En defensa de Dios

  1. #1
    Avatar de Jwym, Lord of Cinder Moderation gone hollow
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    En defensa de Dios

    Para estrenar mi recién adquirida condición de moderador he decidido colgar aquí un artículo que hace poco escribí sobre Dios y el debate sobre su condición.

    Antes de escribirlo quisiera explicar unas cuantas cosas para evitar posteriores malinterpretaciones y dudas innecesarias:
    1. Por encima de todo, el artículo expresa una opinión, una apreciación y no pretende convencer a nadie de nada. Ahora bien, eso no quita para que sea un ejemplo de como yo creo que debe llevarse a cabo una argumentación válida y de peso.
    2. El artículo expresa una posición teológica y no una doctrina religiosa. Es decir, yo creo en Dios pero no a través de la religión. Para mi Dios es un concepto y no un ente apreciable.
    3. El artículo en sí presenta una paradoja que, para el ojo atento será fácilmente apreciable y le hará llegar a la conclusión de que el propio artículo se refuta a sí mismo. Estoy de acuerdo con esa apreciación y, en el fondo, está hecha adrede. Aún así, deben tomarse su exposición desde fuera del sistema axiomático en el que se define (Para más información sobre ésto último, consultar Teoremas de Incompletitud de Gödel y Paradoja del Mentiroso).
    Dicho esto, paso a transcribir el artículo (originalmente escrito en catalán, espero que no se pierda nada en la traducción). Aviso de que es largo y que su lectura requiere de atención. Una vez leído, contestaré todas las preguntas que se me quieran hacer, y estaré honrado de llevar a cabo un debate al respecto.


    En defensa de Dios

    Últimamente leo y escucho multitud de opinones sobre Dios que no soy capaz de comprender y que, en consecuencia, no puedo suscribir. Quizá haya llegado el momento en el que las personas dejen de quejarse, empiecen a solucionar los problemas que ellas mismas se han creado, y dejen en paz a Dios, que buena paciencia debe tener para seguir aguantando según qué tonterías.

    Pongámonos primero en situación. Para comenzar déjenme explicarles que la creencia en dios -vocablo que, efectivamente, puede escribirse con minúscula- se ha tornado en tema recurrente de muchas tertúlias adquiriendo un tinte de frivolidad que debería avergonzar a más de uno. Parece que hemos olvidado que creer en Dios es un concepto, un pensamiento, muy personal. Incluso si estamos adscritos a alguna de las religiones mayoritarias -y minoritarias tambien- cada individuo mantiene una imagen bastante personal y a menudo divergente de la dibujada por oradores y predicadores de lo que es El Dios. Las últimas divagaciones, en cambio, presentan a Dios como un ser que hace y deshace a su antojo. Un operario al cargo de unos mandos que decide rumbos y voluntades a menudo de un modo injusto e incluso cruel. Hemos transformado a Dios en un personaje mediático. Dios sale en la televisión.


    En segundo lugar, y como corolario al punto anteriro, es necesario que explique cuál es mi concepción de Dios. Como matemático sólo puedo aspirar a dar una definición que en ocasiones será lo bastante formal pero nunca suficientemente adecuada. Permitan, pues, que introduzca a Dios como haría con cualquier otro enunciado matemático:
    Sea U el conjunto de todo aquéllo que alguna vez algún humano ha explicado o podrá explicar unión con todo aquello que en el Universo alguna vez ha sucedido, sucede o sucederá. Definimos a Dios como todo aquello que pertenece al conjunto complementario del conjunto U.
    Más próximo al lenguaje del común de los mortales, diré que no puedo explicar qué es Dios pero que para mí es imposible mirar a mi alrededor y no darme cuenta de que hay algo que se abstrae de todo. Llámenle Dios, llámenle como deseen.

    Sea como fuere, no existe un demostración de la existencia de Dios, ni existe una que pruebe su inexistencia o la imposibilidad de ésta. Así pues, la constatación de Dios reside simplemente en la fe. Un comentario que puede resultar terriblemente conformista y adoctrinado, pero que guarda en el fondo una cantidad de magia bastante especial. En principio, no hay indicio alguno que lleve a una persona a pensar en la existencia de un dios. Todo suceso que lleve implícito la existencia de un Dios es, como mínimo, dudoso. Azaroso en algunos casos. Así pues, parece que Dios nos fuerce a dudar. Dios nos fuerza a creer. Pero es aquí dónde, para mí, se hace plausible su existencia: la simple idea de la acción de Dios lleva, siempre, a la duda. Una duda a veces en postivo y a veces en negativo, pero duda en todo caso. En algunas ocasiones lleva a una afirmación de su existencia: son casos que se dan. Pero lo que nunca ocurre es una negación taxativa y definitiva de su existencia. Siempre, por pequeña que sea, uno alberga la duda. Aunque, en términos formales, no existe duda posible. Un modo muy interesante de manifestarse.


    Una vez la idea de Dios ha sido introducida en la medida de lo posible -posibilidad que, como después veremos, resulta nula- ha llegado el momento de cuestionar las últimas afirmaciones que se vierten sobre Dios. Tomaré dos frases muy recurrentes para sostener mi tesis:
    ¿Por qué Dios permite que haya guerras?
    Pregunta tan cínica como malintencionada, está llena de la ambigüedad habitual de aquél que quiere hacer pasar por retórica una pregunta de fácil respuesta, esperando quizás que el debatiente inexperto caiga en la trampa de imaginarse a sí mismo en medio de una guerra preguntándose por qué Dios permite que aquello suceda. En caso de que esto no fuese así, la esperanza de quién pregunta es que su torpedo permanezca como pregunta retórica, como aviso para todo aquél que ose leerla de que hemos llegado a un callejón sin salida del que no nos podemos librar.
    Es cuando hemos llegado a éste punto que hay que proporcionar una respuesta que es tan simple como lapidaria: Dios permite que haya guerras porqué el hombre permite que haya guerras. A mí me cuesta mucho imaginar qué se supone que debería hacer Dios cada vez que estalla una guerra o un conflicto. Desde el punto de vista cínico y ventajista de quién hizo la pregunta, Dios, como dueño de nuestras voluntades, debería hacer uso de uno de sus conjuros para que, de repente, nos pusiéramos todos de acuerdo y abandonáramos la guerra. Punto ridículo a mi entender, pues supone una imagen de Dios que nadie nunca ha esbozado seriamente. A menudo, el pensamiento de quién hace esta pregunta está más condicionado que el de los fieles a los que, sin saber por qué pero con irónico fervor casi idólatra, suele despreciar con ahínco. Eso, claro, obviando que quién hace la pregunta no cree en Dios, por tanto, todo acto de imaginación de un Dios supone en éste un automático ejercicio de incoherencia.


    Mi impresión sobre el tema es, como dije, que no hay que preguntarse por qué Dios permite que haya guerras, sino por qué el ser humano permite que las haya. Estoy seguro de que Dios soluciona de un modo eficiente todos sus problemas. Que el ser humano solucione los problemas del ser humano.
    Si crees en la ciencia no puedes creer en Dios.
    Sentencia menos cretina que la anterior, alberga incluso una carga de verdad; pero se trata de un verdad -y esta afirmación quedará completada en la tesis final- limitada al contexto en el que los humanos definimos la ciencia. Si nos preguntamos qué es Dios tambien debemos preguntarnos qué es la Ciencia. ¿La Ciencia explica los sucesos mediante un razonamiento lógico porqué Dios no existe? ¿La Ciencia implica que no hay un Dios que actúa? Parecen cuestiones triviales, pero para mí no lo son tanto, porqué no veo por qué razón obviamos la más que plausible posibilidad de que la Ciencia sea el vehículo mediante el cual Dios ha dispuesto que sucedan las cosas. No me parece descabellado apuntar que la Ciencia sea el mecanismo perfecto que Dios ha creado para que Él no tenga que estar contínuamente haciendo y deshaciendo, sino que todo ocurre de un modo automático del mismo modo en el que nosotros creamos un programa informático que nos permite realizar una serie de tareas sin tener que supervisarlas todas personalmente. Y que se me disuclpe la licencia de comparar a Dios con un programador informático.
    Bajo mi punto de vista, Ciencia y Dios no son las dos opciones de una decisión crucial sobre nuestra postura filosófica. Para mi la Ciencia converge en Dios o, en todo caso, son rectas paralelas que, como sabemos de la Geometría Proyectiva, se cruzan en el infinito lo cual, tratándose de Dios, es más que suficiente.


    Llegó, pues, el momento de expresar la idea final de este artículo:
    Toda afirmación sobre Dios está inevitablemente condenada al fracaso.
    Así de rotundo. Incluso las ideas expuestas por mí mismo en este artículo carecen de sentido desde el punto de vista divino -que no teológico.
    Sea cuál sea nuestra concepción de Dios, ésta sólo puede ser construida, expresada y entendida en términos humanos. Cada vez que queramos emitir una sentencia sobre Dios, incurriremos en el error de hecerle alguna atribución humana y, llegado este punto, nuestro enunciado será siempre inexacto.
    Toda cuestión sobre cómo es o qué hace Dios es absurda por definición, dado que un humano nunca podría sintetizar un pensamiento comparable al que pueda tener un dios. Esto es así porqué Dios es la perfección por definición, y la perfección sólo puede ser juzgada desde la propia perfección. Una perfección que, tambien por definición, es inasequible para el ser humano.
    Y no aspira a esta perfección porqué el ser humano no es capaz de abstraerse del ser humano. Una metáfora que explica esto es preguntarse si un pez sabe que existe el agua. Un pez no puede saber que existe el agua porqué vive integrado en ella. Necesitaría poder salir de ella para ver que existe. Y todos sabemos que los peces no pueden vivir fuera del agua. Del mismo modo, para que un humano se puediera acercar a Dios necesitaría poder abstraerse de su entorno, pues desde dentro, no es capaz de percibirlo porqué forma parte integrada de su ser.
    Otra cuestión que me lleva a esta paradoja nace de un suceso que me aconteció hace algunos veranos: como cada noche, había un mosquito rondando mi habitación con su irritante zumbido, amenzando de llenar mi cuerpo de molestos sarpullidos. Llegado un punto, me harté del bicho y me dispuse a liquidarlo de un zapatazo. Pero, de repente, por un momento, me puse en el lugar del mosquito y pensé que si yo fuera mosquito no entendería porqué debo morir si lo único que hago es estar allí buscando alimento. Entonces me di cuenta de que yo no sé por qué estoy vivo. Me di cuenta de que yo no sé qué pasa en el momento en el que dejo de ser un cúmulo de células para convertirme en un ser con conciencia de sí mismo. Es más, me di cuenta de que yo no sé por qué criterio se establece que yo sea humano y no mosquito. Me di cuenta de que yo no decido si el mosquito vive, así que yo no decido si el mosquito muere. Desde entonces no he vuelto a matar a ningún mosquito.
    El ser humano tiende a pensar que es el último peldaño de todas las cadenas; y no hay nada que pruebe eso. Pudiera ser que hubiera más pisos por encima nuestro. Y ningún ser gigante viene a matarnos con su zapatilla.

    Así pues, dejemos en paz a Dios, porqué si bien permite que haya guerras, injusticias y hambre en un diminuto paraje dentro de una inabastable inmensidad, lo cierto es que el Universo funciona maravillosamente a pesar de ello. Si Dios permite que haya guerras entre seres humanos, sus muy buenas razones debe tener para ello, y un humano jamás puede esperar comprenderlas. Dejemos estar a Dios. Dejemos de quejarnos y empecemos a cambiar las cosas. Ha llegado el momento de aceptar que nuestros problemas nos los hemos creado nosotros mismos y dejemos de culpar de ellos a Dios. Una vez hayamos aceptado esto, solucionemos estos problemas y démonos cuenta de que, aunque el mal está a nuestro alcance, sabemos escoger hacer el bien. Puede que entonces descubramos que Dios existe y dispongamos de una prueba muy fehaciente de ello.

    Jaime.
    Última edición hecha por Jwym, Lord of Cinder, 26/08/2006 a las 20:53.
    I allò que val és la consciència de no ser res si no s'és poble. De no ser res si no s'és lliure.
    Vicent Andrés Estellés.


  2. #2
    Avatar de Echoica Superusuari@
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    Siempre he pensado que los buenos matemáticos son los mejores filósofos..

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, no sabría qué más añadir.
    Que te jodan.

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