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Ideologías políticas explicadas

  1. #1
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    Ideologías políticas explicadas

    hOLAAA!pUES COMO SE HAN PEDIDO MUCHAS VECES DEFINICIONES OBJETIVAS DE CADA MOVIMIENTO O IDEOLOGIA, AKI PODEMOS PONERLAS. YO HE PUESTO ALGUNAS, NO LAS HE LEIDO POR LO TANTO NO ESTAN MANIPULADAS X MI! SI ALGUIEN LEE ALGUNA Y ENCUENTRA Q NO ES LA CORRECTA, PUEDE MODIFICARLA.
    ASIAS! AAH! Y SI QUEREIS MAS O QUEREIS PONERLAS VOSOTR@S ADELANTE!

    M voy a permitir el lujo d comenzar x la k m siento mas identificada, q conste q TMP la he leido, lo hare despues, venga besos!!!



    ¿Ke eS La aNaRKia?


    ANARQUIA: La palabra Anarquía deriva del griego de la unión de dos palabras AN=no y ARKIA=gobierno. En síntesis cualquier
    enciclopedia lo denominaría simplemente como un sistema político que busca la abolición del estado y los otros significados
    de esta palabra se interpretarían(de forma totalmente despectiva)como caos y desorden. La utilización de esta palabra dándole
    el ultimo significado no es solo algo totalmente erróneo, además es falso y nefasto, aceptar esa acepción no es solo un error,
    también es un insulto a la inteligencia, debido a que la anarquía es la teoría política que con más persistencia busca la
    convivencia en paz y armonía entre los hombres. El anarquismo es, pues, una doctrina social basada en la libertad del hombre,
    en el pacto o libre acuerdo de éste con sus semejantes y en la organización de una sociedad en la que no deben existir clases
    ni intereses privados, ni leyes coercitivas de ninguna especie. Se opone a cualquier clase de jerarquía, tanto si se ha consolidado
    por la tradición, el consenso o si se ha impuesto de forma coactiva. Los anarquistas creemos que el mayor logro de la humanidad
    es la libertad del individuo para poder expresarse y actuar sin que se lo impida ninguna forma de poder, sea terrena o sobrenatural,
    por lo que es básico abatir todo tipo de gobierno, luchar contra toda religión o secta organizada (aceptando y respetando
    claramente la total libertad del individuo o colectivo a mantener sus creencias y cultos religiosos mientras no sean represivos
    y coactivos), en cuanto representan el desprecio por la autonomía de los hombres y la esclavitud económica. El anarquismo
    establece una máxima: la prohibición de causar perjuicio a otros seres humanos, y de esta limitación nace otra: si cualquier
    humano intenta hacer daño a otros, todos los individuos bienintencionados tienen derecho a organizarse contra él, aunque esto
    en un sistema anarquista es muy difícil que llegara a pasar debido a que el hombre, movido por sus dos instintos paralelos,
    el egoísmo y el altruismo, que con él nacen y en él viven, sin imposiciones ni educaciones destinadas a dominarlo y a malearlo,
    sabrá, por egoísmo, ponerse de acuerdo con los demás hombres, para facilitar su trabajo, su defensa y el medio en que debe
    desenvolverse, y, por altruismo, sabrá aportar su apoyo solidario a los más débiles y desvalidos, por tanto las dos máximas
    anteriores son solo preventivas, debido a que en un sistema anarquista compuesto por seres maduros, es impensable que un ser
    que no fuera un enfermo, causara mal a un semejante ya que un hombre normalmente constituido, en posesión de todas sus facultades,
    sano, libre, con todos los medios a su alcance para vivir feliz, no será malo y buscará la sociedad de sus semejantes, ya
    que el hombre, como especie, es sociable, necesita la compañía de los demás hombres para desarrollarse y vivir armoniosamente.
    Para el anarquismo, sin embargo, la sociedad no puede ser y no debe ser sinónimo de esclavitud, de uniformidad ni de conformismo.
    Los derechos del individuo a la soledad, si así lo desea, al trabajo solitario, si sus inclinaciones a ello le llevan, son
    siempre reconocidos. La base del anarquismo es el hombre, sus derechos inalienables, el pacto libre con los demás hombres
    y la organización de una sociedad donde esos derechos estén garantizados por el conjunto armonioso de todos los hombres reunidos
    respetándose mutuamente teniendo en cuenta que "la libertad de uno comienza donde acaba la libertad de otro". Por tanto el
    único motivo por el cual nuestra teoría política ha sido mal interpretada es debido a las calumnias y difamaciones que sobre
    nosotros han vertido por igual fascistas, comunistas o simples conformistas, toda esta manipulación de forma deliberada es
    debida a que(y sin animo de usar un victimismo barato)el anarquismo ha sido siempre la teoría política mas difamada por todas
    las demás ideologías, hemos sido el enemigo común de fascistas y comunistas, debido a que somos el único sistema político
    que va más alla de ser una mera teoría simplemente política, el anarquismo va mucho más lejos, el anarquismo es también una
    teoría filosófica y en consecuencia se convierte en una filosofía y forma de vida, se convierte en mas que una doctrina política,
    es un movimiento social, el único o por lo menos el que más aboga por el bienestar del ser humano independientemente de su
    condición, el único que en busca de ese bienestar se ha dado cuenta de que el estado(sea un estado fascista, comunista, democrático,
    ect...)jamas dejara de oprimir al ser humano, el único que por tanto ha llegado a la lógica deducción de que la abolición
    del estado y de cualquier institución gubernamental es la única manera de acabar con esa opresión que nos impide ser felices
    y es en definitiva el único que en búsqueda del citado bienestar ha descubierto que la única manera de obtener esa felicidad
    es obteniendo "el estado natural del hombre" que es la LIBERTAD.
    Última edición hecha por Sagitario, 02/11/2004 a las 19:58.
    Todo es adrede. Todo hace trizas el alma.


    Mario Benedetti

  2. #2
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    COMUNISMO


    Comunismo: Es una ideología política cuya principal aspiración es la consecución de una sociedad en la que los principales recursos y medios de producción pertenezcan a la comunidad y no a los individuos.


    Origen del Comunismo: Surgió, a principios del siglo XIX, como respuesta al nacimiento y desarrollo del capitalismo moderno. El concepto comunista de la sociedad ideal tiene lejanos antecedentes, incluyendo La República de Platón y las primeras comunidades cristianas.
    Fue la base de una serie de afirmaciones utópicas; sin embargo, casi todos estos primeros experimentos comunistas fracasaron; realizados a pequeña escala, implicaban la cooperación voluntaria y todos los miembros de las comunidades creadas participaban en el proceso de gobierno.

    Fundadores del Comunismo: Los fundadores del comunismo fueron, Karl Marx y Friedrich Engels En sus obras, intentaron analizar la sociedad capitalista. Pusieron de manifiesto las contradicciones existentes en el seno de la sociedad contemporánea: los derechos fundamentales no habían abolido la injusticia; los gobiernos constitucionales no evitaban ni la mala gestión ni la corrupción; la ciencia posibilitaba el dominio de la naturaleza pero no el de las fluctuaciones de los ciclos económicos; y la eficiencia de los modernos modos de producción no evitaba la existencia de barrios marginales en medio de la abundancia.


    Características del Comunismo:

    En la teoría, estas sociedades permiten el reparto equitativo de todo el trabajo en función de la habilidad, y de todos los beneficios en función de las necesidades.
    La sociedad comunista suponen que, en último término, no se necesita que haya un gobierno coercitivo y, por lo tanto, la sociedad comunista no tendría por qué tener legisladores.
    El comunismo debe luchar, por medio de la revolución, para lograr la abolición de la propiedad privada; la responsabilidad de satisfacer las necesidades públicas recae, pues, en el Estado.
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    Mario Benedetti

  3. #3
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    Socialismo

    Conjunto de razonamientos y criterios que describen la actividad humana en términos de relaciones sociales, frente al resto de doctrinas e ideologías que remarcan la preponderancia de la acción individual. Como praxis, el socialismo es el régimen que surge del resultado de la supresión del modo de producción capitalista, basándose en la propiedad social de los modos de producción. En el campo de las ideas, el socialismo no sólo ha sido una teoría económica y social, sino que también ha contado con aportaciones religiosas, culturales, morales y psicológicas.
    Como socialistas, se han definido multitud de corrientes políticas y humanas, desde el pensamiento de utopistas como Tomás Moro o el italiano Campanella hasta los cristianos de comienzos del siglo XIX que renegaban del sistema feudal. En cualquiera de las expresiones y hasta época reciente, el socialismo ha sido un concepto desarrollado en Europa, principalmente en el Estado francés, Alemania y Gran Bretaña, respondiendo a los traumas y el salvajismo de la primera industrialización. En la actualidad, las tesis socialistas han sido difundidas en todo el mundo con nuevas matizaciones propias de los lugares en que se han desarrollado, tanto en terreno empírico como en el del conocimiento.

    Los principios socialistas universales se activaron en torno a dos grandes conceptos: justicia e igualdad, partiendo de la premisa de que existen una serie de derechos que deben de ser intrínsecos a toda la humanidad. La noción de igualdad, presente también en la doctrina liberal, fue matizada por los primeros marxistas en el sentido de que lo que era una concepción puramente individual tenía que centrase en una versión colectiva. El socialismo marxista no aludía a que todos los hombres y mujeres fueran iguales sino que sus derechos eran los mismos. Luis Blanc estimaba que las diferencias en la naturaleza humana no justificaban remuneraciones diversas sino contribuciones distintas: «De cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades».

    Así, el socialismo buscó transformar el capitalismo, o lo que es lo mismo el individualismo, por una forma de organización de la producción colectiva y cooperativa, intentando lograr la eliminación de la explotación del hombre por el hombre. El fin del socialismo en este aspecto era el de sustituir el diseño milenario de la sociedad y la motivación de sus gentes, reemplazando el egoísmo por el altruismo y la competición por la cooperación. Todo ello con el propósito de construir una humanidad mejor y más saludable. Sin embargo, el análisis del capitalismo y su naturaleza, llevó al enfrentamiento en el campo de los teóricos socialistas a comienzos del siglo XX, cuando se decía que las estructuras capitalistas estaban a punto de desmoronarse. Fue Eduard Bernstein quien abrió la caja de los truenos al anunciar entonces que la transformación del capitalismo llevaría implicita la de la clase obrera, denunciando las «ilusiones de la teoría marxista del desplome». Karl Kautsky le refutó diciendo que la sociedad capitalista había fracasado y que su disolución no era sino cuestión de tiempo. Rosa Luxemburgo fue más allá de Kautsky señalando que la creciente mundialización capitalista llevaría, inevitablemente, a su crisis final. Lenin concluyó el debate al proclamar que el imperialismo era la última fase del capitalismo.

    En este estado de discusión llegó el socialismo planificado de la URSS que triunfó en la Revolución rusa de 1917 y que se derrumbó en 1991, convirtiéndose en la expresión más acabada del desarrollo que plantean las ideas igualitarias y su plasmación en un Estado moderno. En la URSS la distribución de la propiedad social fue representada en dos formas: la propiedad estatal y la propiedad cooperativa (koljosiana). Con el triunfó socialista, la ideología (el llamado socialismo científico) se realizó finalmente, convirtiéndose en una institución. De esa forma, el marxismo pasó a ser la doctrina oficial de todos los partidos socialistas europeos y, más adelante mundiales. En teoría, el socialismo planificado hubiera debido terminar con toda opresión social y toda desigualdad nacional, desapareciendo definitivamente las clases forjadas en la sociedad feudal o capitalista. Pero el fracaso del desarrollo socialista soviético fue evidente. El dominio de clase que preconizaba Marx o lo que es lo mismo la llamada dictadura del proletariado, fue secuestrada por el Gobierno de la URSS que ejerció en nombre de toda la población, provocando, después de sesenta años, el derrumbe de la primera experiencia socialista mundial.

    Precisamente, el concepto de clases sociales había ocupado, desde siempre, el centro de la teoría socialista que analizaba el capitalismo. La clase obrera, víctima primera de la lógica del capitalismo, era quien debería efectuar la conducción hacia el socialismo. Según la idea marxista, los cambios revolucionarios llevarían a la clase obrera a la toma del poder y desde ahí ejercería y dirigiría los hilos de la nueva sociedad. Durante todo el siglo XX, los socialistas se manifestaron de muy diversas formas al respecto. Los límites o no a la centralización estatal estuvieron en el centro de estos debates que fueron estimulados por los vertiginosos cambios tecnológicos y sociales del propio capitalismo. Uno de los principales estigmas con los que los socialistas vivieron buena parte del siglo XX fue el del dogmatismo y el del sectarismo, producto probablemente de esa teoría acabada y cerrada que proclamaban en sus partidos. Asimismo, conceptos como el del control de los recursos, la ecología, el feminismo o el mismo sistema de libertades individuales, hasta hace unas décadas ausentes de las teorías socialistas, han recuperado su trascendencia para entrar de lleno en las nuevas formulaciones.
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  4. #4
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    NAZISMO

    Introducción

    En decisión grupal elegimos el tema de fascismo ya que al conversar sobre el tema comenzaron a surgirnos dudas y gran interés con respecto al tema. Uno de nuestros objetivos al realizar esta investigación fue entender por qué causa los países europeos llegaron al punto tal de crisis en todo punto de vista que decidieron votar y seguir la doctrina fascista, siendo ésta tan perjudicial para ellos a medida que se desarrolló.

    Tratamos de explicar en términos generales su surgimiento y desarrollo, y las consecuencias que trajo luego tanto para los países europeos como para el resto del mundo.

    A la vez, quisimos lograr adquirir un buen conocimiento del significado de la palabra "fascismo" y con esto descubrir la importancia de no olvidar.

    En este trabajo hablaremos del fascismo en relación a su contexto histórico, mencionando como referencia cronológica la Primer y Segunda Guerra Mundial, con sus causas, desarrollo y consecuencias.

    Nazismo

    El nazismo es, en su origen, la ideología oficial del NSDAP (Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes) comúnmente conocido como Partido Nazi. Su fundamento no tuvo excesiva elaboración teórica, apropiándose, en gran medida, de las ideas fascistas según las cuales el Estado, para reservar su cohesión y unidad, debía de ser totalitario. Para el nazismo, este argumento fue compaginado con la máxima racista de superioridad de la raza aria sobre el resto. La admiración por la fuerza bruta y el culto al jefe único fueron otras dos nuevas aportaciones del nazismo. La situación social y económica de Alemania después de la Primera Guerra Mundial y el oportunismo de Hitler hicieron el resto. Hitler y el Partido Nazi lograron un apoyo popular de gran magnitud como para animar a Alemania a lanzarse a la conquista de Europa, en lo que fue la Segunda Guerra Mundial.

    Desde sectores de izquierda el nazismo ha sido denunciado como un producto inevitable del capitalismo y, sobre todo, como fruto de las tendencias imperialistas de los Estados más fuertes. Según estas impresiones, el germen capitalista que impregna la sociedad hace posible expresiones de este tipo que cíclicamente atenazan a la humanidad...
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    FASCISMO

    Es un sistema político, económico y social de carácter nacionalista que proclaman al Estado como la unidad suprema. Su ideología se trata de un pensamiento militarista sobretodo, exige la disciplina de las masas frente a la autoridad de mano de sus jefes; es enemiga de la democracia; desprecia el afán de paz, de bienestar y comodidad. Las bases doctrinales del fascismo fueron la oposición a la democracia y el parlamentarismo, el odio al socialismo y al internacionalismo, el rechazo a la creencia de progreso y a la virtualidad del pacifismo, el desprecio por los derechos individuales y la exaltación de estado como suprema entidad histórica. Frente al pluralismo democrático, el fascismo erigió un totalitarismo político que rechazaba toda posibilidad de convivencia con la oposición, aniquilando toda posibilidad de disidencia. Frente a los valores sociales sustentados por los derechos del hombre, el fascismo esgrimió los derechos del estado, crisol de los valores de la unidad moral de la nación. La ausencia de oposición y la omnipotencia del estado, sentaron las bases de un totalitarismo intelectual sustentador y a la vez potenciador de la creencia en la posesión de la verdad; para dictarla en cada ocasión, se conformó una gran infraestructura de propaganda, que comenzaba en el sistema educativo, pasaba por la movilización de la juventud y alcanzaba el monopolio de los medio de comunicación. La suprema consideración de la entidad del estado se plasmó efectivamente en un nacionalismo agresivo y victimita; su materialización se produjo en la autosuficiente aspiración a una economía autárquica y en el desarrollo de un imperialismo colonialista que pretendía resucitar la gloria del imperio romano.

    cARACTERISTIKAS DEL PARTIDO FASCISTA: Estos destruyen todos los derechos de libertad individual, anula la libertad de las elecciones y destruyen las organizaciones proletarias; con ello, la clase proletaria es privada totalmente de sus derechos y poderes; la desaparición del estado de derecho y la concepción totalitaria del estado, el desarrollo de un nacionalismo imperialista, la sustitución del sistema sindical por el corporativismo, la libre actuación del partido nacional fascista, único legalizado y utilizado como arma persuasiva sobre la población civil, y la concepción jerárquica del poder del estado, en la que la reducida cúspide dirigente detenta todos los poderes.
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    ECOLOGISMO


    Podemos distinguir tres tipos de argumentos que han sido ofrecidos a lo largo de la historia de la defensa del medio ambiente. Cada uno de ellos viene marcado por valores, ideologías, definición de objetivos y modos de acción diferentes.

    En primer lugar, el conservacionismo es la postura que defiende la protección de la naturaleza por razones estéticas, éticas y/o religiosas. La naturaleza, entendida como la diversidad de flora y fauna y la belleza de los parajes naturales, es considerada como un privilegio del que disfruta la especie humana, como un lugar de esparcimiento, recreo y contemplación que debe ser respetado tal y como ha sido heredado a lo largo de la historia. Las versiones de este argumento, que están teñidas de justificaciones teológicas, tienden a apelar al sentido de responsabilidad del ser humano en su «gestión» de la naturaleza. De acuerdo con este argumento, la naturaleza es una creación de Dios, no siendo potestad del ser humano su destrucción; habiéndonos sido legada para nuestra prosperidad, debemos usarla, pero no abusar de ella. Según esta visión, el ser humano, en cuanto «obra cumbre» de Dios, tiene la obligación moral de proteger otras de sus creaciones «menores» más vulnerables y débiles.

    El riesgo achacado a este tipo de argumentos conservacionistas es que concentran su atención en los efectos (progresivo deterioro de los espacios naturales) sin considerar las causas y los contextos globales que posibilitan dichos efectos (un modo de producción y de consumo que fuerza los límites naturales de los ecosistemas hasta extremos insostenibles a medio plazo).

    Un segundo tipo de argumentos, éstos de carácter utilitarista, tienden a subrayar el modo en que la naturaleza puede ser puesta al servicio de los intereses humanos. Los defensores de este punto de vista son conocidos como medioambientalistas. De acuerdo con estos argumentos, actividades tales como el vertido indiscriminado de desperdicios tóxicos en el río más cercano son reprobables por el perjuicio que suponen para la salud de la población y por el aniquilamiento de los recursos piscícolas que conlleva. Otro ejemplo: consentir la explotación incontrolada de los recursos lleva a la sobreexplotación de la naturaleza y en última instancia al agotamiento de los recursos necesarios al ser humano para su subsistencia. Más allá de los detalles puntuales de estos argumentos, todos ellos coinciden en que la protección inadecuada del medio ambiente compromete seriamente los intereses humanos. En consecuencia, han de tomarse medidas de carácter urgente si no queremos cargar con la responsabilidad de haber contribuido a la extinción de la especie humana. El tipo de medidas propuestas por los defensores de este tipo de argumentos «antropocéntricos» son un reflejo de disputas ideológicas más profundas. Mientras que para algunos autores establecer mecanismos regulatorios del mercado sería suficiente para combatir la degradación medioambiental (por ejemplo mediante medidas impositivas a aquellos que contaminan según el «principio del causante», de acuerdo con el cual «el que contamina, paga»), para otros la solución pasa por la nacionalización de la propiedad, convencidos de que «muerto el perro -el móvil del beneficio privado-, se acabó la rabia -la degradación medioambiental-». A diferencia de los conservacionistas, los medioambientalistas reconocen que ejercer presión sobre las autoridades es una actividad inexcusable e imprescindible en la defensa del medio ambiente.

    A estos dos tipos de argumentos se ha venido a añadir el ecologismo en sentido estricto, cuyo punto de partida es que el valor de la naturaleza no es reducible al valor que la naturaleza pueda tener para Dios o para los seres humanos. Esta es la aportación del pensamiento ecologista a partir de los años setenta, según el cual la defensa del medio ambiente presupone cambios radicales en nuestra relación con él y, por extensión, en nuestros modos de organización social y política. El conservacionismo y el medioambientalismo, por su parte, prefieren un acercamiento, bien teológico o bien «tecnocrático», a los problemas de la naturaleza, convencidos de que éstos pueden ser resueltos sin necesidad de cambios fundamentales en nuestros valores o pautas de producción y consumo.

    Además, el ecologismo contemporáneo ha desarrollado una concepción de la sociedad ideal que es sustancialmente diferente a la de otras ideologías políticas como el socialismo y el liberalismo. En esta sociedad ideal, y teniendo en cuenta que la finitud de los recursos impone límites naturales al crecimiento de la economía y de la población, el consumo de bienes materiales por parte de sus habitantes debe ser reducido significativamente. La filosofía subyacente a esta recomendación es que las necesidades humanas no son mejor satisfechas mediante el crecimiento económico continuo. Bien al contrario, viviendo con más, hoy estamos hipotecando el futuro, por lo que mañana pagaremos las consecuencias. Ahí radica la principal diferencia entre lo que podríamos denominar una «ideología verde» y otras ideologías políticas industrialistas (como son el socialismo o el liberalismo): que la satisfacción y bienestar de los individuos, esto es, su calidad de vida, puede no derivar tanto de la expansión de la producción (y por tanto de la expoliación de los recursos naturales) como de su reducción.

    Todas las posiciones mencionadas son buena muestra de la heterogeneidad de argumentos y de programas en la defensa del medio ambiente. Tan es así que nos queda la duda de si podemos hablar del movimiento ecologista en singular y de ecologismo en lugar de ecologismos. Nosotros emplearemos el término «movimiento ecologista» en singular para referirnos al conjunto de organizaciones que luchan por una nueva relación entre el ser humano y su medio ambiente, una relación que no esté basada en un modelo de explotación de los recursos irracional y destructivo.

    Los individuos, grupos y organizaciones que integran el movimiento ecologista pueden ser adscritos a una de estas tres categorías: conservacionismo, ambientalismo o ecologismo en el sentido estricto del término. Sin embargo, su clasificación en una de estas tres categorías es un ejercicio arbitrario, pues las fronteras entre ellas no siempre son fáciles de delimitar. Una misma actitud, digamos la defensa de una especie en vías de extinción puede ser respaldada por diferentes tipos de argumentos. La definición de movimiento ecologista aportada anteriormente pretende ser lo suficientemente amplia y abierta como para dar cabida a varios tipos de argumentos. De este modo, siempre y cuando una persona u organización defienda el respeto al medio ambiente y la explotación racional de los recursos naturales, la consideraremos como ecologista, independientemente de que sus motivaciones se deriven de un sentido de la responsabilidad para con Dios, para con la especie humana, para con la naturaleza o una combinación de todas ellas. Desde una perspectiva puramente ecologista, si el principal beneficiario de la acción de una persona u organización resulta ser el medio ambiente, poco nos importan sus motivaciones, el por qué lo ha hecho.

    Por supuesto que esta definición «de mínimos» no diluye las diferencias de modos de acción, de programa y de objetivos de todo el conglomerado de personas y organizaciones que conforman el movimiento ecologista. Greenpeace, por ejemplo, es una organización ecologista internacional fundada en 1970 en EE.UU. para oponerse a la realización de unas pruebas nucleares. Su modo predilecto de intervención en la defensa del medio ambiente es la acción directa no violenta. Otra organización ecologista de ámbito internacional, Friends of the Earth (Amigos de la Tierra), prefiere modos más convencionales de influir en las autoridades, actuando a modo de un poderoso e influyente grupo de presión. Un último ejemplo de organizaciones ecologistas es el del grupo norteamericano (activo sobre todo en la costa oeste del país) Earth First (La Tierra Primero), que cuenta con un programa cuasi-religioso para la defensa de la naturaleza (su eslogan es: «Ninguna concesión en la defensa de la Madre Tierra»), no dudando en recurrir a acciones directas y violentas, sobre todo acciones de sabotaje.

    No obstante, la forma de organización preferida por las organizaciones del movimiento ecologista no se limita a grandes asociaciones de ámbito estatal o incluso internacional. A este aspecto de la organización del movimiento ecologista dedicaremos el siguiente apartado.

    3. Organización del movimiento ecologista.

    Según una aproximación al estudio de los movimientos sociales denominada enfoque del proceso político, existe una serie de factores en el sistema político que facilita o dificulta la acción colectiva organizada como la llevada a cabo por un movimiento social. Entre los factores del sistema político que distinguen los autores que utilizan este enfoque se encuentran los siguientes:

    El grado de centralización de la unidad política en la que el movimiento social desarrolla su actividad. Este factor no se refiere tanto al grado de centralización administrativa en abstracto (Estado unitario, federal o de autonomías) como al grado de centralización con respecto a una política dada (ya sea política ecológica, de defensa, de cooperación internacional, etc.). Así, cuanto mayor sea el número de instancias políticas (ayuntamientos, gobiernos regionales, gobiernos estatales) con competencias sobre la política puesta en cuestión por un movimiento social, mayores serán los puntos de entrada en el sistema político que tiene el movimiento y por tanto mayores serán las posibilidades de influir en la decisión de las autoridades en la dirección por él deseada.

    La existencia de instituciones de democracia directa, tales como referendums o iniciativas populares, las cuales facilitan el acceso de las demandas ciudadanas a las estructuras del Estado.

    La celebración de elecciones, momento en que los partidos políticos se muestran más receptivos a las demandas ciudadanas si es que quieren resultar exitosos.

    La disponibilidad de aliados dentro del sistema de partidos. Cuanto mayor sea el número de partidos políticos que articulan las demandas de los ciudadanos, mayores serán los puntos de acceso de que disfrutan los movimientos sociales en el sistema político y más fácil será conseguir que uno o varios de ellos asuman los postulados del movimiento social.

    El enfoque del proceso político nos sirve de ayuda para entender el peculiar modo de organización del movimiento ecologista. Dado que cada uno de los niveles de la administración tiene competencias y responsabilidades en la defensa del medio ambiente, el movimiento ecologista disfruta de multitud de puntos de acceso al sistema político. Un ayuntamiento es el responsable inmediato de proporcionar a sus ciudadanos contenedores de reciclaje de pilas, vidrio, papel, etc. El gobierno regional es la instancia política con ciertas competencias sobre el medio ambiente de la región bajo su jurisdicción. Por último, el gobierno del Estado es la instancia que generalmente más potestad tiene para regular la política medioambiental del país y para llevar a la práctica las medidas adoptadas por su parlamento. Lo importante es subrayar que ninguna instancia política es despreciable a la hora de preservar el medio ambiente. El movimiento ecologista es consciente de esta pluralidad de objetivos políticos, de que todas estas instancias políticas, en mayor o menor medida, son responsables de la defensa del medio ambiente. Sus modos típicos de organización tienen en cuenta esta pluralidad.

    A grandes rasgos, dentro del movimiento ecologista, podemos distinguir dos tipos de organización. Por un lado están las grandes organizaciones como Greenpeace o Amigos de la Tierra, las cuales cuentan con una amplia base de suscriptores que limitan su participación en la organización al pago de una cuota u, ocasionalmente, al envío de tarjetas de protesta a las autoridades.

    Estas organizaciones son profesionales (cuenta con una serie de liberados que trabajan para la organización de forma remunerada), tienen estructuras formales (presidente, secretario, tesorero, etc.) y están centralizadas y jerarquizadas. El ámbito típico de actuación de este tipo de organizaciones es el nacional y el internacional.

    En contraste, todos esos grupúsculos ecologistas que vemos proliferar en nuestros pueblos, barrios y ciudades, tienen una estructura típica sustancialmente diferente de la descrita para las grandes organizaciones. Sus características son:

    Se trata de organizaciones descentralizadas, sin un liderazgo establecido formalmente y con relaciones entre los activistas del tipo primus inter pares. Esfuerzos por identificar la figura de presidente resultarán baldíos. Además, ninguno de sus miembros obtiene remuneración económica por su contribución a la organización. El trabajo es siempre de carácter altruista.

    Las organizaciones del movimiento ecologista están compuestas por una gran variedad de grupos locales o redes que funcionan de modo independiente o con escasa coordinación. Estas redes permiten que sus miembros formen parte de múltiples organizaciones (organizaciones ecologistas, feministas, pacifistas, etc.). Además, la participación en este tipo de organizaciones suele ser a tiempo parcial y durante breves períodos de tiempo, requiriéndose a veces como condición para la militancia en estos grupos un cierto grado de solidaridad afectiva con los demás integrantes (hay que «encajar» en el grupo como prerrequisito para ser miembro de él).

    Las redes están conectadas no a través de una organización centralizada, sino más bien a través de una serie de relaciones interpersonales entre los miembros de las distintas organizaciones. Si bien es cierto que estas redes suelen establecer contactos a través de «organizaciones paraguas» que agrupan a las organizaciones ecologistas según afinidad ideológica o estratégica, las redes de relaciones entre los miembros de un grupo y los de otros son el factor clave en la comunicación entre las distintas organizaciones del movimiento ecologista.

    La evidencia de varios países occidentales con culturas políticas y pautas de desarrollo de movimientos sociales tan dispares como son los EE.UU., Alemania y el Estado español parecen reforzar el argumento de que la pluralidad de instancias decisorias sobre la política ambiental influye poderosamente en el modo de organización del movimiento ecologista. En cada uno de estos países existen numerosas instancias políticas con competencias en materia ambiental. Esta pluralidad de puntos de acceso se traduce en una pluralidad de organizaciones. En los EE.UU. se calcula que a comienzos de la década de los ochenta existían un total de 3.000 organizaciones ecologistas, de las que la mayoría eran de ámbito local. En la República Federal de Alemania, también a comienzos de los años ochenta, algunas estimaciones apuntan a la existencia de 3.000 o 4.000 iniciativas de ciudadanos (Bürgerinitiativen) directamente comprometidas en la defensa del medio ambiente. Por último, en el Estado español, se calcula que existen actualmente más de 600 grupos ecologistas, agrupados en diversas federaciones (lo que anteriormente hemos denominado «organizaciones paraguas»), como la Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental (CODA). Probablemente esta cifra se quede corta y sean muchos más los grupos ecologistas.

    Sin duda, las peculiaridades que presenta el sistema político, y más en concreto la disponibilidad de numerosos puntos de acceso a las demandas del movimiento ecologista, no es el único factor que influye en la elección de una forma de organización u otra. Otro factor a considerar en el modo de organización del movimiento ecologista sería su principio de que hay que «pensar globalmente y actuar localmente». Ya hemos hecho referencia anteriormente a la preocupación ecologista por la dimensión global de la degradación de los ecosistemas. La recomendación de actuar localmente se deriva sobre todo de la constatación de que es a ese nivel donde las agresiones a la naturaleza son más visibles, pero también del hecho de que cuanto más cercanas sean las instituciones a los ciudadanos, más receptivas se mostrarán éstas a sus demandas. Hay por tanto una razón estratégica importante en la elección de ámbitos locales para intentar influir en las autoridades.

    No obstante, hay que notar que no todos los movimientos sociales presentan formas de organización como la descrita para el movimiento ecologista. Tal es el caso del movimiento antimilitarista. En este caso, y teniendo en cuenta que la política de defensa de toda unidad política y en toda época histórica está reservada a una única autoridad (llámese emperador, rey o, en nuestros días, el Estado), la dispersión organizativa es menor. Por recurrir a un ejemplo cercano a nosotros, en el Estado español el movimiento antimilitarista está organizado en un número reducido de organizaciones antimilitaristas (las más importantes son tres: el Movimiento de Objeción de Conciencia -MOC-, Mili KK y la Asociación de Objetores de Conciencia -AOC-), con numerosas ramas locales descentralizadas, pero con una coordinación sin duda mayor que la que muestra el movimiento ecologista. La razón de esta mayor coordinación es que el interlocutor del movimiento es uno, el gobierno central, en cuyas manos está la política de defensa.
    Todo es adrede. Todo hace trizas el alma.


    Mario Benedetti

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    FALANGISMO

    El falangismo es uno de tantos inventos del ser español que, después de algunos años de ostracismo, acaba mostrándose en toda su fuerza. Algunos españoles advenedizos, indignos realmente de tal nombre (del de españoles, no del otro) han intentado minar la fuerza y solidez del falangismo como doctrina ideológica arguyendo que se trataba de una copia calcada del fascismo italiano, con ciertas influencias del nazismo. Nada más lejos de la realidad; desde el principio, como todas las doctrinas que merecen la pena, el falangismo se nutre de fuentes reciamente hispanas, y deja a un lado veleidades extranjeras que no conducen a ningún sitio: a fin de cuentas, así le fue al nazismo y así nos fue con cuarenta años en los que la Falange tuvo un papel nuclear en nuestro sistema político (por llamarlo de alguna manera).

    Los orígenes (antes de la Guerra)

    El falangismo nace mediante la unión de varios grupúsculos de extrema derecha cuyo objetivo es recuperar la Grandeza de España, que al parecer se nos había olvidado en alguna de las múltiples guerras perdidas por nuestro Imperio en las anteriores décadas. Pese a la funesta influencia de la Dictadura de Primo de Rivera, que podríamos catalogar como fascismo de medio pelo, el falangismo consigue articularse mínimamente como organización política en los primeros años de la República, merced a la unión de Ramiro Ledesma Ramos, inventor del yugo y las flechas y la Garra Hispánica, y sus seguidores (amigos y familia) con Onésimo Redondo, que era un señor que hasta hace poco tenía una calle en cada pueblo español, probablemente porque propugnaba la eliminación de la enseñanza mixta y porque murió en los comienzos de la Guerra Civil (a manos de sus propios correligionarios, por cierto, que al parecer “se equivocaron”). De una alianza de tal calibre sólo podía surgir algo grande, como es obvio, así que, con la ayuda de varios capitalistas vascos (qué curioso, oigan) fundan las J.O.N.S., Juntas Ofensivas Nacional – Sindicalistas, demostración palpable de que la grandilocuencia en el lenguaje que mostraban todos los jerarcas del Régimen franquista venía de lejos.

    Ambos se unen con José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador, para fundar en 1933 la Falange Española de las J.O.N.S. (fíjense en que ya se trata de un nombre con seis palabras), concretamente en el Teatro de la Comedia de Madrid, lugar que a nosotros nos parece enormemente adecuado a la vista de la doctrina ideológica que había detrás del falangismo. Constituidos en partido político, la Falange comienza a instigar enfrentamientos con la hidra marxista en los turbulentos tiempos de la II República, e intenta seducir a la sociedad española con sus revolucionarias propuestas. Tanto trabajo no podía caer en saco roto, así que de las elecciones de Febrero de 1936 el falangismo surge como fuerza política de entidad, atesorando la cifra de los 5.000 sufragios (más o menos los mismos que sacó el Partido del Karma Democrático en las elecciones de Marzo de 2000). Pero la incidencia de la Falange era mucho mayor de lo que indicaba su número de sufragios, ya que muchos de sus apoyos se negaban a votar (“la democracia es un invento marxista”, sutil análisis político de la derecha española de aquellos años), y además contaban con un líder único, irrepetible: José Antonio Primo de Rivera.

    El fundador
    José Antonio (lo llamaremos en adelante así) era un auténtico genio de la política, un hombre destinado al triunfo y la gloria de no ser porque el sionismo internacional bien pronto se cruzaría en su camino. José Antonio era un niño bien que, sin embargo, tenía ciertas inquietudes políticas, que de ninguna manera se verían satisfechas con la derecha española “de toda la vida”. Por eso José Antonio, rodeado de un grupo de amiguetes y afinidades ideológicas, se lanza al ruedo de la política fundando algo tan simpático como la Falange.

    Tres años después de la fundación del partido, la Falange se convierte en uno de los elementos nucleares de la sublevación, en realidad su basamento ideológico (por decir algo) en un primer momento. Por tanto, José Antonio estaba destinado a alcanzar grandes cotas en el mundillo de la política española. Lamentablemente, las hordas marxistas decidieron destruir una figura ideológica de tal calibre y lo fusilaron, el 20 – N – 1936 (también es casualidad), en la prisión de Alicante. José Antonio, echándole un par de huevos, murió mirando a los que le disparaban, saludándoles brazo en alto para dejar bien claro que “aquí no hay más macho que yo”.

    La muerte de José Antonio está rodeada de cierta polémica, básicamente se dice que el Caudillo, temeroso de que el niñato falangista quisiera disputarle el poder en un futuro próximo, no hizo nada de nada por salvarlo. Nosotros, conocedores de la ínclita figura del Caudillo, nos resistimos a creerlo, pero lo cierto es que la Falange había llegado a un acuerdo con la II República (soltar al nene a cambio de 30 kilos) pero el acorazado alemán Deutschland obligó a darse la vuelta a la embarcación que se dirigía a Alicante con la pasta. En fin, de cualquier manera ello significó la conversión de José Antonio en un mártir de la Patria, porque a fin de cuentas no fue el Caudillo quien apretó el gatillo.

    A la muerte de José Antonio siguió su reivindicación, por parte de muchos sectores políticos españoles (y no sólo ultraderechistas), como figura ideológica de referencia. Por lo visto, José Antonio tenía unos escritos en los que demostraba una hondura intelectual fuera de lo común, totalmente alejado de intereses espúreos y componendas con el Poder. José Antonio, en realidad, era un revolucionario, además de un genio. El hecho de que ni Ustedes, ni yo mismo, ni probablemente los mismos que hablan tan positivamente de las bases ideológicas del fundador del cotarro falangista, hayamos leido una sola línea de los escritos de José Antonio no invalida en absoluto su incidencia en el pensamiento contemporáneo español.

    Bases ideológicas
    El falangismo propugna, fundamentalmente, la idea de que España es un Imperio, siempre lo ha sido, y siempre lo será. Aunque el Imperio se encontrase, en la época en que surge la Falange, ligeramente capitidisminuido, ello se debía a la degeneración de la Raza, que había caído en brazos del comunismo internacional y no era capaz de depurarse. Por ello la Falange aunará una retórica confusamente obrerista, en la que se posiciona como partido revolucionario enfrentado al gran capital, con el apoyo claro y evidente, por otro lado, del capitalismo español, convirtiéndose, en la práctica, en la punta de lanza de la lucha soterrada contra el marxismo. Sin embargo, al menos en el plano teórico, la Falange no admite al poder establecido, y por tanto siempre se hablará de la “Revolución pendiente” como último objetivo, revolución que no se sabe exactamente de qué pendía pero que, en cualquier caso, nunca se llevó a cabo en los 40 años de franquismo.

    Esta vocación de corte pseudomarxista se manifiesta con claridad en el himno falangista, el “Cara al sol” (ya saben, aquello de “Cara al sol con la camisa nueva...”), posiblemente el himno que, en toda la Historia, ha sido cantado más veces por gentes que no tenían ninguna intención de hacerlo. Por lo demás, el Cara al sol es un himno más o menos neutro, que al menos no propugna la eliminación de los enemigos ni la existencia de razas inferiores, lo que hay que alabarle.

    La hondura de su doctrina ideológica se manifiesta claramente en la “dialéctica de los puños y las pistolas” acuñada por el fundador, según la cual eso del debate político es una mariconada y aquí lo que importa es ver quién pega más fuerte. A fin de cuentas, el español nunca ha sido un pueblo amante de las razones, sino del valor, y este se demuestra peleando. Por ese motivo, la Falange se convierte desde el principio en un refugio de pistoleros de toda índole y condición cuya razón de ser deriva del enfrentamiento violento con todo aquello que huela a marxismo. De esta manera, en los años previos a la Guerra Civil la ideología falangista se refrenda una y otra vez con asesinatos de judeomasones marxistas de los que por aquel entonces pululaban por España. Sin embargo, el método seguido para insuflar a los españoles pasión por el falangismo se antojaba poco eficaz, el retoricismo vacuo de corte obrerista no acababa de calar en las clases bajas y, en suma, la Falange no pintaba nada de nada, así que se hizo necesario alcanzar algún tipo de arreglo con los poderes fácticos para poder hacer lo que, hasta ese momento, se vislumbraba como única doctrina posible: el asesinato.

    Por otro lado, y a diferencia de sus coetáneos alemanes e italianos, el falangismo siempre tuvo muy claro, en la línea ya indicada de que “comos Isabel y Fernando no hay nada”, la importancia de la religión católica en el ser español, así que la Iglesia católica desde un principio se convertirá en un apoyo consustancial al partido, y viceversa. La larga tradición eclesial de depuración de herejes iba a servir, sin duda, de referente de los asesinos ideológicos falangistas por muchos años.

    Inserción en el Régimen
    Al estallar la Guerra Civil, la Falange se convierte desde el principio en una de las bases fundamentales de los sublevados, y los efectos no se hacen esperar, pasando de 5.000 afiliados a casi dos millones en apenas dos años de guerra; ataviados con el apoyo del Ejército, curiosamente, los españoles por fin se percataron de las posibilidades de la Falange como vía de acción política. Bien pronto los sustitutos de José Antonio concluyen que la única revolución posible habrá de hacerse con el apoyo del Caudillo y el sarao que este había montado en su torno, así que la Falange se convierte en un mero apéndice del nacional – catolicismo franquista.

    Años Azules
    Sin embargo, ello no significa, en absoluto, que la Falange se corrompiera por el Poder, antes bien lo transformó a su imagen y semejanza, dándole un barniz ideológico de calado a lo que de otra manera habría sido una simple dictadura militar. Durante los primeros años del franquismo, los de mejores resultados en el plano moral (el único importante), la Falange está en todos los centros de poder del régimen. Veámoslo:

    - En lo que respecta a la economía, es gestionada hasta 1957 por falangistas, y en sintonía por la admiración profesada por estos a los Reyes Católicos se implantará un sistema económico medieval, la autarquía, cuya base consiste en “para qué vamos a comerciar si en el Imperio hay de todo; y si no hay, lo inventamos”. Es decir, que durante estos años España se convierte en productor de todos los materiales de primera necesidad, y si no hay materias primas (como de hecho era el caso) nos las inventamos: durante los años 40, los coches funcionan con gasógeno, lo que les permite alcanzar una velocidad media de 20 km/hora (a más velocidad, estos coches explotaban); el trigo y el algodón se producen íntegramente en España, y todo lo demás también. ¿Para qué andar en componendas con los otros países, dominados por el sionismo internacional? Los resultados de esta hábil política fueron los esperados: la ruina del Estado y la multiplicación de las muertes por hambre y enfermedades. Pero todo ello no tenía la menor importancia al lado de la pureza ideológica que se estaba consiguiendo. Lamentablemente, el Caudillo traicionó a la Falange echándose en brazos de la Santa Obra (Plan de Estabilización, 1959), con lo que se viró hacia una política económica de corte capitalista, en la que el barniz ideológico prácticamente no existía. A partir de ese momento, la Falange se volcaría en su hábitat natural: las relaciones con los obreros, llevadas durante 25 años por José Antonio Girón de Velasco, posterior fundador de la Federación de Excombatientes (actualmente extinguida en la práctica por razones biológicas), y la formación del Espíritu Nacional mediante un organismo de nombre ilustrativo: el Movimiento Nacional.

    - La base del Movimiento era formar buenos españoles, desde jovencitos, que estuvieran dispuestos, en un momento dado, a dar su vida por España, dado que en el sistema franquista España se veía como una especie de organismo del que los españoles eran las células. Para ello, el Movimiento tejió una red de organizaciones sindicales y escolares con un objetivo fundamental: ofrecer pequeños chollos gratuitamente a trabajadores y niños para que no se desmontase el asunto. Así, generaciones enteras de españoles pudieron disfrutar de vacaciones veraniegas en campamentos pagados por el Estado, con la única obligación de vestir un uniforme ridículo (camisa azul, boina roja) y poner cara de patriotismo de cuando en cuando. Aunque esta labor de adoctrinamiento no ha dado frutos aparentes, no podemos obviar que la práctica totalidad de los líderes políticos españoles (salvo Santiago Carrillo, que al fin y al cabo no estaba en España y además era un rojo) pasaron en un momento u otro por el ritual de ponerse la camisa azul. Finalmente, el régimen franquista estipulaba claramente que “dentro del Movimiento todo, fuera del Movimiento nada”, y puesto que nada se movía dentro del Movimiento mucha gente tuvo que irse fuera en el sentido literal del término, ya fuera para buscar una vida mejor en los países europeos o para enviar “fuera del Movimiento”, es decir a Suiza, los capitales atesorados trabajando dentro de él.

    La mujer falangista
    No podemos dejar de hacer una pequeña alusión al papel nuclear de la mujer en la Revolución falangista. Contrariamente a lo que se considera comúnmente, el Régimen franquista sí que prestó atención al concepto fundamental de la condición femenina, así que no sólo despojaron de todos sus derechos marxistas y republicanos a las mujeres, sino que también se orquestó una organización pensada para ellas, dirigida por la propia hermana del fundador de Falange, Pilar Primo de Rivera: La Sección Femenina, donde la mujer podría desarrollarse completamente en el sentido falangista del término; por fin las mujeres podrían coser y lavar la ropa sin ataduras, por fin podrían aleccionarse desde un principio en la que iba a ser su función básica en la vida, en cuanto españolas: darle hijos a la Patria.

    Independientemente de la enorme belleza de las hetairas de la Sección Femenina (el falangista Agustín de Foxá espetó al respecto que “hay mujeres feas, muy feas, feísimas y de la Sección Femenina”), es evidente que en la práctica el adoctrinamiento franquista es la base de todo el feminismo español contemporáneo, con la solidez y el anclaje racial que ello supone.

    Vigencia actual
    A primera vista, los españoles, o al menos la mayoría de ellos, nunca reconocieron la importancia del trabajo de Falange por el bien de España y actualmente la Falange, o los 30 partidos que reivindican su herencia, recogen entre todos los mismos 5.000 votos que en Febrero de 1936. La retórica antifranquista de la mayoría de ellos, según la cual Franco sería un traidor al pensamiento y las intenciones de José Antonio, les permite, en ocasiones, no contaminarse demasiado de ultras pelaos, pero también les enajena votos de parte del franquismo sociológico.

    Sin embargo, si miramos un poco más allá habrá que concluir que, en la práctica, nada ha cambiado en lo que respecta a quién tiene el poder en España. Independientemente de que Ana Botella, la Presidenta, y muchos de sus ministros, sean miembros de la Obra como en los buenos tiempos del franquismo, no podemos olvidar que el propio Marido de Ana Botella fue un entusiasta falangista en su juventud, pero de los “críticos” con el franquismo, es decir, pata negra, lo que sin duda influye considerablemente en el modelo de política del Centro Reformista, que aúna la ortodoxia económica típicamente opusdeísta con cierta retórica de raíz marxistoide que ha venido a desembocar en la afinidad con la Tercera Vía y los rojos extranjeros, pero siempre teniendo presente que “como España no hay nada”.
    Todo es adrede. Todo hace trizas el alma.


    Mario Benedetti

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    CAPITALISMO

    Sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados. Aunque tiene sus orígenes en la antigüedad, el desarrollo del capitalismo es un fenómeno europeo; fue evolucionando en distintas etapas, hasta considerarse establecido en la segunda mitad del siglo XIX. Desde Europa, y en concreto desde Inglaterra, el sistema capitalista se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo en el ámbito mundial hasta el estallido de la I Guerra Mundial, tras la cual se estableció un nuevo sistema socioeconómico, el comunismo, que se convirtió en el opuesto al capitalista.


    Características Fundamentales:

    A lo largo de sus historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el Capitalismo tuvo una serie de características básicas:


    Los medios de producción – tierra y capital- son de propiedad privada. En este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y servicios destinados al consumo.


    La actividad económica aparece organizada y coordinada por la interacción entre compradores y vendedores (o productores) que se lleva a cabo en los mercados.


    Tanto los propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que intentan sacar el mayor provecho posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacción posible. Este principio que se denomina soberanía del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se verán obligados, debido a la competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el interés personal y la búsqueda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia.


    Bajo el sistema capitalista el control del sector privado por parte del público debe ser mínimo; se considera que existe competencia, la actividad económica se controlará a sí misma; la actividad del gobierno sólo es necesaria para gestionar la defensa nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visión decimonónica del papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX.



    IMPERIALISMO
    Práctica de dominación empleada por las naciones o pueblos poderosos para ampliar y mantener su control o influencia sobre naciones o pueblos más débiles; aunque algunos especialistas suelen utilizar este término de forma más específica para referirse únicamente a la expansión económica de los estados capitalistas, otros eruditos lo reservan para caracterizar la expansión de Europa que tuvo lugar después de 1870. Aunque las voces imperialismo y colonialismo tienen un significado similar y pueden aplicarse indistintamente en algunas ocasiones, conviene establecer ciertas diferencias entre ellas. El colonialismo, por lo general, implica un control político oficial que supone la anexión territorial y la pérdida de la soberanía del país colonizado. El imperialismo, sin embargo, tiene un sentido más amplio que remite al control o influencia ejercido sobre otra región, sea o no de forma oficial y directa, e independientemente de que afecte al terreno económico o político.






    Origen y Desarrollo.

    El origen del imperialismo se remonta a la antigüedad y ha adoptado distintos modelos a lo largo de la historia, siendo algunos de ellos más frecuentes que otros dentro de un periodo histórico concreto. En el mundo antiguo la práctica del imperialismo daba como resultado una serie de grandes imperios que surgían cuando un pueblo, que generalmente representaba a una determinada civilización y religión, intentaba dominar a todos los demás creando un sistema de control unificado. El imperio de Alejandro Magno y el Imperio romano son destacados ejemplos de esta modalidad.

    Por el contrario, el imperialismo europeo de comienzos de la era moderna (1400-1750) se caracterizaba por ser una expansión colonial en territorios de ultramar. No se trataba de un país que intentaba unificar el mundo sino de muchas naciones que competían por establecer su control sobre el sur y sureste de Asia y el continente americano. Los sistemas imperialistas se estructuraron de acuerdo con la doctrina del mercantilismo: cada metrópoli procuraba controlar el comercio de sus colonias para monopolizar los beneficios obtenidos.

    A mediados del siglo XIX apareció otra variante, el imperialismo del librecambio. Esta modalidad perduró en este periodo pese a que el mercantilismo y la creación de imperios oficiales estaba disminuyendo de forma significativa. El poder y la influencia de Europa, y sobre todo de Gran Bretaña, se habían extendido de manera oficiosa, esto es, haciendo uso de vías diplomáticas y medios económicos, en lugar de seguir canales oficiales como la creación de colonias. Sin embargo, el imperialismo basado en el librecambio desapareció pronto: hacia finales del siglo XIX las potencias europeas habían vuelto a practicar el imperialismo consistente en la anexión territorial, expandiéndose en África, Asia y el Pacífico.

    Desde que terminó la II Guerra Mundial y la mayoría de los imperios reconocidos se disolvieron, ha prevalecido lo que podríamos calificar como el moderno imperialismo económico, donde el dominio no se manifiesta de manera oficial. Por ejemplo, Estados Unidos ejerce un considerable control sobre determinadas naciones del Tercer Mundo debido a su poder económico y su influencia en algunas organizaciones financieras internacionales, tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Del mismo modo, las potencias europeas han seguido interviniendo de forma significativa en la vida política y económica de sus antiguas colonias, por lo que han sido acusadas de practicar el neocolonialismo, que consiste en ejercer la soberanía de una nación sin que exista un gobierno colonial oficial.

    Justificaciones del imperialismo

    Las razones por las cuales los estados han aspirado a crear imperios a lo largo de la historia son de diversa índole, y podrían clasificarse, en términos generales, dentro de tres grupos: económicas, políticas e ideológicas. Asimismo, pueden distinguirse diversas teorías en razón del elemento al que se dé más relevancia.

    Los móviles económicos

    Los intereses económicos son los más habituales cuando se trata de explicar este fenómeno. Los defensores de esta concepción sostienen que las naciones se ven impelidas a dominar a otras para expandir su economía, adquirir materias primas y mano de obra, o para dar salida a los excedentes del capital y producción. La teoría más notable que vincula el imperialismo con el capitalismo es la de Karl Marx. Lenin, por ejemplo, consideraba que la expansión europea del siglo XIX era la consecuencia inevitable de la necesidad de las economías capitalistas europeas de exportar su excedente de capital. Del mismo modo, los marxistas contemporáneos explican la expansión de Estados Unidos en el Tercer Mundo basándose en imperativos económicos.

    Los móviles políticos

    Otros autores hacen hincapié en los condicionantes políticos y alegan que la razón principal por la que los estados tienden a expandirse es el deseo de poder, prestigio, seguridad y ventajas diplomáticas con respecto a otros estados. Según esta corriente, el objetivo del imperialismo francés del siglo XIX era recuperar el prestigio internacional de Francia después de la humillación que supuso la derrota en la Guerra Franco-prusiana. En este mismo sentido, la expansión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en la Europa del Este a partir de 1945 puede explicarse como una medida de seguridad: la necesidad de protegerse ante otra posible invasión desde la frontera occidental.

    Los móviles ideológicos

    La tercera explicación se centra en los móviles ideológicos o morales. De acuerdo con esta perspectiva, algunos países se ven impulsados a extender su influencia para difundir sus valores políticos, culturales o religiosos. Uno de los factores que propiciaron la constitución del Imperio Británico fue la idea de que era responsabilidad del ‘hombre blanco’ civilizar a los pueblos ‘atrasados’. La expansión alemana que tuvo lugar durante el gobierno de Adolf Hitler se basaba en gran medida en la creencia en la superioridad inherente a la cultura alemana. El deseo de Estados Unidos de "proteger al mundo libre" y el interés de la antigua Unión Soviética por "liberar" a los pueblos de la Europa del Este y del Tercer Mundo son también un ejemplo de este tipo de imperialismo.

    El imperialismo como respuesta a condicionantes externos

    Por último, otras teorías explican el imperialismo basándose en las circunstancias políticas de las naciones más débiles, en lugar de enfatizar los móviles de las naciones poderosas. La interpretación que ofrecen señala que es posible que las potencias más fuertes no tengan intención de expandirse, pero que se ven obligadas a hacerlo debido a la inestabilidad de otras naciones; los compromisos con los imperios del pasado son la causa de nuevas acciones imperialistas. La conquista de la India emprendida por Gran Bretaña y la colonización rusa de Asia central en el siglo XIX son ejemplos clásicos de este tipo de imperialismo.

    4. Las Consecuencias del Imperialismo

    Los efectos del imperialismo suelen girar en torno a los aspectos económicos, dado que esta perspectiva es la que prevalece en los debates sobre sus posibles móviles. La polémica surge entre aquéllos que creen que el imperialismo implica explotación y es la causa del subdesarrollo y el estancamiento económico de las naciones pobres, y los que alegan que, pese a las ventajas que proporcionó esta situación a las naciones ricas, también las naciones pobres se beneficiaron, al menos a largo plazo. Es difícil decantarse por una u otra concepción por dos motivos: de un lado, no se ha llegado a un consenso sobre el sentido del término explotación; y de otro, no es fácil separar las causas internas de la pobreza de una nación de las que son de índole internacional. Lo que resulta evidente es que el efecto del imperialismo ha sido desigual: unas naciones han obtenido mayores ventajas económicas que otras de su contacto con potencias más ricas. India, Brasil y otros países en vías de desarrollo incluso han comenzado a competir económicamente con sus antiguas metrópolis. Por ello, sería aconsejable examinar la repercusión económica del imperialismo atendiendo a cada caso en particular.

    Las consecuencias políticas y psicológicas del imperialismo son igualmente difíciles de determinar. Este fenómeno ha demostrado ser destructivo y creativo a la vez: ha destruido instituciones tradicionales y formas de pensar, y las ha sustituido por las costumbres y mentalidad del mundo occidental, ya se considere esto un beneficio o un perjuicio.
    Todo es adrede. Todo hace trizas el alma.


    Mario Benedetti

  10. #9
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    XD esta mu bien esta informacion , aunq yo no me identifico con nada d eso soy apolitica XD
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  11. #10
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    APOLÍTICA (en la introducción hablan de una página web)

    hace algunos meses saltó a la arena de nuestro ilustre foro lisérgico el debate sobre el lugar de la "ideología" en nuestra página web. Algun@s renegaban del "panfletismo" de ciertos contenidos por mostrar un posicionamiento político explícito además de radical, (seguramente sería esto último lo que escandalizó a nuestro contertulio) otros reclamaban su derecho a expresarse sobre cualquier aspecto de la vida y no sólo en lo "lúdico", "ocioso" o "artístico" que se supone actividad central de nuestra obra maestra Lisergia.net.

    El posicionamiento político más común entre la gente de la calle (nosotr@s y nuestr@s vecin@s) es la pretensión de ser apolític@s. A la pregunta sobre sus ideas políticas, una gran parte de la gente responde: yo de política no entiendo, soy apolític@ (pronunciada a manera de palabra culta rebuscada). Desde mi punto de vista, esto supone un error por parte del interesad@, resultando ser un planteamiento bastante servil pues deja campo libre para que l@s profesionales de la política y las "fuerzas fácticas" se apropien de las decisiones que nos afectan a tod@s: el diseño de los espacios en que vivimos, la gestión del agua y la energía, la compra-venta de nuestro trabajo y lo que comemos, entre otras cosas. Por cierto, la política no es una profesión de por sí, sino la toma de decisiones colectivas que, según la sociedad que sea, puede ser competencia (propiedad) de un gremio, una familia, una clase social, una asamblea o una confederación de consejos.

    Esta actitud (a)política puede encontrar una explicación en uno de los resortes fundamentales de nuestra civilización capitalista y modernizada: la separación y parcelación de la vida en diferentes parcelas gestionadas por diferentes profesiones: lo que desde hace más de dos siglos se llama división social del trabajo y según la cual unos hacen un trabajo, otros otro y otras son amas de casa para conformar la sociedad como un todo. Así, la profesionalización de la política significó crear una profesión dedicada a tomar las decisiones que afectan a la sociedad en su totalidad, profesión en la actualidad acaparada por gestores y técnicos que llevan el timón de nuestras condiciones de existencia mientras nosotr@s nos dedicamos a producir, consumir, acatar y adaptarnos.

    Además, en la actualidad más actual (hoy mismo), esta profesión de políticos es aún más mistificadora que nunca pues efectivamente, no son las instituciones políticas las que toman muchas de las decisiones relevantes para tod@s sino que los llamados poderes fácticos (eufemismo utilizado para llamar la banca y las grandes corporaciones) toman decisiones, en privado, que afectan a nuestras humildes economías, medioambiente y sociabilidad. Por tanto, podemos decir sociológicamente que muchas decisiones políticas son tomadas fuera de las instituciones que fueron creadas para ello (Como ejemplo al alcance de la mano, el Banco Central Europeo, es un organismo autónomo que no tiene que rendir cuentas a ningún gobierno; quienes se manejan ya con hipotecas, préstamos, etc saben bien lo que significa esto).

    En nuestra sociedad que vivimos, sociedad del espectáculo donde algunos actúan y la muchedumbre es espectadora, se da, por tanto una doble mistificación de la política que nos empuja a ser no ciudadanos sino súbditos del régimen que vivimos: la Democracia de Mercado. Por un lado la existencia de políticos profesionales implica que si un servidor es carpintero no tiene formación ni capacidad de ser político (a pesar de que ser político es una de las características inherentes de todo ser humano, como decía Aristóteles: Anthropos, zoom politikon) y por tanto debe delegar sus asuntos e intereses a un profesional. Por otro lado, estos profesionales de la política ni siquiera mandan realmente, su profesión ha derivado en pura pantomima que mediante el papel de técnicos (tecnócratas) interpretan las abstractas e impersonales fuerzas de la economía mundial para ejecutar "medidas" (eufemismo para presentar las decisiones políticas como cuestiones puramente técnicas). Tal y como hacían los sacerdotes de los imperios antiguos - primeros grandes timadores de la historia escrita- que se comunicaban con la divinidad y de su encuentro extraían las decisiones en forma de designios. Esta doble mistificación hace que las gentes de a pié vean todas estas cuestiones como demasiado complicadas para ser incluidas en sus actividades diarias por lo que vuelven a delegar su responsabilidad.

    La apolítica es por tanto un acto político. Un acto de delegar (no sólo porque la ley lo diga sino porque es lo que nos apetece) la gestión de nuestros asuntos cotidianos (el agua, la comida, el trabajo, el aire) en otros para que hagan lo que ellos mejor vean. Considerarse apolític@ es, sobre todo, una irresponsabilidad que nos convierte en súbditos voluntarios a cambio de no tener que comernos el coco ni en la política ni en cómo apoderarnos de ella. La posición del apolític@ responde meramente a la comodidad que supone ser dominad@s y a la aceptación de la infantilidad que nos desean quienes sí se ocupan de sus asuntos y, además, sacan provecho de los nuestros.

    Y como ya hemos visto que la política también está (sobre todo) fuera de las propias instituciones, no debemos entender que hacer política es votar cada cuatro años o ver todos los sábados "Parlamento" sino que la política se encuentra en cada pedacito de nuestra vida y más que parlamentos, senados o congresos de los diputados, la política son las decisiones que tomamos a cada momento en nuestro consumo, vecindario o vida laboral. Quienes queremos ser ciudadanos y no súbditos debemos luchar por apropiarnos de la política, de la gestión de las cosas que nos afectan; algo que no será posible hacer sól@s y por tanto hay que comunicar y construir entre much@s.
    Todo es adrede. Todo hace trizas el alma.


    Mario Benedetti

  12. #11
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    And I would run away

    I would run away with you

    Cause I am falling in love with you

    [...]

    Close the door, lay down upon the snow

    And by candlelight, make love to me through the night





  13. #12
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    Mmmm...soy anarco-comunista ( eso existe XD?)


    Con mi pena, Tristeza se hace una trenza...



    Un beso, caricias, latidos, suspiros... ¿Qué ha pasado? ¿Se ha olvidado de mí?


    ¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
    ¡Qué importa ser poeta o ser basura!
    Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma...
    Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.

  14. #13
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    LuCía escribió:
    Mmmm...soy anarco-comunista ( eso existe XD?)
    ...
    ¿Encuentras que este sistema funciona bien? O déjame adivinarlo, nunca lo has probado antes, en realidad tú no le entras a las chicas normalmente ¿me equivoco? La verdad es que eres uno de esos chicos silenciosos y delicados, pero si estoy dispuesta a arriesgarme quizás podría llegar a conocerte mejor, ingenioso, aventurero, apasionado, cariñoso, leal (¡Taxi!), un poquito chiflado, un poquito malo, pero... ¿acaso no es eso lo que a las chicas nos vuelve locas?... ¿Bueno, qué pasa chaval, te ha dado un pasmo?


    She's bad. Oh, she's bad!

  15. #14
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    LuCía escribió:
    Mmmm...soy anarco-comunista ( eso existe XD?)
    existir, "existe", aunq...jeje es tan contradictorio q muxos (me incluyo) kreen q no
    Todo es adrede. Todo hace trizas el alma.


    Mario Benedetti

  16. #15
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    Sagitario escribió:
    existir, "existe", aunq...jeje es tan contradictorio q muxos (me incluyo) kreen q no
    Nose, estoy de acuerdo con las dos ideologías...


    Con mi pena, Tristeza se hace una trenza...



    Un beso, caricias, latidos, suspiros... ¿Qué ha pasado? ¿Se ha olvidado de mí?


    ¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
    ¡Qué importa ser poeta o ser basura!
    Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma...
    Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.

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