Kafka, la condena de un mito.
Magalí Urcalay



¿Qué es lo que sabemos de Franz Kafka, al margen de algunos fríos datos biográficos? ¿Cómo era, en realidad, la personalidad de quien imaginó la historia de un hombre que, una mañana cualquiera, despertó convertido en un insecto? ¿Qué hay del verdadero Kafka en Gregor Samsa, en Josef K., en Karl, en K.? La imagen clásica es la un hombre introvertido, concentrado, de aspecto sencillo y alma torturada. Sus escritos nos internan en fantasías agónicas, desencajadas, en las que el insconsciente y el absurdo van de la mano a través de ambientes laberínticos. Hemos creado el adjetivo “kafkiano” para describir situaciones incomprensibles, fuera de toda lógica, pero seguimos sin saber lo que atesoraba la mente de Kafka.

Fue poco lo que publicó en vida y, antes de que se lo llevara la tuberculosis, formuló el deseo de que se destruyeran sus páginas escritas. Max Brod, amigo y albacea, no cumplió esa voluntad. Esa “traición”, tan clara pero tan contradictoria, fue la que nos permitió leer a Kafka. Así conocimos ‘El proceso’, ‘El castillo’, ‘América’, la ‘Carta al padre’. No envidio el papel de Brod. La traición a un amigo terminó siendo un regalo literario inmenso para la humanidad. No puedo olvidar mi lectura de ‘El proceso’, y tampoco sabría elegir entre la traición o el regalo…

En estos días la editorial Acantilado publica Cuando Kafka vino hacia mí..., una recopilación de textos diversos que pretenden acercarnos un poco más al enigmático autor checo. Se trata de páginas escritas tanto por quienes lo conocieron en profundidad, como por aquellos que lo trataron superficialmente, como compañeros de escuela o vecinos de edificio.

El editor, Hans-Gerd Koch, señala cómo las descripciones basadas en el trato directo (por leve que éste haya sido) nos presentan un retrato mucho más fiel y rico que los meros datos biográficos. Los recuerdos, el paso del tiempo, el peso del mito creado tras su muerte van armando el puzle de quien pudo ser Franz Kafka.
Contradiciéndose, completándose o corrigiéndose entre sí, todos ellos, sin embargo, pueden en última instancia contribuir a completar un retrato cada vez más cercano a la realidad, de acuerdo con las palabras de Kafka, según las cuales sólo en el coro hay cierta verdad.
La selección ha sido minuciosa y se ha esforzado en seguir un horizonte lo más verídico posible. De ahí que se hayan suprimido aquellos textos en donde la semblanza de Kafka quedaba demasiado diluída entre la información sobre el propio autor, o aquellos otros abiertamente ficticios o de verosimilitud confusa. Salvo por las aportaciones de Gustav Janouch y Max Brod, vitales al hablar de Kafka, se han dejado de lado los relatos biográficos ya recogidos en otros libros.

El volumen se abre con la necrológica escrita por Felix Weltsch, amigo íntimo del escritor que, en sus palabras, “sólo se alcanzará a conocer en la posteridad”:
En sus obras, Kafka creó una nueva realidad, una atmósfera nueva, propia, más pura, más fría, más austera que la nuestra, que sin embargo no era más que reflejo y expresión de nuestra realidad, sólo que concebida de una manera original, sin precedentes, por un genio de la “contemplación”.
Emil Utitz fue compañero de Kafka en el Instituto Altstädterde de Praga, desde el primer curso hasta el examen final de bachillerato. Utitz lo describe como “el ser humano más tranquilo, silencioso y moderado que he conocido [...], exteriormente no había en él nada llamativo”. No era orgulloso ni arrogante, todos lo respetaban pero nadie llegaba a intimar con él.
Una delgada pared de cristal le rodeaba. Con su sonrisa tranquila, bondadosa, llena de interés, él mismo se abría y a la vez se cerraba al mundo. [...] Lo que quedó en mi recuerdo no son manifestaciones ni sucesos concretos, sino una imagen conmovedora de un ser humano delgado, alto, con aspecto de muchacho, que parecía tan silencioso, fino y casi santo, que era bueno y que reía un poco confuso, que se mostraba dispuesto a reconocer de inmediato los méritos de cualquiera y que, sin embargo, siempre se mantuvo un poco a distancia y extraño.
Probablemente nunca descifremos su compleja personalidad, por numerosos que sean los análisis que se han hecho de su obra, desde el existencialismo al anarquismo. Nos queda el Kafka, el K., de sus obras, aunque leídas muy a su pesar…, y la sospecha escrita por Weltsch:

Exteriormente, Franz Kafka llevó una vida ordenada y segura. Pero interiormente estaba llena de obstáculos y dificultades. No pudo arreglárselas con la vida.

[Fuente: http://www.papelenblanco.com/]
[Más información: Ficha en Acantilado]