraba mejor, confirmándome que el dolor había desaparecido totalmente y que había sido un masaje muy agradable; traté de explicarle que ese "masaje" que yo le había dado, debía él aplicárselo cuando lo creyese conveniente, para evitar llegar a que la excitación sexual normal, a su edad, se convirtiese en dolorosa. En una palabra, trataba de explicarle que el masturbarse era algo normal a su edad y muy conveniente en ocasiones. Esperaba que lo hubiese comprendido y no se repitiese la situación anterior, pues me había llegado a violentar mucho el tema, aunque comprendí que yo era la única persona a quien mi hijo podía confiar estas cosas, a falta de su padre.
    Una vez acabado el cambio de sábanas, le dije que se marchase a su habitación a cambiarse de pijama y a dormir y yo hice lo mismo con mi camisón, acostándome después sola.
    Tras permanecer un rato meditando sobre lo sucedido y aún excitada por la experiencia y sin poderlo evitar, comencé a fantasear con la posibilidad de una experiencia con mi propio hijo estimulándome manualmente mi sexo, algo que no había hecho nunca. A pesar de mis valoraciones éticas y morales que trataban de reprimir estos pecaminosos pensamientos, no pude evitar regodearme en ellos hasta conseguir un orgasmo mas que satisfactorio, manchando nuevamente mi camisón con un abundante flujo que me bajó y que mostraba igualmente, el estado de necesidad en que me encontraba por mi larga abstinencia a mi aún temprana edad. Después del orgasmo disfrutado, y arrepentida de mis pensamientos relacionados con mi hijo y que me prometí rechazar en adelante, me dormí plácidamente hasta las diez de la mañana del día siguiente, pues no tenía que despertar a mi hijo para clase, como hacía a diario, ya que era sábado y, además, estaba ya de vacaciones de Navidad desde ésta semana y hasta el día 7 u 8 de Enero; es decir, tenía tres semanas de vacaciones.
    Cuando me levanté, sentí a mi hijo duchándose, así es que fui a la cocina a preparar unas tostadas de desayuno, que sabía le gustaban mucho, como a mí, así es que cuando salió de la ducha y al olor de las tostadas, se acercó a la cocina aún desnudo y con la toalla cubriéndole de cintura para abajo. Bajo la misma, no pude reprimir observar su abultada entrepierna y reprimí la mirada y los pensamientos, prometiendo evitarlos en lo sucesivo.
    Mi hijo, mucho más tranquilo, se sentó a desayunar y yo le ofrecí todo aquello que le gustaba: su zumo de naranja natural, su café caliente, sus tostadas… en fin, un buen desayuno para un chico de 18 años que aún está creciendo.
    Con ciertos reparos comenzó a hablar a mitad del desayuno, diciéndome que se quedó muy bien anoche y que ya no le había vuelto a doler nada en toda la noche. Que él sabía lo que tenía que hacer en aquellas ocasiones, pero que anoche lo había intentado y no le había sido posible lograr su objetivo, por lo que recurrió a mí asustado por si le pasaba algo y que, conmigo, le había resultado una experiencia extraordinariamente agradable, consiguiendo eyacular muy pronto, cuando a él le constaba mucho trabajo y no siempre lo conseguía, habiéndole pasado alguna vez mas, que terminaba con un dolor muy grande, aunque nunca como anoche. Me dio las gracias por ayudarle y yo le dije que no pasaba nada, pero que tratase de aprender él mismo a solucionar el problema en lo sucesivo, pues a su edad, era normal que eso le sucediese con frecuencia.
    No pasó de ahí el asunto y yo, más tranquila, me dispuse a mis faenas domésticas sin poder de quitarme el asunto de la mente mientras trabajaba. Comimos y yo me fui a echar la siesta, pues aunque no me dormía habitualmente, me gustaba descansar, como siempre hacía con mi marido cuando vivía y era nuestra hora favorita para hacer el amor. Normalmente luego él se dormía y yo me quedaba viendo la TV en la cama hasta que él se despertaba. Ahora simplemente me echaba un rato y veía la televisión.
    Mi hijo solía quedarse en su cuarto, jugando con el ordenador cuando, pasado un rato, mi hijo volvió a entrar en mi dormitorio y, nuevamente mostraba, a través de su pijama, un abultamiento exagerado de su pene, pidiéndome ayuda, pues le había vuelto a pasar lo de anoche, habiendo intentado él solucionarlo sin éxito.
    Yo, muy violenta por el cariz que estaban tomando los acontecimientos y en un todo ciertamente áspero, le mandé salir de mi habitación diciéndole que lo que había pasado anoche era una excepción extraordinaria y que su madre no podía ser su amiga o amante de juegos eróticos, debiendo él, como todos los muchachos de su edad, solucionar este asunto. Cabizbajo, salió de mi dormitorio sin decir palabra y yo, muy nerviosa, esperé acontecimientos en la cama. Me arrepentí del tono que había usado con mi hijo, cuando, a lo peor, se trataba de un problema real en su caso. De repente recordé que tengo una amiga enfermera en el Servicio de Urología del Hospital, y rápidamente decidí consultarle el caso para ver hasta que punto mi hijo sufría un problema real o no, así es que aprovechando que estaba en su cuarto y no saldría después de la reprimenda en un rato, salí de mi habitación con el deseo de llamarla enseguida. Me dijeron en el servicio que esa tarde estaba libre y la llamé a su casa. Allí estaba ella y tras comentarle el asunto con cierto reparo, me dijo que era frecuente en algunos chichos de su edad, el sufrir este tipo de molestias, los cuales eran fruto de su instinto sexual insatisfecho y que no siempre les resulta fácil a todos el masturbarse, lo que requiere un ejercicio de imaginación que no se da en todos los casos, originando casos de fuertes dolores testiculares que remitían sin mayores consecuencias y, sobre todo, cuando comenzaban a salir con chicas y a mantener ciertas relaciones sexuales aunque no fuesen plenas. Ese fue el resumen de la conversación que me causó un cierto complejo de culpabilidad, pensando en el posible dolor que estuviese padeciendo mi hijo, por lo que no pude evitar interesarme por su estado y me acerqué a su habitación.
    Estaba acostado pero despierto y le pregunté como estaba, confirmándome que le dolían bastante los testículos, pero que se acababa de tomar una aspirina y quería dormirse un rato. Le dije que me disculpase por mi tono de antes y que tratase de comprender lo violento que era para una madre solucionar este tema de un hijo de su edad. Él, sin responder, se dio la vuelta mostrando su enfado y tratando de culparme de sus males. Yo, comprendiendo que es lo que quería, le pedí que me hiciese sitio en la cama para acostarme junto a él y tratar de quitarle el dolor; él, sin volverse hacia mí, se desplazó un poco en su estrecha cama y me dejó sitio. Yo, sin preámbulos, le acerqué mi mano a su pene y vi la terrible erección que sufría, sin comprender como le estaba pasando aquello que yo no recordaba en mi marido, pues otras experiencias no había tenido. Le bajé lo suficiente el pantalón y los calzoncillos como para dejarle al descubierto su pene y comencé a frotarle. Enseguida y con el rostro vuelto aún, se giró hacia mí situándose boca arriba, con el fin de facilitar mis tocamientos. Yo no tenía conciencia ni de culpa ni de lo contrario, pues me encontraba presionada y sin ayuda de nadie acerca de lo correcto o incorrecto para estos casos. Por otra parte, mi hijo estaba siendo excesivamente mimado desde la muerte de su padre y no se conformaba fácilmente con una negativa. Cuando llevaba un rato de frotaciones y me di cuenta de las consecuencias de otra eyaculación, le dije que se viniese a mi cama, pues la suya era muy pequeña para los dos y de paso le pondría algo para evitar manchar de nuevo la ropa nuestra y de cama.
    Me levanté y salí delante hacia mi habitación para buscar alguna toalla pequeña que pudiese limpiar su semen y me acosté esperando a mi hijo, que llegó enseguida, pero desnudo de cintura para abajo y con una verga increíble, impropia de su edad; no recordaba la de su padre de esas dimensiones descomunales. No pude de nuevo evitar una turbación que a mi hijo parecía afectarle; venía con esa pose descarada y desafiante como sometiéndome, o así lo entendí yo, que no quise mostrar ningún tipo de emoción y evité mirarle directamente. Esperé que entrase en la cama y, a continuación, se puso boca arriba en disposición de recibir mis "masajes", es decir, claramente, mi masturbación. Me ofendió un poco su postura arrogante y me prometí mostrarle mi total frialdad e indiferencia, pues me daba la sensación que me estaba tratando de seducir o algo así y me molestó. Yo traté de mostrar indiferencia y sentido de la ayuda materna a un hijo, sin cruzar la frontera a la que mi hijo parecía querer llevarme.
    Tras colocarle la toalla en el vientre, bajo su pene erecto, comencé a frotarle suavemente el pene y los testículos, observando cuidadosamente como su excitación iba en aumento progresivo; yo, de vez en cuando y para prolongarle el rato de placer, extendía mis caricias a todo su cuerpo, vientre, pecho, piernas… etc., y él disfrutaba visiblemente. Me pidió que colocase mi cabeza sobre su hombro derecho, para una mayor comodidad, de modo que me cogió y facilitó mi acercamiento a su miembro. Yo notaba como su mano, que recorría mi espalda, me frotaba también a mí, pero lo interpreté como movimientos inconscientes fruto de su excitación. Por mi parte, la excitación estaba subiendo del límite aconsejable, pues el "asunto que me traía entre manos", no daba para menos, pero traté de controlarme y evitar una situación comprometida.
    Al cabo de un rato noté la mano de mi hijo sobre mis riñones desnudos, comprendiendo que me había subido poco a poco el camisón buscando mi piel desnuda. Dado que mi mano izquierda estaba bloqueada entre nuestros cuerpos y la derecha ejercía de masajista, no pude bajarme el camisón, confiando en que se correría pronto y dejaría de manosearme, pero esta vez el asunto se estaba prolongando mas de lo previsto inicialmente.
    Me pidió, eso sí, por favor, que le pasase mi pierna derecha sobre las suyas, a fin de notar mi piel en contacto con la suya y tras advertirle de con quien estaba, accedí a sus deseos. Subí la pierna lo que puede, hasta rozar sus testículos con mi rodilla y nuevamente sentí mi excitación subir peligrosamente. Mi sexo, con el movimiento de mi pierna sobre mi hijo, y estando tan solo cubierto por mi braga, estaba en contacto con su parte alta de la pierna, trasmitiéndole un calor inconfundible. Así seguimos un buen rato hasta que mi hijo, sin aviso previo, se giró ligeramente hacia mí, de tal modo que su pene quedaba peligrosamente cerca de mi sexo, algo del todo intolerable, sobre todo sin pedirme permiso como en las otras maniobras que había llevado a cabo. Con la mano derecha le empujé su cadera para volverle a su posición de tendido boca arriba y se molestó, indicándome que trataba de aumentar su excitación para no tenerme mucho rato frotándome y posiblemente cansada. Le hice ver que no estaba bien lo que estaba tratando de hacerme y que, por favor, no me forzase a llegar mas lejos. Él pareció tranquilizarse un poco y me pidió por favor, si podría tocarme los pechos mientras yo le masturbaba. Le dije que no rotundo, pero era difícil de aceptar una negativa para él e insistió, diciéndome que sería un momento y solo a través del camisón… en fin, que le consentí tocarme un poco mientras le manoseaba y él a mí, provocándome una excitación total. Yo comenzaba a debilitarme y me preocupé, así es que me separé de él y le dejé en esa situación dándole la espalda asustada de mi pérdida de control.
    El, comprendiendo que me había forzado mas de la cuenta, se volvió hacia mí para abrazarme y consolarme, echándome su mano sobre mi cintura y apretándose contra mi espalda, situándome su pene en mi trasero. Comenzó suavemente a pedirme que le perdonase, pero que le daba miedo no correrse, como cuando se masturba solo y que solo pretendía aumentar su excitación conmigo, que le parecía que no era nada malo, pues era mi madre y con nadie mejor que con ella para hacer estas cosas que le daba vergüenza y miedo hacerlo que alguna chica y menos aún, con alguna prostituta. Por otra parte, yo tampoco tenía ya compromiso con nadie, desde la muerte de su padre, por lo que era libre de hacer lo que quisiese y con quien quisiese, sin tener que dar explicaciones a nadie, pensando él que con su propio hijo era con quien menos reparos debía tener.
    La verdad es que tenía unos argumentos difíciles de rebatir por mí en aquella situación, casi inmovilizada con su brazo, con su pene en mis partes más sensibles, completamente asustada por el descontrol de los acontecimientos y sin deseos de herir a mi hijo y menos aún de inducirle a una prostituta, de modo que, sollozando de angustia e impotencia, por mi incapacidad para reaccionar, me dejé abrazar por mi hijo quien, aprovechando el momento de debilidad que sufría, comprendió que me tenía a su merced, por lo que, discretamente, trató de sacar ventaja de la situación, así es que continuó con su seducción verbal diciéndome que él comprendía que yo, tan joven y sin un hombre a su lado, debía estar pasando ciertas privaciones como él y que podríamos consolarnos mutuamente y hasta donde yo quisiese; él podría "tocarme" a mí para hacerme disfrutar y yo a él y todo quedaría en la intimidad de nuestra casa, en donde a nadie le importaba lo que hiciésemos.
    Ya digo, me dejé llevar por mi propia debilidad, mas que por su argumentos y asentí levemente dándole mi conformidad, pero sin dejar de llorar. Él, con su pene erecto entre mis piernas, comenzó a meterme la mano por debajo de mi camisón que ya estaba por encima de mi braga y comenzó a tocarme los pechos. No puedo decir que me molestase, pues era muy delicado acariciándome, pero sí que sentí una gran depresión pensando en el tremendo delito, al menos ético, que estaba consintiendo a mi hijo. No obstante, no se lo impedí y él se fue animando más.
    El frotaba su pene entre mis piernas estimulando mi vagina bajo la braga, a la vez que manoseaba mi cuerpo sin llevar sus manos hacia mi sexo, quizá por temor a que yo se lo impidiese, que no hubiese sido el caso en mi situación.
    Me pidió que abriese ligeramente las piernas, asegurándome que no era para hacerme nada, sino para tener él mismo acceso por delante, a su propio pene y masturbarse mientras rozaba mi sexo a través de la braga. Le dije que no era necesario y que yo lo haría y que, si lo deseaba, podría seguir tocándome los pechos, algo que hizo de inmediato.
    Yo le frotaba su pene, que mantenía pegado a mi sexo, dejando mi braga en medio chorreando de mis flujos vaginales y traté de olvidarme por un momento de prejuicios y tratar de disfrutar con mi hijo, pues, como él mismo decía, no parecía que ofendiésemos a nadie, salvo a nuestra moral y ética, que para mí era excesivo.
    Le pedí por favor que no me forzase a llegar mas lejos, que no quería hacer eso con mi propio hijo, pero parecía poco probable parar a este toro bravo, a pesar de mi sincero deseo de suspender y, si fuese posible, retroceder lo andado.
    En unos segundos con esta maniobra, noté como se derramaba sobre mi braga un tremendo chorro de semen ardiente, recorría mi pierna derecha y caía sobre la cama. Sus salpicaduras mancharon mi vientre, sábanas, camisón, manos, … etc., en fin, cambio de nuevo de toda la ropa mía y de mi cama. La toalla que le puse se había perdido en el fragor de la batalla.
    Apretado contra mi espalda, disfrutaba de su orgasmo apretándome los pechos y yo esperaba, tambien ardiendo de deseo pero alegrándome de que, por ahora todo hubiese pasado y me prometí no propiciar ninguna otra situación de riesgo similar.
    Mi hijo se estaba duchando y yo me cambié completamente y cambié la ropa de mi cama, meditando taciturna sobre cual habría de ser mi actuación a partir de ahora. Sí, era necesario hablar seriamente con mi hijo y explicarle algunas cosas relacionadas con nuestras respectivas vidas sexuales totalmente independientes. Debía hacer de padre en esta ocasión y dejar claro lo que yo quería o no quería hacer y con quien. Por su parte si precisaba algún tipo de ayuda médica, aquí estaba su madre para ayudarle.
    No aguardé ni un minuto más y cuando salió de la ducha, aún sin quitarse la toalla que le cubría de cintura para abajo, en el salón le expliqué aquello que había decidido y que, tanto conmigo como con cualquier mujer con la que llegase a tener algún tipo de relación, habría de ser del todo respetuoso para entender un NO, independientemente de lo que él creyese que quería la otra persona; es decir, le estaba prohibido ética y legalmente, actuar siguiendo un criterio personal de interpretación sobre lo que la otra persona quería o no. Sí persistía en forzar una situación como la de hacía unos minutos con su madre, algo que me parecía aberrante y contra natura, tomaría la decisión de marcharme de casa o exigirle que se marchase a él. Por supuesto no denunciaría a mi hijo, pero me separaría definitivamente de él si llegaba a intentar violarme.
    Aparentemente su expresión hacía pensar en la posibilidad de que mi hijo rectificase su actuación, pero creo que ni la falta de convencimiento que vio en mí, ni la consistencia de mis argumentos, consiguieron disuadirle de sus intenciones, pero pronto lo sabría.
    La tarde pasó, como de costumbre, sin mayores incidencias, viendo la televisión y comiendo palomitas; mi hijo no salió, como de costumbre y después de cenar, me quise marchar pronto a la cama a ver una película interesante y, sobre todo, por evitar tentaciones a mi hijo. Cerré la puerta de mi dormitorio, en contra de mi costumbre, aunque lógicamente no puse el pestillo de bloqueo, pero era la primera medida de decisión por mi parte y esperaba que mi hijo supiese entenderlo. No habría de pasar mucho tiempo cuando mi hijo llamó a la puerta de mi habitación, pidiéndome permiso para entrar; yo, asustada y pero sin querer mostrarlo, le di permiso para entrar aparentando normalidad y firmeza. Solo quería darme un beso de buenas noches y pedirme perdón por lo que había sucedido; tras explorar con la vista sus zonas peligrosas y comprobar que estaban en estado de reposo, le recibí satisfecha de la apariencia de normalidad que todo había recuperado. No es necesario añadir que con cuatro carantoñas y mimos me convenció, entre otras cosas por mi propio deseo de no indisponerme con mi único hijo y el único pilar de mi vida tras la muerte de mi marido. Se recostó conmigo un rato a ver la televisión y le abracé tiernamente. Así nos quedamos dormidos hasta la mañana siguiente, domingo, en la que me desperté bruscamente al sentir la presión de mi hijo sobre mi espalda.
    Serían las 0800 h de la mañana y se había despertado completamente excitado y con una erección tremenda, como solía ser en su caso ya habitual. Yo me sobresalté y volví a caer en una gran decepción al comprobar que mis esfuerzos no habían producido fruto alguno. Aquí estaba de nuevo mi hijo solicitando mi "ayuda". Parecía bastante evidente que había iniciado un camino sin retorno y debería aceptar las consecuencias de mi debilidad. Traté de separarme de él que, angustiado, me pedía perdón, supuse que por lo que pensaba hacerme. Él me apretaba fuertemente contra sí, acercándome su pene de nuevo a mi trasero. Con sus manos fuertes me tocaba mis pechos y me subía el camisón que, al instante, lo tenía en el cuello. Le pedí un momento de calma, pero parecía imposible pararle. Me metió la mano bajo mi braga y comenzó a tocar mi sexo que, al instante, se preparó para una penetración segregando su flujo natural en abundancia. Con una voz firme y de autoridad le ordené que parase lo que estaba haciendo y se quedó completamente inmóvil y con los ojos muy abiertos, completamente asustado y le dije: "Mira hijo, lo que vas a hacer es violarme, lo sabes??"
    Él comenzó a llorar desconsolado y yo me fortalecí, permaneciendo firme por primera vez desde que el viernes comenzó esta terrible historia que tanto cargo de conciencia que crearía durante años. Yo continué hablándole mientras él escondía su vista de la mía y se mantenía con la cabeza agachada. Le dije: "No voy a consentir que esto que vas a hacer conmigo nos suponga un trauma mayor de lo que ya lo es para mí, de modo que lo aceptaré como hecho inevitable y, en cierto modo, consumado y me dispondré a concederte lo que tanto deseas, pero de un modo lo mas agradable posible para ambos, sin permitir que la fuerza suponga después un motivo de mayor autoreproche para ti; yo trataré de superar la parte de culpa que me toca y tú, la tuya, pero no pienso agravar tu delito obligándote a forzarme. Quédate quieto y espérame unos minutos y tendrás lo que buscas".

  9. #128
    Avatar de 123456 Fucking Hostile
    Registrad@ el
    30/06/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    4.470
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    156
    Salí de la habitación para ducharme y en unos minutos estaba de regreso. Sobre la ropa de cama que cubría a mi hijo sobresalía un abultado miembro que esperaba ansioso su presa y con la cabeza vuelta hacia la otra parte de la habitación, supongo que para evitar ver mi cara a mi regreso, me esperaba mi hijo, que había dejado de llorar. Yo, tremendamente excitada pero tranquila, me acerqué a la cama y me puse junto a él. Traté de llevar el control en todo momento, impidiéndole tomar iniciativas, de tal modo que, tal y como estaba, boca arriba, comencé a quitarle su calzoncillo, única prenda que se había dejado puesta y a tocarle su gran pene erecto; cerró los ojos y se dejó llevar. Yo le manoseaba todo su cuerpo, especialmente los testículos y el pene. Trató de girarse hacia mí y no le dejé, pero le acerqué su mano hacia mis pechos, que comenzó a tocar a través del suave camisón de seda que me había puesto para la ocasión tras ducharme, y noté como su excitación aumentaba apretándome hasta hacerme daño. Le pedí un poco de control y acerqué mi cara a su miembro para proceder a masturbarle con mi boca, algo que provocó, en escasos segundos, un nuevo orgasmo para el que yo, en esta ocasión, ya me había preparado, habiendo previsto una toalla con la que pude limpiarme y limpiarle a él. Mantuve mi posición durante un rato posterior a su eyaculación facilitándole un prolongado y satisfactorio orgasmo, llegando notar sus espasmos en mi lengua y mis manos que sujetaban sus testículos hasta descargarlos totalmente de su ardiente líquido.
    Tras retorcerse literalmente en la cama, le dije que se fuese a la ducha, pues ahora iba a comenzar lo que él tanto había deseado, por lo que sería conveniente que se preparase "para afrontar una auténtica sesión de sexo y con la debida profesionalidad para, al menos, ser lo suficientemente hombre como para ser capaz de satisfacer a tu pareja; si no lo logras, será la última vez que te lo consienta. De salir bien esta primera vez, ya no deberás verme como tu madre, sino como tu amante fiel y contraerás nuevas obligaciones conmigo y yo contigo. ¿Has comprendido lo que te digo? –asintió con la cabeza-. Las consecuencias las afrontaríamos después, pero ya no era posible mantener una guerra contra mi hijo que, finalmente, sé que tengo perdida. Mi decisión era sobre lo que haría después y eso ya lo he decidido: será la resignación y soportar toda mi vida el cargo de conciencia de haber sabido educarte convenientemente. Espero que Dios algún día me perdone".
    Salió cabizbajo y yo me dispuse a situarme sobre la cama, sin cubrirme y con el camisón verde de seda, casi transparente y con una braga de encaje negra y ligueros que a su padre le volvían loco.
    A su regreso, cabizbajo y apesadumbrado, sin levantar la cabeza para mirarme siquiera, me dijo que posiblemente podría controlarse en el futuro y que si yo no quería, él no me forzaría. Yo le recriminé su actitud infantil y le prohibí ese comportamiento en el futuro. El había querido saltar la frontera que separa al niño del hombre y yo ahora no daría marcha atrás esperando otro altibajo suyo cuando su instinto sexual se despertase de nuevo. El me miró y noté como se esforzaba por mantener el tipo, lo que no le fue difícil al verme a mí en la posición que me había situado. Su calzoncillo delató enseguida que su conciencia estaba siendo doblegada por su pasión y sin mas titubeos se acercó a la cama, en donde yo, cariñosamente, le tendí los brazos. Quiso subir sobre mí, pero yo no le dejé, sino que le tumbé boca arriba y le quité los calzoncillos. Él era evidente como estaba, pero yo no estaba mejor que él, pues mi pasión me aceleraba el pulso y me parecía que el corazón me iba a estallar; no obstante mantuve el control y, una vez decidida a afrontar lo que viniese, estaba igualmente decidida a disfrutarlo al cien por cien. Traté de no ver, en el hombre que me iba a poseer a mi hijo y me entregué a una pasión desenfrenada y tanto tiempo contenida.
    Me subí sobre él y coloqué su pene entre mis piernas, mientras me quitaba el camisón. Sin darme tiempo a reaccionar, me había cogido los pechos y los apretaba a su gusto. Yo me centré en su pene pretendiendo que nuevamente tuviese otra eyaculación, pues me temía que en cuanto me penetrase, alcanzase el orgasmo y yo me quedase sin estrenarme, por lo que traté de estimularme a mí misma pero sin permitir que me penetrase aún. Cuando se fue animando, trató de soltarme los ligueros y bajarme la braga, pero su inexperiencia y excitación no le permitían actuar con precisión, por lo que yo misma me solté los ligueros y me quité la braga. Mi hijo quedó estupefacto al verme desnuda por completo ante él y tan solo con las medias negras de encaje puestas. Me pidió cortésmente que me acercase a él y yo le pedí que antes se echase un momento. Cuando se hubo situado, me puse sobre él en sentido contrario, de tal modo que tuve su pene al alcance de mi boca y mi vagina la situé justo en la suya que, sin pensárselo, comenzó a chupar con placer. Yo trataba de controlar mi orgasmo y acelerar el suyo, lo que no me fue muy difícil, pues al minuto escaso de esta posición, nuevamente llenó mi boca un chorro tremendo de semen caliente y mi hijo dio un pequeño grito de placer y unas convulsiones características de un gratificante orgasmo.
    Me retiré de la posición en que me encontraba y me limpié cuidadosamente, limpiándole a él tambien.
    Le pedí que me acompañase al baño y nos duchamos ambos, él primero y yo después. Le pedí que se perfumase y me esperase de nuevo en la cama. Ante su sorpresa, le expliqué que ahora es cuando debía dar la talla y que esperaba que se portase como un hombre. Él, algo preocupado por sus fuerzas maltrechas, salió del baño y yo me arreglé convenientemente, dirigiéndome tras él de inmediato al dormitorio de nuevo. En esta ocasión estaba decidida a que fuese la definitiva, por lo que me dispuse a disfrutar a placer y sin pararme, por ahora, en consecuencias.
    En cuanto llegué a la habitación me acosté junto a mi hijo y, al tacto, comprobé que su "animo" ya no estaba tan alto como antes, algo que ya me esperaba, pero estaba segura de poder remediar esta situación prevista, así es que tras pedirle que me diese un masaje por todo el cuerpo, yo le devolvería el masaje directamente sobre sus zonas mas sensibles; en esta faena conseguía el doble propósito de yo ir alcanzando el punto óptimo y él ponerse a tono para la siguiente función. Yo, desde luego, aún estaba a estrenar y mi estimulación no había conseguido bajar desde por la mañana, sintiendo permanentemente mi vagina chorreando de deseo, por lo que, en cuando la dureza de su pene alcanzase la máxima tensión, en ésta ocasión consumaría la penetración.
    Tras un largo rato de caricias recíprocas, esperando que mi hijo alcanzase su mejor momento, en el que mi lengua había recorrido todo su cuerpo, de repente él me sujeto por la cintura y tras tumbarme en la cama boca arriba, maniobra que le dejé hacer a su gusto, se subió como un potro desbocado sobre mí y me abrió bien las piernas; yo creí que se me saldría el corazón del pecho y el miedo por lo que iba a hacer hizo acto de presencia de nuevo en mi conciencia, pero pronto me ayudaron los acontecimientos a superarlo de un solo golpe. Puso su pene en la puerta de mi vagina y tras frotar de arriba abajo dos o tres veces, empezó a penetrarme lentamente, como con miedo, lo cual me sorprendió dados los ímpetus que había demostrado hasta ese momento.
    Yo no pude reprimir un largo quejido de placer mientras mi hijo introducía en mi interior todo su largo pene y no recordaba una sensación similar cuando practicaba el sexo con mi marido; quizá el período de abstinencia y deseo reprimido había hecho mella en mí y ahora todas mis ansias estaban siendo satisfechos de golpe. Mi hijo, al unísono conmigo, emitió un largo suspiro de placer que luego se trasformó en un rítmico jadeo, sincronizado con el mío y que acompasaban sus vaivenes que, como un buen profesional, introducía su pene en mi interior hasta la raíz, para luego sacarlo casi en su totalidad, dándome un erótico restregón en mi clítoris vibrante. Así me tuvo posiblemente 15 minutos de éxtasis total y yo no pensaba en nada mas que en gozar como no recordaba haberlo hecho antes nunca. Mi hijo, quizá condicionado por mis amenazas previas, estaba cumpliendo como todo un hombre, aguantando lo que tampoco recuerdo que hubiese aguantado nunca antes mi marido, aunque, a decir verdad, tampoco nunca le sometí, previo a un coito, a un vaciado total como a mi hijo.
    Como era de esperar y tras esta larga sesión de sexo intenso, noté que mi hijo no aguantaría ni un minuto más, por lo que traté de sincronizar mi orgasmo con el suyo, lo cual no fue fácil, pues al contrario de lo que esperaba, casi termino yo antes que él, pues el autocontrol que yo tenía, era muy diferente al de mi hijo que, como digo, a pesar de todo, se portó como un auténtico profesional. Lo cierto es que nuestro orgasmo simultáneo fue extraordinario; yo sentía mi vagina contraerse y expandirse al compás de mis espasmos y mi hijo eyaculaba dentro de mis entrañas con unas violentas contracciones que me hacían enloquecer.
    Se dejó caer sobre mí exhausto, cuando sus brazos no podían sujetar su peso y en esa posición y con mi vagina llena de su pene y su semen, permanecimos otros 10 o 15 fantásticos minutos en los que yo no dejé de sentir un largo y ansiado orgasmo total. ¡Solo Dios sabe lo que yo necesitaba aquello! Mucho más que mi hijo, que tenía a su alcance cualquier chica de su edad, pues hay que reconocer que con sus 18 años, era un muchacho guapísimo, con 75 kilos de peso y 1,79 de altura.
    Incorporándose lentamente me preguntó si lo había hecho bien y yo, en un arranque de pasión y lujuria, le besé en los labios con mi mejor sonrisa y plena de satisfacción, mostrándole una conformidad absoluta. Él comprendió el mensaje y sonrió tímidamente, dándome las gracias más efusivas que le he visto en mi vida, pues, en el fondo, se trata de un chico muy tímido, causa que, con el tiempo, he supuesto le llevó a forzar la situación conmigo, ya que con otras mujeres, jamás se habría atrevido.
    Aquella tarde mi hijo, aún extenuado por el esfuerzo, no me propuso repetir, pero yo no había quedado del todo satisfecha y propicié un segundo encuentro para goce pesonal, pues ahora ya mi pasión se había desatado y no era capaz de pensar en otra cosa, así es que me fui a mi habitación y tras ponerme el conjunto mas sexy que encontré en mi casa, sentada en mi cama, llamé a mi hijo, que estaba en el salón, acostado en el sofá y viendo la televisión.
    El conjunto era negro, como a mí me gustaba siempre mi ropa interior, de encaje y de reducidas dimensiones. Camisón muy corto y transparente; sujetador que ya se me había quedado pequeño, lo cual hacía más grandes y duros mi pecho. La braga minúscula y totalmente transparente, dejando traslucir el vello de mi pubis tan rubio y suave como el de mi melena y los obligados ligueros que tanto efecto causan en los hombres.
    Mi hijo llegó de inmediato a la habitación, pues daba la sensación que se volcaba por complacerme y me preguntó que es lo que quería, aunque su mirada inquisitiva a todo mi cuerpo le dieron la respuesta. Se acercó a mí y yo le pregunté que cómo tenía su pito, pues después de tanto trajín, podría estar maltrecho, pero me confirmó que aunque algo agotado, en perfecto estado. Yo lo quise comprobar y le bajé el pantalón del pijama y el calzoncillo, quedando su pene a la altura de mi boca y totalmente fláccido. Le cogí por su trasero acercándole a mí y lo introduje en mi boca. Mi hijo no hizo oposición alguna y yo comencé a chupar, lamer, succionar… etc. y con el exclusivo propósito de provocarle otra erección y poder gozar de nuevo del sexo hasta saciarme, si eso era posible.
    Al cabo de unos minutos, mi hijo ya trataba de alcanzar mis pechos con sus manos, y su pene estaba nuevamente listo para la faena, por lo que paré un minuto y le pedí que me desnudase lentamente, a fin de que aprendiese a desnudar a una mujer y dado que antes había tenido ciertas dificultades con el liguero y después fuese tocando cada parte de mi cuerpo que descubriese. Él lo hizo quitándome primero el camisón y pasó su mano por mi tronco desnudo, palpando mis pechos y mi entrepierna. Yo notaba su pene ya a punto de reventar de nuevo y no pude por menos que celebrar su potencia pensando en los buenos ratos que me esperaban. Pronto pasó al sujetador que saltó, debido a la presión que tenía, dejando en libertad mis dos pechos nada despreciables. El se acercó y los besó y lamió durante un ratito, empujándome para que me recostase sobre la cama. El de rodillas ahora entre mis piernas, que colgaban aún de la cama, me besó mi vientre y se centró en el liguero. En ésta ocasión no tuvo dificultad en soltar las medias y quitarme el liguero, dejando mi braga como única prenda que cubría, escasamente, mi vello púbico. El comenzó a bajármelas poco a poco y a medida que descubría mi vello, pasaba su lengua por la zona descubierta. La verdad es ahora era yo la que se retorcía de gusto y estaba ansiosa por que mi hijo acelerase un poco el proceso, pero él era disciplinado y cumplía con mis instrucciones. Levanté mis caderas para que pudiese retirar totalmente la braga y en la misma posición anterior, es decir, yo recostada en la cama y con mis piernas colgando fuera y mi hijo de rodillas en el suelo y reclinado sobre mi sexo y tendiendo sus manos hacia mis pechos, que le enloquecían, me chupaba directamente la vagina que comenzó a fluir como una fuente de líquido hirviente.
    Yo no deseaba mas que me penetrase lo antes posible, pero aguanté para que comprobase que yo también controlaba la situación; no obstante, cuando ya llevaba varios minutos pasando la punta de su lengua por mi clítoris erecto visiblemente y a punto de provocarme un orgasmo, le dije:
    "Por favor, hijo, penétrame ya y, por favor, no me tortures más." No pude evitar mostrarme tan débil, pero realmente no podía aguantar más.
    Mi hijo se incorporó y mostrando su preciosa herramienta brillando de dureza, me impidió cambiar de posición y así mismo, como estaba y chorreándome por los muslos un intenso flujo vaginal, acercó su pene a mi agujerito y abriendo mis labios mayores con sus manos me introdujo, de un solo empujón, todo su pene en mi vagina ardiente. ¡Dios mío, que increíble sensación! Realmente todo parecía nuevo para mí, pues no recordaba experiencias similares con mi marido. Le pedí que me hiciese el amor con fuerza y rapidez, pues ahora me apetecía que fuese así, y él no lo dudó, comenzó a meter y sacar con fuerza su pene y en escasos minutos me corrí sin poderlo evitar ni controlar entre gritos y suspiros de placer, pero mi hijo no había terminado, así es que continuó con sus embestidas mientras yo gozaba de un orgasmo permanente en el que me mantenía con su vitalidad.
    Mi hijo metía y sacaba su pene con fuerza y también gozaba como si fuese la primera vez, pero debía estar algo incómodo de rodillas y me pidió que cambiásemos de postura. Yo, sintiendo el parar en ese momento en el que disfrutaba de este anormal orgasmo interminable, me apresuré a seguir sus instrucciones, pues no estaba para tomar decisiones y me dijo que él se tumbaría boca a arriba y yo debía subirme sobre él. Lo hice en el acto y recuerdo que me dijo que le excitaba muchísimo hacerme el amor con las medias puestas. Yo sin mas entretenimientos cogí el pene de mi hijo y me lo introduje con ansia en mi vagina. Comencé a saltar sobre él y recuperé el intenso placer que sentía antes, recordando lo que había oído en alguna ocasión acerca de las mujeres que tenían varios orgasmos juntos. No podía entender lo que me sucedía ni estaba en condiciones de estudiar el fenómeno en este momento, así es que me dispuse a gozar a tope del hecho y estuve en este estado de éxtasis y semi – inconsciencia durante largos minutos, no sé muy buen cuantos, pues perdí toda noción del tiempo y de la realidad. Solo veía la cara de mi hijo que, con los ojos en blanco, no dejaba de suspirar y jadear, diciendo tan solo "así, mamá, así… más, más".
    Solo sé que mi hijo debió correrse de nuevo, pues sentí sus latidos en mi interior y el derramarse fuera de mi vagina una gran cantidad de semen y flujo, que mostraba nuestros vellos entrelazados, completamente mojados y chorreando hasta la cama por los costados de mi hijo y por entre sus piernas. Como digo, así seguimos mucho tiempo, posiblemente media hora, hasta que el pene de mi hijo se salió de mi vagina por su estado de flaccidez y lo vi caído hacia el lado izquierdo de su cuerpo, cuando yo aún daba saltos sobre él. En ese momento paré un minuto para poder recobrar el conocimiento y el sentido de la realidad y vi a mi hijo completamente exhausto, con sus brazos en cruz y respirando agitadamente, lo que me asustó un poco, pero cuando paré, mi hijo abrió sus ojos y, sonriendo, me dijo que lo sentía pero que ya no había podido aguantar mas. Me pidió un poco tiempo para recuperarse y volvería a hacérmelo otra vez.
    Yo comprendí que me había excedido y se acosté junto a él, tan agotada o más que mi hijo y así estuvimos descansando un rato. En esta ocasión ni me molesté en limpiar la cama…. Nos quedamos dormidos hasta la noche, completamente desnudos sobre mi cama.
    El día siguiente fue parecido al domingo anterior, pues salvo ducharnos varias veces y comer en otras dos o tres ocasiones, nos pasamos el día haciendo el amor desenfrenadamente en todas las habitaciones de la casa y en todas las posiciones que pude imaginar, hasta el extremo de que ambos llegamos a la noche exhaustos y con nuestros sexos escocidos. Era el escozor más placentero de mi vida, pues jamás, insisto, jamás, había llegado a disfrutar tanto y tantas veces del sexo como aquel día, pues mi marido era bastante conservador y, en cambio mi hijo, era muy ocurrente en esta tarea. Por otra parte, su enorme vitalidad propia de su edad, propiciaba una actividad extraordinaria y no me fue posible anticiparme, ni una sola vez, a los deseos de mi hijo, quien siempre tomaba la iniciativa ensartándome su verga incansable en cualquier lugar de la casa en donde me sorprendiese.
    Los días siguientes fueron parecidos; una inagotable actividad sexual que solo cesaba para las necesidades biológicas más básicas, o para bajar a comprar alimentos. En general, las vacaciones de Navidad de mi hijo, de aquel año, se transformaron en una auténtica orgía entre los dos y disfrutamos de muchas Nochebuenas.
    Después de aquello, ya mi hijo dormía habitualmente en mi cama, haciéndome el amor a diario, todas las noches y muchos días cuando sus clases le daban ocasión y, dado que apenas salía con los amigos, nuestra vida en común, hasta que se echó novia a los 23 años, fue la comunidad sexual más perfecta que me pude imaginar nunca. Desde entonces y con su consentimiento, nuestros contactos sexuales se fueron distanciando hasta desaparecer totalmente cuando se casó, hecho éste que supuso para mí el disgusto más grande de mi vida, tras el fallecimiento de mi marido.

    Hoy, 3 años después de aquella boda, mi hijo sigue viniendo a verme con su familia y yo sufro en silencio y, en ocasiones, me consuelo en solitario con aquellos recuerdos de nuestra vida en común.
    A pesar de ello siempre he tenido mi conciencia sucia con esta historia y no he sido capaz ni de confesarlo a ningún sacerdote, a pesar de que siempre he sido religiosa y he seguido yendo a misa todos los domingos, pidiéndole a Dios que me perdone y perdone a mi hijo, pues aunque él fuese el que inició esta desgraciada historia, no tengo ningún reparo en admitir todo el resto de la responsabilidad de lo que ocurrió, por lo que rezo todos los días de mi vida purgando mi pena y esperando que, al menos Dios, comprenda mis debilidades.

  10. #129
    Avatar de Khoré ¿Un juego de idiotas?
    Registrad@ el
    15/02/2004
    Localidad
    Del pais de nunca jamás.
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    15.215
    Agradecido
    15 veces
    Temas
    317
    Me ha gustado el del hijo aunque pobre mujer... luego se casa el hijo y ala se queda sin sexo la madre...
    -Su soledad es una vieja enjuta rodeada de hijos de puta,
    que se ríen de ella pues todos quisieran ser como Marea.

  11. #130
    Avatar de SaRiChi PueDo PRoMeTeR Y PRoMeTo
    Registrad@ el
    29/01/2004
    Localidad
    De La ciudad de Fallas VALENCIA
    Sexo
    Chica
    Edad
    30
    Mensajes
    1.207
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    69
    Me ha molao muxooo muxooo...
    pero no hay de un padre y su virginal hija? alomejor tb estaría muuu bien
    es q solo he conseguido leer de madres.. jajjajaja...
    Slow down baby

    Quizás caiga una estrella


  12. #131
    Avatar de Khoré ¿Un juego de idiotas?
    Registrad@ el
    15/02/2004
    Localidad
    Del pais de nunca jamás.
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    15.215
    Agradecido
    15 veces
    Temas
    317
    ¤Sâ®i©hï¤ escribió:
    Me ha molao muxooo muxooo...
    pero no hay de un padre y su virginal hija? alomejor tb estaría muuu bien
    es q solo he conseguido leer de madres.. jajjajaja...
    Jjajajaj yo leí uno que su padre se ponía cachondo con su hija, páginas atrás pero vamos no llegaban a nada(que recuerde...)
    -Su soledad es una vieja enjuta rodeada de hijos de puta,
    que se ríen de ella pues todos quisieran ser como Marea.

  13. #132
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    ¤Sâ®i©hï¤ escribió:
    Me ha molao muxooo muxooo...
    pero no hay de un padre y su virginal hija? alomejor tb estaría muuu bien
    es q solo he conseguido leer de madres.. jajjajaja...
    aora buskooo

  14. #133
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    Me llamo silvia, soy una guapa estudiante de piel blanca, esbelta Esta historia comienza cuando mi madre enviuda y se junta con un señor de 48 años de edad, yo tengo 18 años, el cual, desde el momento en que llegó a la casa y me conoció, comentó que era ya una mujer hermosa.

    Posteriormente, me di cuenta que él no me quitaba la vista de encima, me miraba las piernas blancas ya que al parecer le gustaban, ya que siempre las traía con medias, lo cual las hace más atractivas para la vista de los hombre y con minifalda mucho más y cuando cruzaba mis piernas frente a él, era una gran tentación, poniéndose inquieto y nervioso, pero de placer.

    Este asedio se fue haciendo cada vez más constante e insistente, hasta llegar a espiarme mientras me bañaba o me cambiaba de ropa temprano para ir a la escuela, lo que en algunas ocasiones me logró ver, eso fue lo que le excitó, constituyéndose en el mayor acoso sexual por parte de él, hasta llegar a manosearme y a ofrecerme dinero, situación que le rechacé, enfadándose. En otras ocasiones, le encontré ropa íntima y medias mías en su closet; esto provocaba en mí a la vez molestia y en ocasiones satisfacción, al ver que un hombre era atraído por mí, yo hacía que mi sensualidad despertara pasión en él como hombre, gozaba ver cómo me miraba con deseo, yo sabia que le era atractiva como mujer, contribuyendo con mi excitación, ya que en ciertas veces, me sentaba frente a él separando mis piernas y logrando que su imaginación volara, produciéndole mayor excitación, lo cual, lograba desquitarse y satisfacerse con mi madre.

    Durante las noches, dormía en una recámara junto a la de mi madre y escuchaba a través de la pared cuando tenían relaciones sexuales, haciendo mucho ruido y por los gemidos de mi madre, lo que a mí me excitaba, haciendo que mi vagina lubricara bastante.

    Una noche, mi madre se fue a cuidar a mi hermano menor ya que se había enfermado, llegué de la escuela siempre bien arreglada, no había nadie y me cambié para acostarme poniéndome una bata corta de color negro, lo cual, resaltaba con mi piel blanca quedándome dormida; como a la media noche, sentí unas manos acariciándome, lo cual me despertó, viendo a mi padrastro completamente desnudo, separándome mis piernas en forma violenta y sacándome mi pantaleta, descubriendo toda esa feminidad que había conservado y amenazándome que si gritaba me mataría.

    Me dio mucho miedo, mientras él estaba comenzando a besar, me mordía mis labios y sentí su lengua dentro de mi boca, en mi cuello, besaba mis senos tomándolos entre sus manos y apretándolos entre sí y llegó hasta mi abdomen, descubriendo las curvas de mi cadera, sintiendo entre mis muslos ese miembro todo erecto con una gran lubricación. Después, él acarició mi clítoris con su boca, sintiendo como lograba hacer que me excitara, sabia que tomaría de mí ese terciopelo rojo que lo haría feliz; para ese momento, dejé de oponer resistencia, me arrodilló frente a él para mostrarme su miembro todo erecto y pulsando por la excitación e introduciéndolo en mi boca, para succionarlo y recorrerlo con mi lengua y al hacerlo, se hacia cada vez más gruesa, viendo como las venas se hacían más tortuosas y gruesas y sintiendo en mi boca mayor lubricación de él, de un sabor salado.

    Me llevó a la cama y separándome mis piernas muy suavemente, lograba ver esos labios mayores todos rojos, los mismos que separó con sus dedos descubriendo la presencia del clítoris, lo cual comentó agarrando entre sus manos ese miembro todo erecto y escurriendo un lubricante espeso. Por fin, él me dijo "este miembro te va a hacer mujer", para luego introducir su pene en forma violenta condicionando en mi dolor y sangrado, sintiendo como su pene todo caliente entraba en mí, separando mis paredes vaginales y recorriendo todo mi canal vaginal hasta topar contra mi vientre, sintiendo como su pene entraba y salía cada vez más rápido y como rozaba mis paredes vaginales, las cuales se contraían entre sí, para darle mayor placer y gozo.

    Sabía que cada vez que sentía su grandeza dentro de mí, yo le compensaba dándole la caricia más íntima que existe entre un hombre y una mujer, logrando que mi cuerpo respondiera moviéndome al ritmo de cada penetración, mis senos también se movían a su ritmo, escuchando como su respiración se hacía cada vez más intensa, sudaba y disfrutaba cada momento, lo cual condicionó a que mis paredes vaginales se hicieran más estrechas, sintiendo como comprimían ese rico miembro y logrando, por fin, ese éxtasis y a los pocos segundos, sentí como que algo caliente inundaba mi vagina llenándome toda, por fin había eyaculado y obtenido lo que tanto había deseado. Las relaciones se repiten hasta este momento.

  15. #134
    Avatar de Artemissa Mega Usuari@
    Registrad@ el
    02/10/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    5.031
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    134
    ADVERTENCIA DEL AUTOR

    El siguiente relato es una fantasía sexual que contiene descripciones explícitas de prácticas que son ilegales, inmorales, socialmente inaceptables, y sucias. Solamente los adultos maduros con un sólido concepto de la realidad deben continuar leyendo.



    La cama oscilaba suave pero constantemente mientras yo yacía sobre mi costado al lado del que había sido mi marido los últimos catorce años. Él también estaba de lado, pero en dirección opuesta. Estábamos espalda contra espalda, sin tocarnos. La situación había llegado a ser familiar, aunque dolorosa.

    No estábamos solos en nuestra cama. Colocada espalda contra pecho con Dan, mi marido, estaba nuestra hija de 12 años, Sarah. Dan duerme desnudo, al igual que Sarah. El suave movimiento iba aumentando su tempo e intensidad gradualmente hasta que era imposible no darse cuenta. En anteriores semanas no se permitirían el lujo de perder el control y esperaban pacientemente hasta que creían que yo ya estaba dormida. Pero cada vez, fueron comenzando más pronto y se volvieron más obvios, hasta el punto en que yo era primero suavemente movida, haciéndome retirar, y finalmente groseramente empujada después de solamente diez o quince minutos.

    Permanecía con las mandíbulas fuertemente apretadas teniendo que sentir como crecía lentamente el ritmo de la pasión sexual; ¡teniendo que oír los obscenos y húmedos ruidos y el crujir de la cama que parece decir "¡follan, follan, follan!". Tuve que oler las oleadas de pesado almizcle sensual que emanaban de debajo de las sábanas.

    Era el olor embriagador del incesto que impedía conciliar el sueño. El producto de nuestro amor que gesté en mi vientre me robaba ahora ese amor gramo a gramo, y lo hacía en mis propias narices, lo hacía con un apetito tan voraz que no dejaba nada para mí, ni siquiera una gota de semen.

    Mientras yacía pensando, recordé los días de la plenitud, cuando ese líquido especial manaba como ambrosía a partir de una fuente sin fin. Podía darme festines a capricho y elegir a menudo abstenerme de él. Tenía semen a raudales. Cuando me daba la gana tenía dolores de cabeza, y entonces la cama bailaba al ritmo de su mano. Él limpiaba los resultados o dormía sobre la húmeda mancha.

    Había semen a montones para mí cuando me apetecía. Ésos eran los fantásticos días de hace varios meses, antes de que Sarah volviera a su práctica de la niñez de compartir nuestra cama. Y ahora iba marcando en un calendario privado los días que iban pasando sin sexo.

    Era una venganza dulce, sólo avaricia, o una justa necesidad egoísta, pero la fuente sin fin de esperma se secaba para mí. En nuestros primeros años, nunca estuve más de tres días sin sexo. Al principio, los días se fueron espaciando entre tres y cuatro, después cinco y seis, más tarde semanas enteras. Lo último fue el primer mes completo, una especie de aniversario. Se iban volviendo más descuidados o simplemente insensibles con el tiempo. Deseaba darme la vuelta en la cama, meter la mano entre las piernas de Dan, exprimir sus bolas, clavarle profundamente mis uñas, y decirle, "¡feliz aniversario, querido!".

    Rodé sobre mí, quedando sobre mi espalda y dejando ver que no estaba dormida. Mi cadera tocó el trasero desnudo de Dan. Esto sólo le frenó momentáneamente. Pronto, pude sentir los músculos de sus nalgas apretar y moverse, podría sentir como empujaba, notar como follaban, cometiendo incesto en mi cama marital. Él sabía que estaba despierta; y aún así, continuó inalterable.

    Me giré un poco más, presionando mi pecho y mi vientre contra su espalda. El muy bastardo ignoró mi presencia. Puse mi mano sobre su cadera y clavé mis uñas. Él quitó mi mano con un fuerte apretón, sin romper su ritmo. Empujó mi mano con furia, rechazándome abiertamente.

    Esto me hirió profundamente. Volví a colocar mi mano, suavemente, sumisamente, en el mismo sitio. Mi mano siguió su movimiento mientras acercaba mi cuerpo más a él poniendo mis labios en su oído. En un susurro apacible, suave, le rogué "Dan, no me hagas esto".

    Él continuaba. Le dije "Esto no es correcto. Ella es apenas una niña. Ella es nuestra hija." Como si fuera la respuesta, sus empujones se volvieron más fuertes, yendo más profundo, un gemido se escapó de los labios de mi hija, un gemido que debía haber sido mío.

    Desplacé mi mano cuidadosamente sobre su cadera y la sumergí hacia abajo, buscando. Suavemente llegué al punto donde el crimen era cometido. Sus estocadas empujaron mi mano contra el prieto culito de Sarah, mi anillo de bodas arañaba ligeramente su piel inmaculada. La humedad caliente me decía que estaba cerca: rizos mojados, y más allá una barra de la carne pulsante. Enrollé mis dedos alrededor de la base y él los empujó contra la dilatada vulva de mi hija. Una y otra vez insulto mi mano, follando dedos mayores en un coño menor.

    Lo exprimí suavemente, dando masajes al falo, sintiendo la piel resbalar a lo largo de la dura barra que tenia debajo. Sarah, la puta, levanto su pierna para dejarme ver que ella estaba enterada de mi complicidad. ¿De que otra forma podía ser? Si ella tenía las manos de su padre agarrando por completo sus florecientes pechos. Desplegué mis dedos traidores y realicé delicados dibujos sobre los labios de su vulva, su clítoris, y su minúsculo y cerrado ano. Mi dedo índice trazaba círculos alrededor del lugar en donde el padre se introducía en la hija. Dan volteó hacia mí hasta que ella quedó de espaldas sobre el vientre de él. Tuve que moverme para hacer sitio.

    Sarah abrió de par en par sus dulces muslos, y recoloqué mi mano, esta vez desde arriba. Dan utilizó las suyas para agarrarla por los tetas, haciendo que su cuerpo se deslizara sobre su duro miembro. Mis dedos lo notaban todo, y calentaban la maldita unión. Dan tiró de las sábanas sobre mi cabeza.

    El aroma a sexo me mareaba. Me apoyé en mi brazo derecho, haciendo una tienda de campaña sobre el sitio de la infidelidad, en nuestro lecho. Sin ninguna pausa, ellos se continuaban moviendo, vertiendo su humedad en mi mano, asaltando mi nariz con el olor de la lujuria. Una mano masculina me agarro un puñado de pelo por detrás de mi cabeza y presionó. Me vi obligada a dirigir mi cabeza hacia abajo.

    Mis labios tocaron la piel húmeda y rojiza de Sarah sobre su ombligo, probando su dulzor salado. Mis labios plantaron tiernos besos dondequiera que la presión los dirigía. La presión me empujó más abajo y mis besos cubrieron los pelos minúsculos, los pelos rizados, los pelos divididos por un valle; después la carne caliente, sedosa y membranosa; después una barra de carne masculina en movimiento. Incluso, besé el lugar en donde el padre y la hija se unían. Besé el lugar en donde un marido viola su voto matrimonial. Besé el lugar en donde debería haber estado yo por cada ley de la naturaleza y de la sociedad. Besé la renuncia a mis derechos.

    Esos besos se convirtieron en lametones. Ésos lametones se convirtieron en chupadas. Continué lamiendo y chupando incluso después de que la mano sobre mi cabeza se retirara. Continué incluso después de que Dan vaciara su semen en lo más profundo del vientre de Sarah. Continué después de que él saliera. Continué hasta que bebí de nuevo la ambrosía, pero de un pozo nuevo.

    Las lamidas y chupadas continuaron mientras se cumplía el segundo "aniversario mensual". Continuaron en el tercero, cuarto, y quinto. Todo cambió después de esa agitada noche. Las luces permanecieron encendidas, las sabanas fueron desplazadas. El amor entre ellos empezaba con mi lengua calentándolos a ambos. Me convertí en su instrumento de excitación. Mi lengua los seguía durante el acto sexual y los limpiaba luego. Bebí el semen y la ambrosía vaginal hasta que pensé que estallaría. Ningún dolor de cabeza podía relevarme ahora de mis deberes.

    Cuando el calendario ya marcaba seis semanas mi carácter cambió, me volví descuidada, irritable, y depresiva. Le expuse a mi maido cuales eran mis necesidades, mis derechos, mi lugar legítimo en nuestra familia. Le amenacé con serle infiel. Le amenacé con el divorcio.

    Él me amenazó con el divorcio también. Me dijo que alegaría que abusaba de mi hija, ofreciéndola a los hombres para obtener dinero con que costearme mi adicción a la droga. Estaba aterrada, especialmente cuando Sarah confirmó que no tenía ningún problema en apoyar esa acusación. Retrocedí y me acurruqué en un rincón. Esa misma tarde, Sarah quiso que quitara mis cosas de la habitación de matrimonio. Pasé toda la tarde haciendo la mudanza, poniendo su mierda donde estaban mis cosas, y poniendo mis cosas donde estaba su mierda. Su pequeño dormitorio se convirtió en mi habitación. El dormitorio principal era donde dormirían los amos.

    Sarah se regocijaba con su nuevo estatus de reina de la casa. Ella nunca movía un dedo. Yo era su criada personal. Ni siquiera se bañaba o cuidaba de su higiene íntima. Incluso tenía que limpiarle el culo. Dan disfrutaba viendo como Sarah me ponía en mi sitio. Le encantaba mirar como aplica su correa a mi trasero, muslos, o pechos ante la falta más leve, o simplemente para divertirse. No fue para mí ningún orgullo celebrar el segundo mes.

    En el tercero, lamía un coño embarazado. En el primer aniversario de su pecaminosa unión, mi hija se presentó con un bebé para que me ocupara de él. Ella nos amamantaba a mí y al bebé en sus pechos. A veces, yo mamaba de su clítoris mientras la pequeña lo hacía de sus tetas.

    Mi vida continuó de esta extraña manera hasta que ella se fue. Nos dejó con tres pequeños para criar. Se largó para ver el mundo con un marinero. Dan me permitió volver de nuevo a la habitación de matrimonio, pero dejando claro que había solamente un amo allí. La mayor de Sarah acaba de cumplir once años y se metió en nuestra cama ayer. He empezada un calendario nuevo.

  16. #135
    ---
    Registrad@ el
    02/08/2004
    Sexo
    Chica
    Mensajes
    1.059
    Agradecido
    0 veces
    Temas
    81
    este ulñtimo un poco.... nose foyarse a su hija de 12 años, xDDD

Página 9 de 12 PrimeraPrimera ... 7 8 9 10 11 ... ÚltimaÚltima

Permisos de tu Usuario

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes publicar respuestas
  • No puedes adjuntar archivos
  • No puedes editar tus mensajes
  •  
  • El código BB está activado
  • Los emoticonos están activados
  • La etiqueta [IMG] está activado
  • La etiqueta [VIDEO] está activado
  • El código HTML está desactivado
  • Los Trackbacks están desactivados
  • Los Pingbacks están desactivados
  • Los Refbacks están activados