Puagh, piojos. Qué asco.
Yo tuve cuando tenía unos tres años. Me los pegaron en la guardería, vamos, lo típico.
Me acuerdo que mi madre me ponía al sol para vermelos mejor y me los iba quitando uno a uno. Al final me cortó un poco el pelo y consiguió quitármelos todos. Desde entonces no he vuelto a tener.